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Describir la llamada Máscara de Agamenón es relativamente fácil para alguien que, como yo, se encuentra muy lejos de conocer las minucias del trabajo arqueológico que llevó a su descubrimiento. Según tengo conocimiento, tampoco es que el oficio del arqueólogo estuviera muy desarrollado cuando Heinrich Schliemann la descubriera junto a una gran cantidad de vestigios en el llamado Círculo funerario A, dentro del recinto que correspondía a la acrópolis de Micenas en el año de 1876.  

Materialmente, la máscara está compuesta de una delgada hoja de oro, trabajada a martillo y cincel o repujado, posiblemente sobre un molde tallado de madera sólida a semejanza del alto dignatario. La presencia de altos dignatarios dedicados al oficio bélico es delatado por el portentoso ajuar con el que eran acompañados sus restos: coronas, espadas, copas, cuchillos, etc. Además de ello, también fueron encontrados los revestimientos áureos de cuerpo entero, pertenecientes a dos niños. Si se ve de cerca, es posible observar dos orificios laterales elaborados para atar una cuerda al rostro del portador. La expresión de la máscara goza del plácido sueño de la muerte, su fisonomía es bastante fina como para estar basado en el rostro correoso de un guerrero griego, inclusive porta un detallado bigote y barba rizada.

El rostro de Agamenón se desvanece entre la historia y el mito. Bastará decir que su nombre fue usado en la península micénica como epíteto para venerar al Dios Zeus. EL hombre fue heredero del Rey Atreo y hermano de Menelao, rey de Esparta; asedió por diez años la ciudad de Troya −junto a otros guerreros no menos notables− sólo para encontrar la muerte a su vuelta a manos de Clitemnestra, su esposa, y Egisto, su primo hermano.

Razones para su asesinato no faltaban. Siguiendo el canon del mito griego, antes de partir con las tropas hacia Troya −y dejar el trono vacío por una década hacia una guerra que no tendría visos de terminar nunca− Agamenón había asesinado al anterior esposo de Clitemnestra así como su hijo recién nacido. Además, la había obligado a casarse por la fuerza y autorizado el sacrificio de la hija que procrearon posteriormente –Ifigenia de Áulide− sin mencionar las implicaciones de traer consigo a Casandra una de las hijas del Rey Príamo de Troya –con quien, por cierto ya había engendrado un par de mellizos.

Tanto Sófocles (Electra, 99) como Esquilo (Agamenón, 1372 y ss.) narran el asesinato de Agamenón como un suceso trágico pero bien sabido. Tras su muerte, Clitemnestra decretó que se celebraría un festival con danzas y sacrificios. De sus restos, los doxógrafos coinciden en que fueron sepultados dentro de los muros de la propia ciudadela de Micenas por su hija Ifigenia, junto al cuerpo de Casandra, los mellizos y  los demás compañeros con los que fue asesinado.

Heinrich_SchliemannConvencido de que los relatos recopilados en la Iliada tenían un carácter histórico, el afamado empresario y arqueólogo amateur, Heinrich Schliemann, organizó una serie de expediciones que culminaron en las excavaciones de dos grandes tumbas: las llamadas Círculo A y B. El empresario encontró de su particular interés un depósito de armas localizados en la tumba número V, del que se desprendía la que bautizó como la “máscara de Agamenón”. [1]

Fue así que, basado en la descripción del geógrafo Pausanias, Schilieman creyó haber encontrado sus restos detrás de una reluciente y bien trabajada máscara de oro. Emocionado por el descubrimiento escribió un telegrama al Rey Jorge de Grecia diciendo:

With great joy I announce to Your Majesty that I have discovered the tombs which the tradition proclaimed by Pausanias indicates to be the graves of Agamemnon, Cassandra, Eurymedon and their companions, all slain at a banquet by Clytemnestra and her lover Aegisthos.[2]

Desde que se tuvo registro, Micenas fue una antigua ciudad amurallada, nombrada de ese modo por los extensos valles en donde fueron establecidos los principales asentamientos de la península. La cultura micénica fue –junto a la cicládica y minoica−una de las tres culturas primarias de la edad de cobre y bronce −una era antes de la Grecia legendaria de la que todos tenemos noción. Los arqueólogos coinciden al considerar a la cultura micénica como una cultura beligerante a juzgar por las grandes murallas con las que solían rodear sus ciudades.

Hoy en día sabemos que la máscara perteneció a un periodo al menos 300 años anteriores a los sucesos relatados por Homero. Lo que sí patente, es el enorme hallazgo de objetos de oro que decoraban los restos de diversos cuerpos, particularmente de aquellos que yacían enmascarados por una delgada hoja de oro y que petrificaron para siempre los principales rasgos del sujeto sepultado no sólo como un alto dignatario sino como la pieza más representativa del periodo micénico.

[1] Existieron una gran cantidad de máscaras encontradas en toda la zona, sólo en el círculo A se encontraron otras cinco. Lo cierto es que ninguna de ellas gozaba del portentoso detalle del que sí gozaba la llamada Máscara de Agamenón. Esto ha hecho dudar de su autenticidad a muchos arqueólogos detractores de Chlieman. Los hay, inclusive, quienes consideran que el mismo Schliemann adaptó la máscara a los gustos estéticos del siglo XIX. Consultar: http://archive.archaeology.org/9907/etc/calder.html

[2] Behind the Mask of Agamemnon por Spencer P.M. Harrington en Archaeology,Volume 52 Number 4, July/August 1999 Consulta en línea: http://archive.archaeology.org/9907/etc/mask.html

 

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