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«El tabaco es oscuro, de negro a mulato; el azúcar es clara, de mulata a blanca.»

(Ortiz, 1983)

Dicen que, si vas de visita al centro de Roma y levantas un trozo de acera, en donde quiera que te encuentres, seguro habrá vestigios arqueológicos de la antigua civilización romana. Ya sea porque fueron dejados allí por descuido o porque la misma ciudad es un vestigio en sí misma, siempre encontrarás algo. De manera análoga, si tomásemos un libro de antropología, publicado durante la primera mitad del siglo XX en Latinoamérica, sin duda alguna encontraremos similares vestigios del proceso de construcción de las nacionalidades, mismos que fueron dejados allí como testimonios de una época dorada; cuando, a los Estados latinoamericanos les concernía construir una idea de progreso basada en el temperamento específico de su población.

Cada que una nación se independizaba, era prioridad del gobierno el fundamentar su singularidad nacional frente a las otras naciones, al estudiarse a sí mismo mediante el uso de diversas técnicas que ― conforme se fueron perfeccionando― conformaron el cuerpo disciplinario de las pioneras Ciencias Antropológicas. Era importante no sólo pactar una legitimidad jurídica sino también histórica y científica de esa singularidad; para ello se echó mano de las recién descubiertas disciplinas antropológicas, especialmente de la arqueología.[i]

Las disciplinas antropológicas no contaban con demarcación alguna que distinguiera propiamente a la etnología de la antropología social, la lingüística, la historia, la arqueología o el folclor. Esa es la principal razón por la que los pioneros de la antropología contaran con un perfil tan versátil que lo mismo realizaban una etnografía de una comunidad indígena que una excavación en algunas ruinas. Dispuestos a llegar lo más lejos posible, en los procesos de conformación indentitaria nacional, autores como Manuel Gamio (México), Jean Price Mars (Haití), Gilberto Freire (Brasil) y Fernando Ortiz (Cuba) configuraron, desde sus respectivas trincheras, aquello que les distinguía particularmente de las otras naciones, con indepencdencia de su mutuo pasado colonial y sus costumbres precolombinas.

Las primeras naciones en institucionalizar a la antropología fueron México, Perú y Cuba. Es así que, mientras Manuel Gamio publicaba su obra más conocida, Forjando Patria (Pronacionalismo) (1916) ―en donde debate las principales tesis sociales del evolucionismo positivista del porfiriato y propone un modelo de asimilación cultural al proyecto de nación mexicana― unos años después, Fernando Ortiz publicaría el Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar (1940). Por cuestiones históricas Cuba interrumpe el proceso de institucionalización de la antropología, razón por la que Fernando Ortiz permaneció como principal pionero de la antropología cubana.

«Fernando Ortiz (La Habana, 1881-1069). Etnólogo, jurista, historiador, entre otros. Estudioso de las raíces histórico-culturales afrocubanas. Fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País. Figuró entre los iniciadores de la Universidad Popular en 1914. Fundó en 1936 la Institución Hispanoamericana de cultura. En 1937 creó y fue presidente de la Sociedad de Estudios Afrocubanos. Investigó la presencia africana en la cultura cubana y su concepto de transculturación fue un valioso aporte a la antropología. Entre sus numerosos títulos figuran: Los negros brujos, Los cabildos afrocubanos, Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, El engaño de las razas, La sinrazón de los racismos.» (Fuente: HabanaPorDentro) Una de las obras más relevantes del versátil intelectual cubano fue Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar, en donde busca analizar el proceso continuo de intercambio cultural a través del concepto de «Transculturación».

La propuesta se vuelve innovadora y varía en gran medida de la propuesta de Gamio o Aguirre Beltrán, al considerar el cambio como un proceso continuo, en el que el concepto de cultura y sus derivados ―aculturación, endoculturación, interculturación, transculturación― no nos remiten a considerarlo como un proceso ya acabado.Lo que Ortiz busca nombrar por «transculturación» es un proceso que está en constante movimiento. Más o menos, representado de manera metafórica, al modo del «Ajiaco criollo»:

«¿Qué es el ajiaco? Es el guiso más típico y más complejo hecho de varias especies de legumbres, que aquí decimos “viandas”, y de trozos de carnes diversas, todo lo cual se cocina con agua en hervor hasta producirse un caldo muy grueso y suculento y se sazona con el cubanísimo ají que le da el nombre.» (Ortiz, 1949)garbanzos

Contrario a los conceptos de cultura, como los de Manuel Gamio[ii] ―cuyo objetivo era el de la integración nacional mediante la asimilación de las distintas etnias autóctonas y no autóctonas― el concepto de cultura cubana de Fernando Ortíz es dinámico, en sus propias palabras:

«[…] es inevitable entender el tema de esta disertación [la cultura cubana] como un concepto vital de fluencia constante; no como una realidad sintética ya formada y conocida, sino como la experiencia de los muchos elementos humanos que a esta tierra llamada Cuba han venido y siguen viniendo en carne o en vida para fundirse en su pueblo y codeterminar su cultura.» (Ibíd)

Este proceso de constante hibridación cultural es denominado por el autor como “Transculturación”.

Fuente:

Ortíz, Fernando (1949): Los factores cubanos de la cubanidad. 28 de noviembre, en Revista Bimestre Cubana, La Habana, no. 3, marzo-abril de 1949, vol. XIV, pp. 161-186. En Medardo Vitier, Del ensayo americano, México, Fondo de Cultura Económica, 1945.

Ortiz, Fernando (1983): Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
Audio de la clase:
https://mx.ivoox.com/es/player_ej_12778732_4_1.html?c1=ff6600

[i] Recordemos que la antropología no comienza propiamente como una disciplina bien definida por su metodología y campo de estudio sino hasta el siglo XIX con autores como Lewis Morgan, Bronislaw Malinowski y Franz Boas

[ii] Hay que recordar que, simultáneamente Gamio redacta su “Forjando patria” México se encuentra atravesando un proceso de reestructuración política, mediante la redacción de una nueva constitución en 1917. En el caso mexicano se da un rápido proceso de institucionalización de la antropología. La política de Estado referente a la pluralidad cultural fue el indigenismo, una política que pretende promover un modelo de nación homogénea en el que considera a los pueblos indígenas como un obstáculo para el progreso.

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