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De todas las cuestiones antropológicas que se me han hecho hasta ahora “¿Qué es un zapato?” se ha vuelto la más esclarecedora. Esclarecedora porque es un ejemplo bastante bueno de cómo se debe de formular una auténtica pregunta de investigación. ¿Qué cómo es eso? Debo explicarme.

Cuestionar una cuestión está lejos de ser un pleonasmo o una tautología, es un modo de poder comenzar a investigar. Con este enunciado no quiero oscurecerlo todo antes de haber comenzado lo que quiero investigar, todo lo contrario. Cuestionar una cuestión, se asemeja al inicio del intelectualismo socrático “Yo sólo sé que no sé nada”, el “Cogito…” cartesiano o el problema fundamental de la filosofía, según Heidegger: “la pregunta por el ser” ―aunque debo admitir que no iré más lejos al ofrecer analogías entre estas tres propuestas.

Lo importante es limitar, puesto que, al preguntar por el zapato en una cátedra sobre antropología, se pregunta tanto por su carácter ontológico como por la infinidad de posibilidades que adquiere al relacionarlo con su entorno sociocultural.[i] La pregunta “¿Qué es un zapato”, en ese sentido, la pregunta por el ser del zapato, hace posible tomar dos caminos: uno sensato y a nuestro alcance, que es definir nuestra concepción sobre el zapato ―tomando en cuenta sus múltiples y nada despreciables posibilidades de categorizar al zapato― y otro ambicioso y desproporcionado para las dimensiones que deseamos.[ii] Tomaré el primero, ya que el segundo escapa de mis posibilidades.

Una pregunta se define como un «Enunciado interrogativo que se emite con la intención de conocer algo u obtener alguna información». El problema fundamental de no sólo ofrecer una pregunta, sino una “auténtica pregunta” ―en otras palabras, que sea realmente lo que parece o dice ser― es enfrentarse al escepticismo epistémico.

No hay manera en la que pueda ofrecer una respuesta sencilla, que desglose los principales postulados del escepticismo y los refute uno a uno. Simplemente diré que como Ricoeur, en casos de que una aporía obstaculice el avance de la investigación siempre será necesario recurrir a la opción más práctica.[iii] Es evidente que la ciencia sería impensable bajo esta clase de postulados, impensable en efecto, mas no impracticable. En lo referente a nuestro objeto de estudio, debemos continuar.

La pregunta por “¿Qué es un zapato?” sería inauténtica si sólo buscara pormenorizar en lo que un zapato es, sin tomar en cuenta sus “para qué, por qué, cómo, etc.”. En ese sentido, diría que es auténtica, ya que no sólo cuestiona su carácter ontológico sino también las relaciones temporales que este carácter puede cobrar. Para ello, consideremos lo que nos dice el diccionario: «Calzado que cubre total o parcialmente el pie sin sobrepasar el tobillo, con una suela de un material casi siempre más duro que el resto.»

De manera arbitraria he elegido esta definición ya que representa un consenso de lo que un zapato propiamente es. No obstante, hay que considerar que un diccionario también es sujeto de la arbitrariedad lingüística, eso sí, bien documentada y sustentada en los usos de la lengua dentro de su amplio espectro cultural; pues tanto existen usos restringidos como usos más especializados. Por ello no es lo mismo consultar el diccionario de la lengua a consultar un diccionario especializado en una materia en específico. Para asegurarse de esto, hace falta ver la entrada de “¿Hay diferencia entre un Congreso, un Coloquio, un Seminario y un Simposio?”.

En esta entrada, busco la palabra “milpa”. Personalmente dudo que los editores del “Diccionario del Español usual en México”, hayan plantado una milpa en su vida; lo que en consecuencia brinda una definición poco satisfactoria de la misma[iv]. De allí se deriva el desconocimiento de lo que una “milpa” significa. En cambio, el diccionario de náhuatl, editado por Carlos Montemayor da en el clavo al definirlo como «Cualquier tipo de cultivo tradicional que se intercala en el sembradío de maíz.».

Lo mismo sucede cuando queremos definir no sólo la palabra sino el concepto de “zapato”. Conceptualizar al zapato implica conocerlo, no al grado de poder fabricar uno, aunque ello no perjudicaría. Porque si se está tan seguro de lo que un zapato es, entonces ¿Por qué preguntarlo? Un zapatero lo podría decir bien, para él nunca ha sido un problema. Para quien sí es un problema es para nosotros pues, que yo sepa, nadie era zapatero en el aula.

