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Si se me permite quisiera iniciar con una cita que me ayudará a comenzar mi planteamiento  y contestar la pregunta a lo largo de este ensayo  ¿Por qué podemos considerar mi trabajo de investigación en torno a la sexualidad, dentro de la tradición hermenéutica a partir de la disciplina antropológica?

Se trata de ver cómo, en las sociedades occidentales modernas, se había ido conformando una “experiencia” por la que los individuos iban reconociéndose como sujetos de una “sexualidad” abierta a dominios de conocimiento muy diversos y articulada con un sistema de reglas y de restricciones (Foucault: 2011; 10).

Es decir, en la historia del ser humano se encuentra un “antes” y un “después” de la sexualidad. Antes de la época moderna a la cual Foucault sitúa a partir del siglo XVIII, la sexualidad era una cuestión de prácticas que no definían al ser humano, si bien en las prácticas había sanciones y prohibiciones estas se definían a partir de “hacer” esta cosa o la otra.

En la modernidad con el nacimiento de las sociedades burguesas y consigo el régimen capitalista la sexualidad modificó su discurso, este discurso que es la ciencia, adquiere un estatus importante que desplaza otras formas de conocimiento (iglesia por ejemplo) y se transforma en un “discurso de verdad” que se legitima cuando se aplica desde un lugar determinado y con un contexto establecido (desde la academia, institutos de investigación, hospitales, etc.)

Es en este momento cuando la medicina comienza a definir al sujeto, define su cuerpo, define su género, define su práctica sexual, y lo coloca en un sitio particular en función de su sexualidad.

Este sería entonces el primer giro epistemológico en cuanto al discurso de la sexualidad, es la ciencia la que define al “otro”  a partir de un método científico, comienza a definir lo que es y tiene que ser el sujeto, el sujeto normal, el sujeto sano, que se tendrá que normar a partir de modelos que organizan y confinan la sexualidad a espacios y tiempos determinados.

A partir de esto la sexualidad impacta en la forma en que el sujeto se concibe, es decir el sujeto a través de sus prácticas y preferencias sexuales se define a sí mismo, se cataloga, se forma una identidad, se comienza a pensar a partir de sus prácticas sexuales, en este sentido el sujeto se constituye como un sujeto sexual, se pone nombre (heterosexual, homosexual, lesbiana, transexual, bisexual, etc.) y actúa a partir de ello.

Aquí encontramos un segundo giro epistemológico, pues a partir de esto el sujeto “es” en todo el sentido de la palabra y las prohibiciones o restricciones son a partir de que “es” y no que hace, el sujeto entonces comienza a generar un conocimiento personal y colectivo sobre lo que lo constituye como sujeto sexual, un discurso propio que parte en un primer momento, si de un discurso de la ciencia pero también de su experiencia, su biografía y su forma de pensarse y [re]pensarse.

Así pues tenemos dos discursos, un discurso de verdad, que es legítimo y legitimado y un discurso del sujeto que parte de su experiencia y su formación. Es aquí en donde la antropología entra en acción.

La disciplina antropológica es concebida como discurso sobra otras culturas y el antropólogo va lo más lejos posible (Vattimo; 1987; 131) a partir del discurso de verdad (medicina) y del discurso del sujeto, el trabajo de la antropología será conocer cómo es la relación entre estos dos discursos, pero en especial como el sujeto se relaciona con el discurso de verdad, como se implica con este y como a partir de este, se forma y se plantea su posición en la sociedad.

En este sentido el trabajo del antropólogo es doble pues en un primer momento necesita saber que dice la ciencia (medicina, psiquiatría, psicología, sexología, etc.) sobre el sujeto, después acercarse a este para conocer cómo vive a partir del discurso de verdad que intentará siempre normarlo y moldearlo.

Al antropólogo le compete lidiar con los dos discursos entendiendo que, como menciona Foucault, tenemos que concebir el discurso como una serie de segmentos discontinuos cuya función táctica no es uniforme ni estable (2009; 95).

Para conocer este discurso el antropólogo necesita un acercamiento con el sujeto, necesita una observación y una experimentación, pues para lograr una hermenéutica y aquí entendemos por hermenéutica la interpretación de la práctica social, es pues necesaria una implicación que se logra al generar empatía con el sujeto, la hermenéutica se genera entonces con la relación social que el antropólogo logra y su reflexión con esta.

