Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , ,

Lo que se entiende por “desarrollismo” varía según el contexto en el que ha sido aplicado y no sólo se restringe al aspecto económico. En general, por desarrollismo se entiende la clase de políticas que ven al desarrollo como el proceso mediante el cual es posible enfrentar los problemas del atraso, el estancamiento y la insuficiencia de las economías regionales. Esta clase de desarrollo, en un inicio, goza de un carácter unilineal para todas las culturas y sociedades el mundo. En primera instancia definiré lo que se entiende por “desarrollismo”, acto seguido he de mencionar tres respuestas de índole cultural, tomadas de la sociología, la antropología y la filosofía, que sirvan de apoyo al estudiante de ciencias sociales.

Según, Ernesto López, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, los distintos enfoques del desarrollismo son susceptibles de ser organizados en tres grandes agrupamientos:

  1. El que concibe al desarrollo como crecimiento (Keynes)
  2. El que plantea el desarrollo como un proceso en el que son discernibles fases (Hirschman, Lewis, Nurkse)
  3. El que entiende el desarrollo como un cambio de estructuras. (Su mayor exponente: Raúl Prebisch, también denominado Cepalismo por la clase de política que ejerció Prebisch durante su gestión en la CEPAL, el organismo de la ONU dedicado a promover el desarrollo económico y social de la región, cuya actual secretaria es la bióloga y diplomática mexicana Alicia Bárcena)

El punto de partida del desarrollismo, aborda la categoría el “desarrollo” como un proceso en el que se relacionan economías de índole central, con economías de índole periférica, según un movimiento que perpetúa las diferencias entre unas y otras. Bajo esa misma perspectiva, la brecha entre países desarrollados y subdesarrollados se acentúa conforme avanza el tiempo. De ello se desprende que, no es la ausencia de desarrollo lo que afecta a los países periféricos (o subdesarrollados) sino un modo propio de desarrollarse económicamente.

El contexto en el que se gesta, es heredero del positivismo decimonónico, pero aplicado durante la Guerra Fría en países latinoamericanos, comenzando en el México de 1950 a 1960. Uno de sus principales representantes, el antropólogo Aguirre Beltrán, propuso la tesis de la “aculturación” del indio; un proceso a través del cual se buscó integrar al Otro indígena dentro de un Nosotros nacional y mestizo. El plan político indigenista «consideraba a las culturas indígenas como ámbitos separados de la sociedad “moderna”, enfatizando una visión “dual” y dicotómica al interior de cada país entre los sectores “modernos” y “tradicionales”.» (Ávila, Javier en: Degregori, 2000: 416) En ese sentido, la conformación de un país “moderno” no era posible sin la asimilación de la diferencia.

El principal problema no sólo es de índole económico sino también cultural, pues toma como punto de partida una imagen ideal en vez de tomar en cuenta «la realidad socioeconómica, cultural y ecológica y política de las poblaciones a beneficiar» (Ibíd.: 417). Esta clase de pensamiento repercutió directamente en la clase de políticas aplicadas en Centro y Sudamérica, quienes comenzaron a ver al indio como incapaz de generar sus propias condiciones de desarrollo moderno. Razón por la que se llegó a considerar la importación e incorporación de los valores modernos en los procesos internos de las comunidades indígenas.

Es así que, a partir del I Congreso Indigenista Interamericano, celebrado en Pátzcuaro, Michoacán, se funda el Instituto Indigenista Interamericano, así como los Institutos Indigenistas particulares. Su objetivo era combatir las condiciones de pobreza, vista como una visión estática de la vida tradicional.

Toda política del desarrollo es una política cultural en la medida que caracteriza al Otro ―indígena o no, consideremos que hasta hoy en día todavía existe cierto sector de la población que considera idéntico el apelativo de indígena al de campesino[i]― como un sujeto dependiente de condiciones (externas e impuestas) para su propio desarrollo (interno). Es así que, a partir de 1965 surgen las primeras críticas a las políticas desarrollistas, pero no desde la economía sino desde la sociología, la antropología y la filosofía.

En la sociología, Pablo González Casanova, publica La democracia en México (1965) en donde cuestionó el desproporcionado centralismo que ejercía el ejecutivo sobre los poderes legislativo y judicial, aunado al avance de intereses fácticos, en su mayoría de carácter religioso. Por otro lado, Rodolfo Stavenhagen, publica en el Periódico El Día (1965), Las siete tesis equivocadas sobre América Latina que son:

  1. Los países latinoamericanos son sociedades duales
  2. El progreso en América Latina se realizaría mediante la difusión de los productos del industrialismo a las zonas atrasadas, arcaicas y tradicionales
  3. La existencia de zonas rurales atrasadas, tradicionales y arcaicas es un obstáculo para la formación del mercado interno y para el desarrollo del capitalismo nacional y progresista
  4. La burguesía nacional tiene interés en romper el poder y el dominio de la oligarquía terrateniente
  5. El desarrollo en América Latina es creación y obra de una clase media nacionalista, progresista, emprendedora y dinámica, y el objetivo de la política social y económica de nuestros gobiernos debe ser estimular la “movilidad social” y el desarrollo de esta clase.
  6. La integración nacional en América Latina es producto del mestizaje
  7. El progreso en América latina sólo se realizará mediante una alianza entre los obreros y los campesinos, alianza que impone la identidad de intereses de estas dos clases.