El problema es que la definición del zapatero también es arbitraria y se encuentra cerrada dentro del horizonte de sentido que el oficio de zapatero le da al objeto sobre el que trabaja. Una definición así nos serviría si estuviéramos escribiendo un manual sobre cómo fabricar un zapato. Pero me temo que el “Cómo” sólo es uno de los tantos horizontes de sentido que queremos esclarecer. El postulado principal de preguntar por el zapato no busca encerrar al zapato dentro de un horizonte específico, sino relacionarlo a otra clase de universos. Inclusive, es muy probable que, si se profundizara en el horizonte del “Cómo”, existiría también una multiplicidad de “Cómos” a través de los cuales se elaboraría un zapato de forma efectiva.

Lo importante para la antropología no sólo es su carácter material o práctico sino también su carácter funcional. La definición del diccionario, por ejemplo, no ha mencionado que el zapato en cuestión sea utilizado para caminar, o en todo caso, para desplazarse a pie a través de diversas superficies que podrían ser lacerantes para la piel humana. Aquí es donde difiere lo pragmático de lo funcional, pues el hecho de que se utilice el zapato para superficies lacerantes no explica la razón por la cual algunas personas utilicen “zapatos de tacón” y otras utilicen “zapatos tennis”. Ambos tienen diferentes funciones dentro del ámbito humano y se desprenden del contexto en el que son utilizados.[v] Por ejemplo, las zapatillas de mujer no necesitan de cubrir todo el pie, lo que no los hace dejar de ser zapatos para ser sandalias; tienen su funcionalidad específica.

A pesar de todo, el hecho de que un tacón se pueda explicar funcionalmente desde su contexto, no explica por qué habrá personas que se sientan especialmente atraídos por los zapatos de plataforma. Podría ser, en ese sentido para “compensar” la estatura de aquella persona o para “compensar” otra cosa, diría el psicoanálisis…  Lo mismo diría para un calzado extravagante o sumamente costoso ―lo que hablaría del nivel socioeconómico del zapato―, o la acumulación desmedida de calzado al borde del retifismo[vi]. Hay un documental titulado “God sabe my shoes” que habla sobre la clase obsesión que tienen algunas personas sobre el calzado.

Es allí donde comienza a escapar el carácter funcional para alcanzar el carácter simbólico del zapato. Después de todo ¿Quién dice que un zapato no puede medir veinte metros de altura o estar compuesto exclusivamente de platino, o tener cerdas en las suelas como un cepillo o ser una resbaladilla o flotar en el aire? ¡Las posibilidades son infinitas!

 

 

[i] El hecho de relacionarlo a la antropología es lo que se aleja de la propuesta heideggeriana, pues que su propuesta sea interpretada como una clase de antropología es algo que el propio Heidegger descarta en su Curso de Friburgo, impartido en el semestre del verano de 1923. Consultar: Heidegger, M. (1999): Ontología. Hermenéutica de la facticidad. Alianza, Madrid.

[ii] Debemos recordar que estamos inmersos en una cátedra de filosofía. Resultaría ambicioso relacionar la ontología del zapato según Aristóteles o Martin Heidegger en un pequeño ensayo, además estoy seguro que la discusión se desvirtuaría hacia una menos provechosa de “Yo entiendo mejor a Heidegger que tú”. Algo que, en consecuencia, perdería al zapato de vista. Hay que cuidarnos de esta clase de pedantería al momento de ofrecer una pregunta de investigación.

[iii] El recurso práctico tiene sus bemoles. No siempre se puede recurrir a él, especialmente cuando tomar una decisión implica tomar en cuenta al Otro como sujeto de estudio y no como objeto. Es el caso de la antropología.

[iv] Lo que sorprende es que no hayan consultado algún estudio especializado sobre lo que una milpa es. Existen muchos estudios y el “maíz” no es la única planta que define a la milpa como tal, sino la relación simbiótica de todo un ecosistema equilibrado eso sí para plantar maíz. Pero el problema es el mismo que acontece cuando pregunto por lo que es un zapato, existe una definición lingüística ―arbitraria por sí misma―, una definición ontológica ―qué busca acercarse a las relaciones “formales” de lo que es un ente― y, por último, una definición antropológica ―que, ante todo, oscila entre la arbitrariedad de los usos lingüísticos, tanto especializados como no-especializados, al mismo tiempo que los usos formales u ontológicos.

[v] Ya dirán algunos que no es lo mismo que un zapato use correas, velcro, agujetas o simplemente carezca de ello. También habrá quien diferencia al zapato mismo del mocasín.

[vi] Manía, locura o fetiche por los zapatos.

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