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El pasado 11 de junio, Omar Mir Sediq Mateen, norteamericano de padres afganos, ingresó al club nocturno Pulse en Orlando, Florida, con un fusil de asalto donde, tras tomar rehenes, decidió abrir fuego dejando un saldo de 49 muertos y más de 50 heridos. Los hechos cobraron relevancia mundial tanto por la cantidad de víctimas, pasando a ser una de las mayores masacres en Estados Unidos, como por otras peculiaridades del acto, pues, cabe señalar que el asesino fue vinculado con grupos terroristas islámicos y el lugar era un club nocturno gay. Las manifestaciones fueron de todo tipo, desde el repudio a los crímenes de odio hasta muestras apoyo al desprecio hacia la comunidad homosexual, siendo las primeras las más loables por la comunidad internacional.

Hoy el mundo aprende a sobrellevar una masacre de tal magnitud, por ejemplo, en Europa miles de personas han celebrado la marcha del Orgullo Gay este fin de semana en memoria de las victimas de Orlando. Inexorablemente la opinión pública se inclina hacia la tolerancia y condena todo acto terrorista. Pareciera que lo adecuado es ir en apoyo a la comunidad gay, sin embargo, ¿qué pasaba en el mundo, específicamente en Estados Unidos, hace apenas unas semanas?

El pasado mes de marzo, Carolina del Norte aprobó la ley HB2, también conocida como “la ley de los baños”, siendo firmada por el gobernador republicano Pat McCrory. Esta ley impide que las personas transgénero puedan utilizar los baños conforme a su identidad sexual y en cambio deban hacerlo en función de su género de nacimiento. Si bien el gobierno de Obama reaccionó solicitando a las escuelas que permitieran usar los baños no en función de su sexo sino del género con el que se identifiquen los niños, y hubieron figuras como Bruce Sprignsteen y Ringo Starr que cancelaron conciertos en Carolina del Norte en rechazo a la ley, la voz populi no fue tan clara.

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Un debate se abrió a favor y en contra de la ley HB2. A primera vista la ley fomenta la exclusión de las minorías sexuales, empero, ¿estar en contra no pone en riesgo a un gran sector de la sociedad? Es decir, permitir el libre uso de los baños públicos propiciaría que pederastas hicieran uso de la legalidad para facilitar sus actividades. El republicano, y entonces aspirante a la presidencia, Ted Cruz se manifestó a favor diciendo que los varones no deberían de poder ir al baño de las mujeres, de lo contrario se tornarían ellas un sector vulnerable.

Al igual que con la masacre de Orlando, las reacciones se dieron dentro de un espectro amplio, con la diferencia en que la balanza se inclinaba entonces a favor de la exclusión en pro de grupos vulnerables. Empero, el asunto es todavía más interesante ¿Qué sucedió en el inter de ambos hechos?

El 3 de Junio, a los 74 años de edad, murió el boxeador estadounidense Muhammad Ali quien fuera considerado uno de los mejores boxeadores de la historia. Influyente en la política y en las luchas sociales, se declaró a favor de los derechos de los afroamericanos y del islam. Innumerables fueron las personas que lamentaron su muerte, no solo porque el mundo perdía a una de sus más grandes figuras del boxeo sino porque Muhammad Ali era un dechado en cuanto a la lucha contra la discriminación.

Aquellas creencias que el boxeador defendió por igual son, a la luz de los recientes hechos, vistas de maneras poco semejantes. Quienes despedían a Muhammad Ali con dolor hace unas semanas, hoy piden tener mano fuerte contra el islam y los grupos terroristas, muestra de esto es el repunte que ha tenido el candidato Donald Trump, recortando ventaja a Hillary Clinton, tras condenar los actos sucedidos en Orlando y culpando, no a la posesión de armas como lo hizo el presidente Barack Obama, sino, a los grupos terroristas islámicos. Hasta el día de los hechos en Orlando, Hillary Clinton sacaba una ventaja de 14.3 puntos, cosa que cambió, pues, en cuestión de 5 días se redujo a 10.7 puntos (Fuente El Financiero).

Después de un repaso de los hechos, queda preguntar ¿qué tanto hay de manipulación mediática en los acontecimientos dados a conocer?  Un instante nos alteramos y manifestamos a favor de la exclusión con miras a proteger a un sector, mientras aplaudimos a un luchador social vinculado con un grupo que días después da originen a una de las peores masacres en la historia de Estados Unidos, llevándonos a exhibir  animadversión por esas mismas creencias que antes parecían loables.

El repunte de Donald Trump puede ser una pista para replantearnos qué tanta injerencia tienen las cosas que nos son dichas y sus modos.

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