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Desde que Der Spiegel dio la noticia sobre el reconocimiento del genocidio armenio por parte del parlamento alemán me he sentado a esperar la respuesta que este gesto desataría en las relaciones de Alemania con Turquía.

Como muchos ustedes sabrán, y muchos otros no, el proyecto de la Unión Europea busca integrar una pluralidad de Estados a través de un modelo único de políticas públicas y económicas. Este proyecto ya se venía gestando años atrás, desde el final de la segunda guerra en la Conferencia de Yalta, pero no se concretó sino hasta el 1 de Noviembre de 1993 con la firma del Tratado de la Unión Europea.

Hasta hoy en día, los estados miembros son un total de veintiocho, mismos que van desde la península ibérica hasta la balcánica, interrumpiéndose en el mar Egeo que comparte con Turquía. Se sabe que, desde 1959, Turquía ha buscado anexionarse a la Comunidad Europea sin mucho éxito. No obstante, el interés de la Comunidad Europea por seguir impulsando el sector económico entre ambos Estados permitiría a Europa tener una puerta de acceso libre a los mercados de Medio Oriente. No obstante, los tratados se han postergado indefinidamente por décadas, al punto en el que las relaciones entre la Unión Europea y Turquía se han ido enfriando con breves intervalos de intercambio cultural, impulsados por una fluctuante migración turca hacia los Estados europeos.

Comenzando por el hecho de que Turquía posee una población mayoritariamente musulmán, a comparación del cristianismo Europeo; las diferencias ideológicas, por llamarlas de algún modo, toman un vuelco decisivo a la hora en la que Alemania, como principal Estado miembro de la Unión Europea, reconoce el genocidio armenio en contra de los intereses Turcos.

La decisión sorprendió a todos, especialmente cuando se aprueba de manera casi unánime, habiendo representantes de ascendencia turca en el Parlamento alemán. Según el diario español ABC, «El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, había advertido hace solo unos días que esta moción podría afectar las relaciones entre Alemania y Turquía debido a que el texto menciona un «exterminio planificado» y lo destaca como ejemplo de los genocidios y limpiezas étnicas cometidos a lo largo del siglo XX. El entonces Imperio alemán fue durante la Primera Guerra Mundial el principal aliado militar del Imperio Otomano, cuyo sucesor legal es la actual República de Turquía, pero mientras Alemania desea calificar legalmente los hechos en esos términos, Turquía sigue negando el genocidio.»

Reconocer el genocidio armenio implica que Alemania genere un ejercicio de autocrítica respecto a  su papel indirecto en esta clase de «exterminio planificado». El exterminio, sufrido por los armenios, por parte del Imperio Turco-Otomano comienza con la invasión rusa en el marco de la Primera Guerra Mundial. Un sector reducido de la comunidad armenia nacionalista se levantó en armas para exigir su independencia del Imperio. Tras rechazar la ofensiva rusa, el Imperio Otomano  ordenó la captura de varios de los líderes del movimiento rebelde, pero no se detuvo hasta expulsar fuera de sus fronteras a todos los armenios, al considerarlos un peligro para el régimen.

Es así como dieron inicio las llamadas “caravanas de la muerte” en donde cientos de armenios fueron exterminados debido al hambre, la deshidratación, el clima extremo y las constantes emboscadas de parte de los habitantes fieles al imperio. Al no haber suficiente información al respecto, sumado a la negativa del gobierno turco para ejercer investigaciones más detalladas, se calcula que el total de decesos durante las deportaciones masivas oscilan entre los 500 mil y el millón y medio (dependiendo de la fuente que se consulte).

Por supuesto, reconocer el genocidio implica revivir una historia no muy grata para el Estado turco moderno, quien considera la causa armenia como un asunto estrictamente interno, relacionado al control político dentro de sus fronteras legales. Reconocerlo, implicaría gestionar una serie de reparaciones, tanto económicas como políticas, a los descendientes armenios que lograron sobrevivir y encontraron refugio en diversos rincones del mundo. La respuesta de Turquía siempre ha sido desconocer el reclamo armenio estrictamente como “Genocidio” y abordarlo más bien como un asunto producido colateralmente, en el marco de la Primera guerra mundial. No obstante el reconocimiento alemán ha dado nuevos impulsos a los numerosos movimientos políticos armenios, quienes animan al gobierno alemán a no dejarse intimidar. Fuente: Terra

La prensa y las redes sociales turcas estallaron en críticas en contra de Berlín, quienes calificaron a los alemanes de “nietos de Hitler” colocando la efigie de Ángela Merkel vestida con uniforme nazi o dibujada con el típico bigote. Fuente: El Clarín. El presidente turco amenazó con  “Tomar medidas contra la resolución del Parlamento alemán” Fuente: SN.

 

Sumado a ello, diputados turcos piden el debate sobre genocidio alemán en Namibia. El objetivo quizá sea desplazar el genocidio armenio como el primero del siglo XX. También debemos recordar que la crisis de refugiados por la que atraviesa Europa hoy en día, ocasionada por los conflictos acontecidos en Siria, Iraq y el Norte de África.  Consideremos que Turquía es uno de los Estados que más absorbe refugiados en la región.

Ya había hablado al respecto del genocidio en Nmibia cuando tuve que rebatir una acusación por parte de un usuario de redes sociales. Este genocidio se perpetró por parte del Imperio Alemán (/Austro-Húngaro) contra la población Herero y Tuareg, en Shark Island. No obstante, hace mucho el gobierno alemán zanjó el asunto, reconociéndolo oficialmente y ofreciendo las reparaciones que hayan sido necesarias. Tiempo después, Alemania perdió el control de Namibia, entonces conocida como África del Sudoeste Alemana, durante la Primera Guerra Mundial, cuando pasó a formar parte del Imperio Británico. Después fue gobernada por Sudáfrica, incluso durante la brutal era del apartheid, hasta que logró su independencia en 1990. Fuente: DW

Mientras tanto, hoy en día, los diputados alemanes de origen tuco se han visto amenazados por la resolución como es el caso del diputado Cem Özdemir del partido verde alemán. Según el diario Vanguardia, «En Alemania viven alrededor de 3,5 millones de ciudadanos de raíces turcas, el mayor colectivo de población de origen inmigrante del país, en su mayoría de religión musulmana.» por lo que el Estado se ha visto presionado para ofrecerle protección ante la amenaza de atentados terroristas en su contra. Mientras tanto, el proceso de reconocimiento es irreversible, Turquía tendrá que reconocerlo tarde o temprano y el hecho de haber sido reconocido por Alemania invita a que otros Estados simpatizantes se sumen a la causa que les da identidad a miles de armenios alrededor del mundo.

 

 

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