En la antropología, Guillermo Bonfil Batalla, publica su libro: De eso que llaman Antropología Mexicana (1970) en donde se encuentra su artículo: “Del indigenismo de la revolución a la antropología crítica”. En él, cuestiona el modelo nacional mexicano y su propuesta etnocéntrica de integración indígena, al negándoles el derecho de mantener sus propias culturas. Bonfil considera que el indigenismo se ha usado como una herramienta que perpetúa el poder hegemónico del Estado mexicano sobre las culturas autóctonas, al imponer su propio sistema de clases, así como sus propias condiciones de desarrollo cultural.

La base fue y siempre ha sido los modelos coloniales de dominación y control “vicarial”. Es por ello que será necesario considerar la liberación de los pueblos indígenas como «una condición previa para la estructuración de un estado pluricultural» (Bonfil, 1986: 57). Quince años después, México modificaría la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos (Artículo 4), al establecer:

«La nación mexicana tiene una composición pluricultural, sustentada originalmente es sus pueblos indígenas. La ley protegerá y promoverá el desarrollo de sus lenguas, culturas, usos, costumbres, recursos y formas específicas de organización social, y garantizará a sus integrantes el efectivo acceso a la jurisdicción del Estado. En los juicios y procedimientos agrarios en que aquellos sean parte, se tomarán en cuenta sus prácticas y costumbres jurídicas en los términos que establezca la ley»[ii]

Por último, en la filosofía, Charles Taylor publica por primera vez su ensayo sobre La política del reconocimiento (1993) en donde establece los lineamientos comunitaristas para el ejercicio de una política inclusiva de corte multicultural en los Estados americanos; en contra del desarrollismo asimilacionista.  En ese sentido «Aceptar la diversidad cultural y el conflicto como aspectos constitutivos de la vida social tiene dos implicaciones centrales, la primera de ellas es la PERMANENCIA DEL CONFLICTO, la segunda es que cualquier modo de organizarlo no busca su solución, sino su equilibrio» (Ramírez, 1994). La idea la desarrolla todavía más Lechner (2013):

«Frente a las tentaciones absolutistas de aquellos enfoques que interpretan el consenso en términos de identidad, habría que privilegiar la diferenciación (y, en el caso latinoamericano, la heterogeneidad). Un enfoque que parta de la pluralidad y de un conflicto social no mediado dialécticamente (amo-siervo) me parece particularmente adecuado para tematizar una de las cuestiones centrales de nuestros países: la construcción de un orden democrático. Este aspecto ‘constructivista’ puede ser explicitado mejor al considerar la actividad política como desarrollo (exitoso o fracasado) de relaciones de reciprocidad. Esta perspectiva permite asentar el pacto democrático en su raíz afectiva y motivacional: la necesidad de ser reconocido» (Lechner, 2013: 162)

Restaría pensar junto a Alcida Ramos la manera en la que «El indigenismo fue entonces el “constructo cultural” que elaboró la antropología latinoamericana para hablar sobre “otredad y mismidad en el contexto de la etnicidad y la nacionalidad” (Ramos, 1998).» Un constructo que a final de cuentas nos brinda las herramientas a través de las cuales podemos recurrir para hablar sobre la alteridad en términos generales.

Bibliografía

Ávila, J.: Los dilemas del desarrollo: Antropología y promoción en el Perú, en Degregori, C. (2000): No hay país más diverso. Compendio de antropología peruana. Pontificia Universidad Católica del Perú. Universidad del Pacífico. IEP. Perú.
Bonfil, G. (1986): De eso que llaman la antropología mexicana. Ed. Nuestro Tiempo. México.
González Casanova, P. (1965): La democracia en México. Era, México.
Lechner, N. (2013): ¿Qué significa haber política?, en Obras II, FCE/FLACSO, México.
Ramírez, P. X. (1994): Hacia una ética de la diversidad, en Alteridades, vol. 4, núm. 8, 1994, pp. 67-74 Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa Distrito Federal, México
 Ramos, A.  (1998): Indigenism: ethnic politics in Brazil, Madison, The University of Wisconsin Press
Taylor, C. (1993): El multiculturalismo y la “Política del reconocimiento”. FCE, México.

Audio de la clase:

http://mx.ivoox.com/es/s_p2_309919_1.html

 

[i] No es sino hasta las primeras etnografías de Óscar Lewis cuando se comienzan a realizar los primeros estudios antropológicos urbanos en México

[ii] Las cursivas son mías. La modificación del artículo sucede el año de 1992 y se encuentra disponible en:

http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/ref/dof/CPEUM_ref_122_28ene92_ima.pdf (última consulta: 29/08/15)

Anuncios