Al entablar una relación con el sujeto entendemos lo que anteriormente mencionaba Foucault, el discurso se da en el lenguaje y en el dialogo con el sujeto, pero también a partir de la observación de las prácticas sociales, por lo tanto el discurso no es siempre algo tangible, pues también se presenta con la relación del sujeto con su entorno físico (acciones técnicas), con otras relaciones sociales y en las intencionalidades (acciones expresivas) de estos, es decir, los sentidos que los sujetos le dan a una práctica determinada, así a partir de estos aspectos el discurso es algo que siempre está en construcción.

Al generar este dialogo vamos primero a acercarnos a una primera hermenéutica que está dada por la interpretación que los sujetos nos dan de sus prácticas sociales, es decir en el discurso de la sexualidad el sujeto nos dará una primera interpretación de este discurso de verdad, como el sujeto se relaciona aceptando o rechazando, obedeciendo o cuestionando este discurso.

Ante este primer acercamiento lo que el antropólogo tendrá serán más dudas respecto al discurso del sujeto y concuerdo con Vattimo cuando menciona que, somos necesariamente hermenéuticos cuando no comprendemos lo que ocurre y somos bastante honestos para admitirlo (1987: 133). Esto lo digo porque la cuestión sexual está confinada desde la modernidad al ámbito de lo privado, es aquello que se calla y del cual solo podemos hablar cuando está permitido, en lugares determinados. Por lo tanto comprender lo motivacional de la acción social será un reto en el cual tendremos que ser pacientes e inteligentes para poder leer al otro.

Sin embargo el antropólogo se encarniza en la tarea, en lo que se refiere a la cuestión sexual, nos convencemos de que nunca se dice bastante, que lo esencial se nos escapa siempre y hay que volver a partir en su búsqueda (Foucault: 2009; 34).

El trabajo del antropólogo cuando se refiere a la cuestión sexual siempre será doblemente complicado pues aunque se logre una buena implicación habrá una parte que estará escondida y siempre habrá la sensación de que no lo sabemos todo, pero a pesar de eso, la sexualidad debe ser un estudio fundamental en el campo de la antropología no solo porque contamos con el método y la teoría, sino porque es una cuestión que desde el siglo XVIII según Foucault norma y organiza al sujeto de una manera contundente  desde su nacimiento al imponerle un género. El individuo se encontrará siempre entre posiciones morales y legales que condicionen su forma de vivir y de actuar a partir de su condición sexual y de género.

Pero no sólo eso, esta interpretación antropológica de la sexualidad del sujeto que es una segunda hermenéutica nos posiciona frente al “otro” y gracias a esta posición y su conocimiento podemos también conocernos y cuestionarnos a nosotros como antropólogos primero, pero también como sujetos que al igual que el “otro” tenemos una sexualidad y un género que nos norma y nos moldea a partir también de nuestra sexualidad.

Hablo siempre del sujeto porque es con él con el que nos implicamos, pero al comprender su sexualidad estamos también comprendiendo como es que el discurso de verdad moldea en colectivo y que nadie escapa al poder de la sexualidad, también el sujeto con el que nos implicamos es claramente un sujeto social, consecuentemente analizamos constructos sociales.

Por lo tanto nuestra responsabilidad es generar un tercer discurso hermenéutico es decir de interpretación que dé cuenta de una realidad determinada en tiempo y espacio, una realidad de cómo se vive la sexualidad en un contexto determinado. No hay que imaginar un discurso dividido, entre el discurso aceptado y el discurso excluido, sino una multiplicidad de elementos discursivos que pueden actuar en estrategias diferentes (Foucault: 2009; 95).

Siguiendo al autor, este discurso hermenéutico tiene que generarse a partir de estos dos discursos, el discurso de verdad y el discurso del sujeto y no poner uno sobre el otro, sino mediar entre los dos y sopesar para poder generar una verdadera interpretación que nos lleve a la comprensión de un fenómeno en este caso sexual, generar un discurso necesariamente hermenéutico antropológico que dé cuenta de la realidad del sujeto en colectividad y en el mundo.

 

Bibliografía.

FOUCAULT, Michel

2009     Historia de la sexualidad 1. La voluntad de saber. Siglo XXI,

México.

2011     Historia de la sexualidad 2. El uso de los placeres. Siglo XXI

México.

VATTIMO, Gianni

1987     El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura

Posmoderna. Gedisa. Barcelona, España.

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