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El otro día me quedé divagando sobre los consensos que ciertas comunidades suelen establecer e imponer a otras comunidades. Como por ejemplo cuando se considera culpable a un individuo “Ante los ojos de…”. Obviamente, un antisemita será culpable ante los ojos de la comunidad judía, un comunista ante los ojos del capital o un librepensador ante los ojos de cualquier Estado totalitario. Si la justicia saliera a flote, sólo por contraste, ante las ideas radicales, contrapuestas una frente a otra, entonces no existiría una justicia que no fuera parcial; es decir que no tomara un partido a la hora de juzgar; pues para adquirir definición esta debería radicalizable. No obstante, en teoría, la justicia es todo lo contrario; algo totalmente imparcial y neutral.

¿Por qué alguien tendría que juzgarme si me declarara homosexual por ejemplo?  ¿Sobre qué bases sustentaría su juicio? ¿La ciencia? ¿La psiquiatría? Si lo pensamos de ese modo, la homosexualidad no fue retirada del Manual de Diagnóstico de los transtornos mentales (DSM) hasta 1973 por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA). Pero no fue sino hasta 1990, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS), retiraría a la homosexualidad de sus propias listas de enfermedades mentales; lo que no impidió que se siguieran practicando las terapias, tratamientos y hasta cirugías cerebrales para “curar” tanto a gays como lesbianas.  No bromeo, hay terapias reparativas, psicoanalíticas y religiosas; tratamientos eméticos, hormonales y médicos. (Fuente: elmundo.es)

El problema es que cuando los no-homosexuales pensamos en la homosexualidad, la solemos pensar bajo el filtro del prejuicio y el estereotipo. Aclaro, eso no es algo necesariamente malo, es una característica de nuestros tiempos suponerlo, pero esto no siempre ha sido así, ni tiene porqué. Recurrimos al estereotipo para darnos una idea concreta de lo que no conocemos, es la fantasía la que exagera y homogeneiza los rasgos fundamentales de un cierto sector social para saber lo que hay que hacer en caso de tener contacto. Del griego στερεός «sólido» y τύπος «impresión, molde», la solidez del estereotipo no es algo compatible con la liquidez de nuestro tiempo, parafraseando a Bauman.

Por ejemplo, si a mediados de los años 70’s me hubieran preguntado sobre la comunidad gay sin duda alguna mi referente serían las ilustraciones de Tom de Finlandia, pseudónimo de Touko Laaksonen (1920-1991).

Joven estudiante de arte en la escuela de arte de Helsinki, pronto es llamado a filas para la Guerra ruso-finlandesa, también conocida como la guerra de invierno, lo que le permitió tener un primer contacto con el rigor militar, pero también con toda la parafernalia, especialmente aquella que caracterizó al tropas Wehrmacht alemanas quienes sirvieron en Finlandia por aquellos tiempos. (Fuente: http://goo.gl/xGfgwd).

Después de la guerra se dedicó a la ilustración y la publicidad para la revista Physique Pictorial, centrándose en los estereotipos predilectos de la comunidad gay: leñadores, marineros, motoristas, policías, soldados, vaqueros y, por supuesto, como no mencionarlo, la cultura leather; de gran influencia en el Heavy Metal a partir del vocalista de Judas Priest.

Laaksonen también tuvo vínculos amistosos con Robert Mapplethorpe, cuyo trabajo se relacionó a la iconografía fetichista sadomasoquista gay desde la fotografía y las artes gráficas. Tom de Finlandia nunca estuvo desprovisto de polémica, especialmente debido a su característico estilo voluptuoso, homoerótico e hipersexualizado, pero también al constante recurso de la ilustración de uniformes militares, sacados de los más recóndito del imaginario nazi. Por supuesto, Laaksonen siempre rechazó su ideología. Según declaraciones del propio Touko: «En mis dibujos no pretendo mostrar ninguna postura política, ni ideológica. Yo sólo pienso en la sola imagen. La totalidad del pensamiento Nazi, el racismo y todo eso, me parece odioso, pero de todos modos lo dibujo -¡Tienen los uniformes más sexis de todos!».

Su influencia en la cultura occidental es definitiva y no me refiero únicamente en la cultura gay. Ya mencioné a Rob Halford, pero también es necesario mencionar a Vivienne Westwood cuya Boutique SEX era frecuentemente visitada por Sid Vicious, quien termino por asimilar la estética hacia el movimiento punk. No podemos pensar en un Kepí, una chamarra de cuero y un bigote sin pensar en Freddie Mercury. Y, por último, pero no por ello menos importante, no podemos dejar de lado que para 1975, Michel Foucault ya frecuentaba los saunas de San Francisco, en la cima de su producción filosófica, con el ensayo: Vigilar y Castigar (1975).

Por supuesto, esto no es mérito exclusivo de Laaksonen, pero sin duda alguna contribuyó a consolidar el arquetipo del homoerotismo en la ficción occidental.

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