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Si lo piensan, nuestra relación con el Estado no es muy diferente de una relación BDSM, retratada por el mismísimo Tom de Finlandia. Permanecemos pasivos ante la benevolencia de nuestros gobernantes, adelantamos nuestros relojes cada que se acerca el horario de verano; pero pasamos por alto que el horario de verano no es para que vivamos más cómodos sino para que la industria no gaste en energía eléctrica y se aproveche la luz del sol.

Asumimos que nuestros problemas de transporte y contingencia ambiental, no podrían compararse a la clase de problemas que viven día a días en poblados de Tamaulipas o Guerrero. La corrupción nos parece un mal menor comparado a esa clase de violencia, la corrupción no es algo que se considere “violento” por parte de los capitalinos. De hecho, creo que la consideramos algo tolerable. Basta ver el caso #Lady100pesos. Uno de cada tres mexicanos reportó haber pagado sobornos en un año, según los datos más recientes del Barómetro Global de la Corrupción, realizado por Transparencia Internacional. (Fuente: http://goo.gl/WcXnFb). ¿Desde cuándo poder respirar a gusto se ha vuelto un problema de primer mundo? En palabras de Zizek:

…de la crisis ecológica, de los nuevos racismos e intolerancias, etcétera, no puede parecer sino cínico a la vista de las crudas pobreza, hambre y violencia del Tercer Mundo; por otro lado, los intentos de desechar los problemas del Primer Mundo como triviales en comparación con las «reales» catástrofes permanentes del Tercer Mundo son imposturas no menores: centrarse en los «problemas reales» del Tercer Mundo es la forma última de escapismo, de evitación de la confrontación con los antagonismos en el seno de la propia sociedad. (Zizek: Lacan: Los interlocutores mudos)

Es como decir, sí, en México somos déspotas, machistas, corruptos, agachones…  ¿Pero qué tal los musulmanes? Después de todo, eso es lo que literalmente significa el término “Islam”, “sometimiento, rendición, obediencia”…

Esto es una evidente falacia, un reductio ad Daesh, parafraseando el ad Hitlerum del que hablamos antes no porque en Siria se encuentren peor que nosotros, forzosamente debemos aceptar las condiciones en las que vivimos. Aun así, con falacia y todo, no creo que pueda considerarme una autoridad al respecto. Pido paz, como cuando jugábamos de niños, suspendamos un momento nuestro juicio. Quizá debamos pensar antes las condiciones que nos acercan y nos distinguen…

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