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En recientes fechas se ha publicado una investigación a cargo del equipo de Carmen Aristegui, al respecto del plagio del actual presidente Enrique Peña, en su tesis de licenciatura. En el video que lo explica hay un encabezado que reza: “El actual presidente de México, plagió al menos a diez autores en su tesis para obtener su título de Licenciado en Derecho, por la Universidad Panamericana. Uno de ellos fue el exmandatario Miguel de la Madrid.” Les comparto el video:

Siempre hay que ser cuidadosos respecto a lo que se comparte. En general yo soy de los que promueve la libre circulación de conocimiento en todos sus ámbitos; desde recetas de comida hasta la referencia exacta de una cita en latín. Pero hay que saber cómo hacerlo, desde la licenciatura. Un experimento que he elaborado, y que de concretarse he de publicar sus resultados, inmiscuye la capacidad que tienen mis compañeros de clase con la disposición de atribuir el conocimiento de otras personas.

Para el mexicano promedio, no pareciera ser del todo importante que una tesis sea plagiada. No me lo tomen a mal, no es que apruebe la conducta de Peña al respecto. Simplemente siento que la noticia no tiene las dimensiones que debería tener, ni se le da la importancia que se le daría en otros regímenes democráticos. Esto se debe principalmente a que todo comienza en los actos más pequeños de la educación. En una clase esta conducta de no atribuir el trabajo ajeno se reproduce día a día y quizá sea síntoma del egoísmo en que cada uno de nosotros vivimos y nos educamos. En breve lo explico.

Los que me conocen sabrán que acabo de inscribirme a una maestría en Antropología Social por parte de la ENAH, bajo la línea de Simbolismo y Cosmovisiones indígenas, dirigida por el Dr. Saúl Millán. Casualmente él es quien nos da también la materia de tronco común: Teoría Antropológica. Durante las primeras clases, nos ha solicitado que tomemos notas de lo que se discute en clase para después pasarlas en limpio y entregarlas al final del curso. Esa será una parte de la calificación que entregará a la coordinación y que directamente repercutirá las becas que nos proporciona el CONACYT. Como verán el asunto no es nimio.

No hace mucho publiqué en mi muro de Facebook que compartiría mis notas de Teoría Antropológica en este Blog ―que también es suyo si un día de estos se deciden de una vez por todas y publican. De inmediato surgieron las objeciones, pues ¿Qué es lo que evitaría que otra persona hiciera un copy-paste y ya no hiciera su tarea? En general ese es uno de los principales problemas del internet. Pero la cuestión es que todos estamos en la misma clase, así que es de esperar que nuestras notas se parezcan de una u otra manera. No me sorprendería encontrar párrafos enteros que tengan un gusto similar.

La cuestión es la siguiente. Todos tomamos la misma clase, el saber impartido en esa clase no me pertenece en exclusiva; de hecho, cualquiera que, por un azaroso y desafortunado acontecimiento en su caso no haya tomado la clase, podría adquirir ese saber leyendo la bibliografía del programa o personalmente entrevistando al Dr. Millán en su cubículo. ¿Pero que impediría que un vago revisara mis notas, las copiara y las parafraseara para elaborar su propio informe? Absolutamente nada. Ello no me trae con pendiente.

Reciéntemente el diario El Universal publicó que el CONACULTA gastó cerca de 88 mdp adquiriendo las bibliotecas de José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis. En los acervos se repiten títulos, como es de esperarse. ¿Es de extrañar que esto suceda? Es obvio que con los recursos que podían contar estos autores, sus fuentes se repitieran. Para ofrecer un diálogo de altura, es necesario estar bien familiarizado con los autores que le anteceden, así como de la intertextualidad tramada entre todo ellos. Lo interesante de adquirir sus bibliotecas particulares no es tanto ver las coincidencias, sino  las variaciones que cada uno tenía durante el proceso de conocimiento. Digamos que esto ha de suceder en el momento en que cada uno de nosotros toma sus respectivas notas, no es de extrañar que se repitan, lo relevante es considerar los procesos en los que cada uno de nosotros adquirimos nuestro propio conocimiento.

Pero sigamos con el ejemplo del vago en cuestión. Este vago que no asistió y no le interesa adquirir el conocimiento por su cuenta, ni profundizar demasiado en la calidad de su educación. No obstante, ha sido admitido en el programa de maestría por alguna razón específica. De alguna manera su poco interés repercutirá en la calidad de tesis que termine por redactar, eso no es algo que me importe. Cada director de línea se enrolla con sus propios engendros intelectuales. Lo que sí me importa es que entreguen esa tesis en tiempo y forma, por más mediocre que sea, los organismos gubernamentales nunca se fijan en la calidad sino en el número de tesis producidas, quizá ese es uno de los principales móviles de que el plagio de Peña no tenga la repercusión ni las consecuencias que debería tener un país genuinamente democrático. Ello repercute no en nosotros directamente, sino en las generaciones que están por venir a quienes les tocará (o no) una beca CONACYT con la cual puedan  sostener sus estudios. En ese caso es un asunto más pragmático.

