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Volviendo un poco al asunto de los jesuitas, debo resaltar una característica fundamental de la orden. Además de los votos que toma todo aquel que busque profesar la vida religiosa (Pobreza, Castidad y Obediencia) ellos comulgan otro voto adicional. La Fórmula del Instituto establece: la Compañía entera y cada uno de los que en ella hacen la profesión, militan para Dios, bajo la fiel obediencia de nuestro santísimo señor el Papa Paulo III, y de los otros romanos pontífices sus sucesores. La obediencia al Papa, garantizada a través de la serie de Ejercicio Espirituales, formulados por Ignacio de Loyola son sólo un modo de reforzar la fidelidad y la disciplina de los jesuitas.

Es ese voto el que incomoda al monarca Carlos III, es eso lo que interpone los intereses de la corona con los del papado y viceversa. Los jesuitas eran culpables ante la monarquía al permanecer fieles a la ley del papado, del mismo modo que Gandhi era culpable ante los ojos del imperio británico y Thoureau ante los ojos de la clase política americana. Ello nos pone en un predicamento, después de todo Adolf Eichmann fue condenado a muerte porque se le encontró culpable ante los ojos del Estado de Israel, a pesar de haber argumentado que “él sólo hizo lo que sus superiores le solicitaron que hiciera”, a según de él mismo, “se comportaba siguiendo los lineamientos de la moral kantiana”. Su máxima “siempre obedece a tus superiores” se formularía de modo tal que para él se volviera una ley universal.

Hay que pensarlo con detenimiento, antes de contra-argumentar. Aquí mis reflexiones:

En 1974 Stanley Milgram, psicólogo social de la Universidad de Yale, se preguntaba si ¿Era posible que Adolf Eichmann, y el millón de cómplices que favorecieron el holocausto, en verdad sólo estaban siguiendo órdenes? ¿Les llamaríamos del mismo modo “cómplices del holocausto”?

Para ellos realizó un experimento que se resume en su ensayo sobre “Los peligros de la obediencia”:

“Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

¿Cuáles fueron las conclusiones de su estudio? Al menos, dos:

  • Un sujeto que no tiene la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, particularmente en una crisis, transferirá la toma de decisiones al grupo y su jerarquía. El grupo es el modelo de comportamiento de la persona.
  • Por último: La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos. Una vez que esta transformación de la percepción personal ha ocurrido en el individuo, todas las características esenciales de la obediencia ocurren.

Es así como se caen por tierra los argumentos de Eichmann de que, al cumplir con la voluntad de sus superiores, le era fiel a los preceptos Kantianos; pues para Kant el hombre es un fin en sí mismo, no un medio para usos de otros individuos, ello incluye a su propia persona. Eso tiene que ver más con el concepto de dignidad que maneja Kant…

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