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Ahora que estoy profundizando en el concepto de tolerancia, he tenido que limitar muchas opiniones que he recopilado. Particularmente el espléndido desarrollo argumentativo que maneja San Agustín y Santo Tomás. Pese a todo, me pareció importante incluir algo que explique de manera sucinta una idea de tolerancia en el cristianismo. No hizo falta buscar demasiado, lo he logrado encontrar en una de las parábolas del Nuevo Testamento: La parábola del trigo y la cizaña.¿Saben de dónde viene la expresión “meter cizaña”? Se dice meter cizaña cuando alguien intenta provocar que dos o más personas se enfrenten entre ellas, filtrando inquietudes y malestar, basados en conjeturas infundadas. En pocas palabras, difamar y promover el descontento.

La cizaña es una planta proveniente de la familia de las Gramíneas, crece en las mismas zonas productoras de trigo. « La similitud entre estas dos plantas es tan grande, que en algunas regiones la cizaña suele denominarse “falso trigo”. Dicha planta suele ser parasitada por un hongo tóxico, el cual suele producir una toxina que se acumula en el grano. Es por ello que no es recomendable consumir dicho grano o harinas mixtas en las que se encuentre harina de cizaña, ya que suele ser tóxica.» Fuente Wiki

Ese es el principal problema de confundir una cosa con otra. Similar a confundir los asuntos religiosos con los asuntos civiles, diría Locke.  La parábola del trigo y la cizaña se basa en este problema. Leemos en Mateo 13:24-30:

(24) Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; (25) pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue.

(26) Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña.

(27) Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?

(28) Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? (29) Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.

(30) Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

 

Para no hacer largo este asunto debo ser bastante explícito al respecto. El tiempo, para el cristianismo, es lineal. Existe un “principio” de los tiempos y un “final” de los tiempos, éste último debe ser señalado por la segunda llegada del mesías en el que según las escrituras, Timoteo 4:1, «Cuando Jesucristo venga como Rey, juzgará a todos, tanto a los que estén vivos como a los que estén muertos. Por eso pongo a Dios y a Jesucristo por testigos de lo que te ordeno.»

Las parábolas, similares a las analogías, tienen un fin didáctico. Su finalidad es evangelizar en la palabra de Cristo, razón por la cual se ha de entender que el trigo y la cizaña no son términos literales, sino que se refieren a justos y pecadores, o en términos más laicos, justos e injustos. De cierto modo, el término “sembrar cizaña” se relaciona a la “manzana de la discordia”, que según la mitología griega, la diosa Eris destinó “a la más bella”. Eso supone que sólo existe un modelo único de belleza, una única idea de bien, una única verdad. Bondad, belleza y verdad son tres de los atributos universales del Dios cristiano.

El universalismo, fue el pensamiento teológico que defendía que todo lo que existe es universal. El problema de los universales se refiere al modo en que pensamos y percibimos, y cuáles son las realidades a ser conocidas. No profundizaré demasiado al respecto, bastaría con mencionar que su importancia se remite a su oposición al nominalismo de Guillermo de Occham, quien preferentemente tomó partida por lo particular, negando la existencia de esas características universales. Ahora les podría sonar irrisorio, pero en la Reforma protestante había gente que se mataba por eso.

Volviendo a la parábola, es de suma importancia constatar, que la presencia de la cizaña es percibida una vez que es demasiado tarde (26), por lo que arrancar la cizaña –entiéndase “los injustos”- pondría en riesgo al trigo –los justos. Lo más conveniente es dejar que ambos crezcan, y en ese sentido tolerar el error, hasta que se avecine el fin de los tiempos, lo que se interpreta como “la siega”. En ese sentido la tolerancia es una asunto temporal, en sentido cristiano, hasta que la verdad sea de nuevo impuesta. La cuestión es ¿impuesta por quién? ¿Y a qué costo?

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