La evaluación, para nuestro vago en cuestión, no es sino un inconveniente que debe pasar para cobrar su beca y utilizarla en quién-sabe-qué fines. ¿Pero qué tal si el vago lo hace por mala intención? No me malinterpreten, bien podría ser una madre soltera que se vio comprometida a asistir a un evento de la primaria de sus hijos, o en todo caso un enfermo crónico que tuvo que asistir a consulta, pero tampoco faltarán los vagos que se fueron a beber un jueves por la tarde. En todo caso, la maestría es para ellos una manera de salir del desempleo y resolver sus propios problemas económicos con el mínimo esfuerzo posible ya que cada uno tiene sus propias prioridades. Muchos preguntarían ¿Pero por qué razón unamadre soltera o un enfermo crónico opta por estudiar una maestría? Eso no nos concierne, lo que sí nos concierne es ¿Por qué tendría que esforzarme yo para ofrecerles una salida fácil? A ello respondo.

En la parte baja de mi blog ustedes pueden leer la siguiente leyenda:

“El contenido generado en este sitio está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 Internacional.”

No obstante, el hecho de que se encuentre bajo licencia libre no significa que cualquiera pueda copiar y pegar su contenido, asumiéndolo como propio. De hecho es una manera de asegurar la libre circulación del conocimiento y al mismo tiempo los derechos de autor. Cuando decidí que todo lo publicado en mi blog fuera de licencia libre, no fue por motivos egoístas en lo absoluto. De hecho fue para beneficial esa libre circulación de la que hablo. No obstante, tengo mis condiciones.

Para empezar, es necesario realizar una cita que atribuya ese texto a mi autoría y en caso de producir algo original, que contenga fragmentos de mi trabajo, compartirlo de la misma manera.

Sería hipócrita evitar el tema del plagio hoy en día, sobre todo cuando existen diversos programas para evitar que suceda; rastreando digitalmente el texto íntegro y arrojando coincidencia entre el texto base y un sinfín de textos que existen en línea.

De verdad, el plagio es un riesgo para muchos de nosotros que nos dedicamos a escribir la tesis de maestría. Hay que tomarse más en serio el oficio, comenzando por lo que uno publica en la red de manera aislada, como son las notas de clase. Ello no significa que no se deba publicar en lo absoluto. Al contrario. Debemos promover las políticas de libertad de conocimiento, protegiendo al mismo tiempo nuestros derechos de autor como investigadores.

Para todos aquellos que no se quieren esforzar en hacer sus propias tesis Umberto Eco ofrece al menos dos alternativas: «(1) invertir una suma razonable para encargar la tesis a otra persona; (2) copiar una tesis ya hecha unos años antes en otra universidad» (Eco, 2001: 20) En ambos casos se trata de actos desesperados. Lo que Eco busca resaltar, con estas sugerencias, es el carácter paradójico del plagio (porque hasta para plagiar se requiere «una inteligente labor de investigación» de parte del plagiador, talento que bien podría emplear en producir algo original). Esto haría de Peña un mal plagiador.

En todo caso, cuando comparto mis notas, parto de buena fe. Lo que busco, más que nada, es ayudar a aquellas personas que lo necesiten y cuyas prioridades difieren de las mías. Que no creo que sean muchas. Hay muy pocas madres solteras en la clase, y enfermos crónicos hay un par. Pero quién podría afirmar que un día de estos sean ellos los que necesiten esas notas y lo requieran para salvar el tiempo que prefirieron pasar con sus hijos o tratando su salud. Como dije, no soy ingenuo, reitero, simplemente parto de buena fe.

Hay que educarnos en temas de libre circulación, pero hay que ser honestos al atribuir el conocimiento, que no nos pertenece, a las personas que lo han elaborado. No hay vergüenza alguna en reconocer sus propias limitaciones. Al final, como decía Bernardo de Chartres, (y no es por hacer apología a Peña, aclaro) “somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no porque la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura.”

En ocasiones anteriores he hablado sobre el tema, les comparto los links:

El plagio. Un asunto que a todos nos concierne.

Los “Rip-off” de Pulp (abierto a sugerencias)

 

 

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