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Lógicamente es imposible determinar cuándo comienza la comedia en México, suponiendo que el México, tal cual lo conocemos, no tiene más de 200 años de existencia. Supongo que habrá sido un suceso épico, el instante en el que un sujeto X logra condensar los elementos necesarios para hacer reír a un sujeto Y, de manera deliberada, sin recurrir al accidente, la caída, la humillación o el “porrazo”.  ¿Es mucho pedir que la comedia mexicana, de la que vamos a hablar en este ensayo, no consista en reírse  exclusivamente de la miseria de uno o la ajena?

Dejando de lado los lineamientos biológicos de la risa, el filósofo Henry Bergson consideraba que «Lo cómico exige algo así como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la inteligencia pura y simple». Ese es el principal problema de la comedia en México, no es una comedia que se dirija a la inteligencia. La comedia es política y nunca lo ha dejado de ser. La cuestión es que decir comedia política, no es decir “políticamente correcta”. La comedia “políticamente correcta”, en contadas ocasiones ha logrado alcanzar un mínimo de consideración.

En México, el género ha atravesado una larga racha de comediógrafos serviles al régimen, cuyo sentido del humor se subordina a los caprichos de una determinada clase política. SI consideráramos el inicio del cine mexicano, y dentro de él, los primeros actores dedicados exclusivamente a la comedia a gran escala, la calidad de la comedia deja mucho que desear para el público actual. Lo malo es que las grandes productoras no dejan de generar refritos interminables de lo mismo; ya que son esa clase de refritos los que generan más ganancias.

Desde “Nosotros los nobles”, película inspira en “El gran calavera” (1949) de Luís Buñuel, yo no he visto que alguna película cómica genere impacto en la opinión pública, desde entonces ya van tres años sin habernos reído de nada que no sea nuestra propia miseria.

No quiero hacer mucho hincapié en el cine Luís Estrada, que más que cine parece manifiesto político. Pero no es para manifestarnos políticamente, a lo todos vamos al cine. Como dice Delgadillo, vamos al cine a “Disfrutar de un rato de sano humor”.

Quizá “El último trago” de Jack Zagha sea una excepción. No sé por qué motivos no hubo suficiente promoción de esta peli, me recuerda un poco al tipo de comedia que solía haber antes de que la escuela pretenciosa de Reygadas irrumpiera en escena (Vean: Todo el poder, El Club de la Eutanasia, Matando Cabos y la serie de cortos que articulan Cero y van cuatro). El mismo año que salió “Nosotros los nobles” también salió Heli de Escalante y La Jaula de Oro de Quemada-Díez; dos de los bodrios más pretenciosos del cine nacional. Después de ver ambas películas sólo me pregunté ¿Quién fregados alimentó a Reygadas después de la media noche?

Si pensamos en los primeros comediógrafos no podemos evitar remitirnos al galopante nacionalismo mexicano. Al menos se me ocurren tres: Joaquín Pardavé, Germán Valdés “Tin Tan” y Mario Moreno “Cantinflas”. Pardavé, TinTan y Caninflas son los tres grandes del cine de oro mexicano, a partir de ellos todo es decadencia; aunque ya con ellos había comenzado. Mauricio Garcés, Fannie Kauffman “Vitola”, Manolín y Shilinsky, La india María, Antonio Espino y Mora “El Clavillazo”, Adalberto Martínez “Resortes”, Gaspar Henaine “Capulina” y Marco Antonio Campos “Viruta” todos y cada uno de ellos, ejemplos serviles del irritante clasismo en la comedia mexicana. Caso aparte el de Roberto Gómez Bolaños y Eugenio Derbez.

Esto no es nuevo, la comedia en México es y siempre ha sido clasista, sólo apela a la miseria de una clase social por sobre otra. Por años, su fórmula sólo ha consistido en reelaborar sus grandes éxitos mediante la reelaboración de la figura de los ricos riéndose de los pobres y los pobres riéndose de los ricos, sin profundizar demasiado.

Todo lo anterior me ha hecho reflexionar ¿Existe algún tipo de comedia que no haga referencia al marcado abismo diferencial que existe entre una clase social y otra? Después de todo, el concepto de “clase social” no tiene una historia superior a los dos o tres siglos de edad. De lo que podría estar seguro es que la comedia trasciende a la “clase social”, pero no a su carácter substancial de asimetría.

Como hipótesis de trabajo, me parece que el carácter asimétrico es lo que constituye la ironía de la cual se nutre la comedia, pero creo que es algo que debería investigar más a profundidad. Ello incluye no sólo la clase social, también incluye el machismo (Cine de oro, de ficheras y cine gay), la brecha generacional (Por la libre, Y tu mamá también), la religión (Morirse en Domingo, Morirse está en Hebreo, Santitos) y últimamente de Migrantes (tanto internos de los suburbios a la metrópoli en “Paraíso” y aunque me cuesta reconocer: “No se aceptan devoluciones”). Pero lo dejaré para cuando esté de mejor humor.

PD: La película de Higareda no es comedia, no manchen.

 

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