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La madrugada del domingo 12 de junio, 50 personas fueron asesinadas, otras más fueron heridas y se fueron hospitalizadas, en estado crítico. Poco tiempo después los medios revelaron que otras 9 personas se sumaban a la cifra de fallecidos. Esto sucedió después de que un hombre armado abriera fuego en un popular club gay (Pulse) en Orlando, Florida. El asunto fue catalogado como un ‘Tiroteo masivo’ por el FBI, una categoría bastante bien conocida por los medios oficiales.

Pero primero intentaré anticiparme a lo que se podría objetar al respecto, desde nuestro contexto. Me serviré de un par de ejemplos.

En México, enfrentamos una discusión impostergable al respecto de los ‘Crímenes de Lesa Humanidad’ cometidos por miembros del ejército y la fuerza policial, así como del crimen organizado.

Como bien saben, o no, el pasado 7 de junio, la asociación Open Society  presentó el informe Atrocidades innegables. Dicho informe busca encarar los crímenes de lesa humanidad cometidos dentro dely territorio mexicano; se incluye más de tres años de estudio por parte de Open Society Justice Initiative y de cinco organizaciones mexicanas independientes: La Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, el Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, I(dh)eas Litigio Estratégico en Derechos Humanos, la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho y Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos (CADHAC).

Un oficio levantado ante el CPI, en contra del Estado mexicano, data desde el 2006; en el marco de la llamada declaración de guerra al crimen organizado del expresidente Felipe Calderón. Desde entonces se han cometido en México una serie de crímenes de lesa humanidad y de guerra, equiparables a los cometidos en lugares como Siria, Iraq y ciertas partes de África como el Congo, Uganda, Sudán o Libia. Se puede consultar públicamente el seguimiento del caso ante el CPI en la red [link].

Open Society, junto a las otras asociaciones citadas, no son las únicas en pensar está clase de similitudes. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), evaluó la situación de México. Aquí el Informe y dictaminó que «el número de casos de desaparición forzada en México tiene niveles similares a países que han experimentado guerra>>

A la luz de esas acusaciones podemos analizar el multihomicidio de la semana pasada en el municipio de Coxcatlán, Puebla, cuando 11 personas, entre ellas dos niños, fueron asesinadas por un grupo de encapuchados que irrumpió en dos viviendas, la noche del jueves 9 de junio. Sólo dos niñas sobrevivieron. Hoy se encuentran hospitalizadas, con heridas en la parte posterior del tórax y abdomen, respectivamente.

Según testimonios recabados por el diario El Universal, «El homicida es identificado como residente de la comunidad de El Potrero, cuya mayoría de habitantes profesa la religión católica, mientras que los habitantes de San José el Mirador siguen la doctrina evangélica. Los segundos se desprendieron de El Potrero por sus diferencias de credo y poblaron esa comunidad en la Sierra Negra de Puebla.»

Del mismo modo, pero en el Estado de Veracruz [¿Es de extrañar?] cuatro hombres armados con cuernos de chivo y R 15 y abrieron fuego contra el personal y clientela del bar gay La Madame, la noche del domingo 22 de mayo. Según cuenta el diario El País «En el suelo quedaron cuatro muertos, 13 heridos y un río de sangre que se mezcla con los vasos de tubo y los cristales.» La cifra subió a siete hombres muertos y 12 heridos, informó posteriormente Terra.

Ambos crímenes, perpetrados en los Estados colindantes de Puebla y Veracruz, podrían ser catalogados como Crímenes de odio, la clase de crímenes que tienen lugar cuando una persona ataca a otra motivada exclusivamente por su pertenencia a un determinado grupo social, según su edad, sexo, identidad de género, religión, raza, etnia, nivel socio-económico, nacionalidad, ideología o afiliación política, discapacidad u orientación sexual. Fuente: The William Institute

Precisamente esa fue la clase de apelativo utilizado por el presidente Barack Obama para referirse al caso ocurrido la madrugada del 12 de junio en el bar Pulse, de la ciudad de Florida, EEUU.

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¿Por qué usar precisamente ese apelativo y no más bien el hiperventilado ‘terrorismo’?.  Eso nos daría pauta para preguntar: ¿Por qué no podemos llamar terrorismo a la clase de actos cometidos en Puebla o Veracruz? Después de todo, tanto los crímenes cometidos en Puebla y Veracruz como en Florida se asemejan en la medida que ambos son promovidos por dos comunidades bien definidas políticamente: la musulmana y la católica, contra la comunidad gay y evangelista.

La respuesta es un tanto compleja, pero principalmente se debe a su falta de organización sistemática y la ausencia de un objetivo de coerción. [Definición RAE, perdón por la opinión no especializada, pero fue la más sucinta que pude encontrar]. ¿Pero es que acaso no es suficiente apelar la organización sistemática del Estado Islámico para el caso Florida? Después de todo, ISIS reivindicó la matanza después de que Omar Mateen, presunto agresor, jurara lealtad al grupo terrorista. Fuente: Diario NYT

Ahora cabría preguntar ¿Existe alguna célula extremista, similar a ISIS, dentro de la Iglesia católica, que promueva la clase de actos de odio cometidos en Orlando? A ello responde Olivia Rubio, representante de la organización Familias Diversas, quien ha advertido que existe una campaña homofóbica dirigida en contra de las políticas de unión matrimonial y adopción por parte de familias homoparentales en colegios y diversos sitios públicos. Fuente: La Jornada.

En el ámbito político, reporta ACI Prensa, «El Obispo de Veracruz, Mons. Luis Felipe Gallardo, destacó que la propuesta del presidente de México, Enrique Peña Nieto, de legalizar el mal llamado “matrimonio” gay y la adopción homosexual influyó en la derrota que sufrió su partido en las elecciones federales del 5 de junio.» ¿Implica ello un divorcio entre el organismo PRIísta y la iglesia católica? Lo dudo. Pienso que, como los medios lo han difundido con pródiga generosidad, es un simple “Voto de castigo” para que el PRI se cuadre ante los intereses eclesiásticos [De allí el nuevo ascenso del PAN y sus ‘partidos bisagra’ entre los que se incluye el PRD, antiguo rival].

Esto es un asunto mucho más complejo. Amerita un uso excesivo de imaginación para estructurar el tipo de conjuras que llevan, a la clase política nacional, a pactar con los intereses eclesiásticos. Dos cosas son bastante claras. Primero, a ninguna organización religiosa, ya sea islámica o católica, le simpatizan las uniones homosexuales y en ese sentido los extremos se juntan al condenar al unísono a la comunidad LGBTI. Segundo, debemos ser muy cuidadosos al referirnos a esta clase de actos como crímenes de odio, de guerra, lesa humanidad o ya de plano genocidio. Después de todo, no hay que olvidar que está en pie de lucha el reconocimiento de las grandes matanzas de cristianos por parte del Estado Islámico en Siria e Iraq. Fuente: Christian Post

Pero tampoco deberíamos autocensurarnos al calificar esta clase de provocaciones por su nombre. Lo que promueve la iglesia católica es un discurso de odio en contra de la población homosexual [Fuente MVS]. Estos discursos, a diferencia del discurso esgrimido por Omar Mateen, sí son sistemáticos y se encuentran promovidos desde la alta jerarquía eclesiástica; pudiendo desencadenar hechos mucho peores de los sucedidos en Florida. Algo que ya se ha visto, y se seguirá viendo, que puede llegar a la lesa humanidad.

 

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