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La forma más rápida de obtener una respuesta en internet no es preguntando, es publicando una respuesta deliberadamente incorrecta. La gente es más rápida queriendo corregirte que respondiendo a las preguntas; este fenómeno se le conoce como “Ley de Godwin”.

Eso último, aunque no lo crean es un experimento controlado. Yo ya había hablado sobre la Ley de Godwin en una entrada anterior. La ley anterior es conocida como la Ley de Cunningham, su objetivo, provocar a todos aquellos sabelotodo que más que aportar, buscan corregir al que se atreve a publicar algo en la red. Errar en público es un pecado para los trolls.

De hecho, es una ocasión anterior que hablaba sobre el concepto de pecado. El término pecado (חטא) para los hebreos refleja el acto de errar. Entiéndase que el término no sólo abarca sus características morales sino también no acertar a un cometido, ofendiendo con ello la voluntad de Dios. Pecar es hacer el mal, deliberadamente. ¿Pero el “mal” según quién? ¿Quién fue el primero en “errar” de esa manera? La respuesta es simple, según las escrituras, Lucifer.

Si tomáramos a Lucifer como lo que es, un personaje literario ¿Qué es lo que significa su nombre antes de la connotación judeocritiana?

Lucifer proviene del lat. Lux, luz y fero -ein, llevar. Lo que vendría a significar “el portador de luz”. Al menos eso es lo que denota, en la primera ocasión en la que se le hace mención, (Is 14.12-14)[i][i]

El siguiente nombre con el que se le conoce es el de “Demonio”. El vocablo es griego (δαίμων daimôn) y es el nombre con el que se le conoce la entidad semidivina (como eros), que aconseja en todo momento al filósofo Sócrates. Un ejemplo está en el El Banquete 202 d-e y en la Apología.

Otro de los nombres, es el más difundido de ellos, el de “Diablo”. El vocablo más antiguo se remite al libro de Job (Job 1:6-8), pero también se le puede encontrar en el evangelio de Mateo (Mateo 4:8-10). La entrada para “Diablo” en el diccionario Joan Corominas es bastante elocuente, hace derivar «del latín diabolus y a su vez éste del griego diabolon (διαβάλλω) propiamente ‘el que desune o calumnia’» se deriva del mismo modo de un verbo ballein ‘arrojar’.

Otro de los nombres con el que se le conoce es el de Satanás o Satán. Palabra proveniente del hebreo, que en términos llanos viene a significar “el adversario”. Su primera mención le alude como el “oponente” de la voluntad de Dios. (Num: 22:22-32).

De estos cuatro nombres, podemos inferir un par de cosas. Estar “mal”, propiamente significa ir en contra de la única, absoluta y universal voluntad divina. Interrumpir o diferir de ella nos llevaría a pecar. En términos generales, la maldad, significa escapar de la voluntad divina. Lo que nos lleva a una de las cuestiones teológicas de mayor discusión a lo largo de la historia, el libre arbitrio.

Si Dios ya sabe de antemano nuestro destino ¿Qué sentido tiene obrar bien u obrar mal? La respuesta es compleja y depende de la teoría ética que la brinde. Darle una respuesta aproximada ha llevado a más de un filósofo a pensar en teorías de mundos paralelos, deslindes existencialistas, nihilismos posmodernos, tropos escépticos y cosmologías ataráxicas; pero me temo que ninguno de ellos resuelve satisfactoriamente todas las cuestiones derivadas del mal. Especialmente la clase de maldad a la que hemos alcanzado, y que probablemente se irá perfeccionando conforme pasen los años.

[i][i] ¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la Aurora! Has sido abatido a la tierra dominador de naciones! Tú decías en tu corazón: “escalaré los cielos; elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios; me sentaré en el monte de la divina asamblea, en el confín del septentrión escalaré las cimas de las nubes, seré semejante al Altísimo

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