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Anteriormente había adelantado como abrevocas  que, según Corominas, el término café proviene del turco kahvé, que a su vez viene del árabe qahwa, que también significa “vino”.

El origen del café es abisinio, nombre con el que también se le denomina a Etiopía, tema del cual hablamos la ocasión pasada. El café no se conoció sino en el medioevo, la Escuela Médica Salernita, la primera escuela medieval de medicina, recomendaba en su Regimen sanitatis salernitanum, IX, «§ 8. Coffaeum.

Impedit atque facit somnos, capitisque dolores

Tollere Coffaeum novit, stomachiquo vapores;

Urinare facit; crebro muliebria movit;

Hoc cape selectum validum, mediocriter ustum.»[i]

Nuestra beta latina y más comercial, relacionada con el café proviene de la República de Venecia, en palabras de Álvaro Cunqueiro, de quien tomo este relato, “fueron los venecianos quienes verdaderamente emseñaron a Europa a tomar café”. Por supuesto de Europa se importa hacia América y de América (especialmente la América industrial los “Estados Juntos”). Fueron cuatro condiciones establecidas por los Venecianos: Il caffè deve essere caldo come l´inferno, nero come il diavolo, puro come un angelo e dolce come l’amore[ii]

Con estas connotaciones ya no me extraña el rechazo de los mormones. Pero en lo que respecta al catolicismo, religión en la que fui bautizado, Conqueiro se remite al Papa Clemente VIII. Como ustedes saben el café es una bebida explotada sobre todo por las naciones árabes, aquellas consideradas “infieles” por los medievales. Por lo que cualquier cosa que provenga de aquellas tierras musulmanas era vista con cierto desdén. Al probarlo una taza del “vino árabe” el Papa Clemente VIII exclamó: “Questa bevanda del Diavolo è così buona, che dovremmo cercare di ingannare il Diavolo e battezzarla”[iii]

El primero en mencionar algo al respecto de las propiedades mágicas del café, utilizadas en la hechicería y la adivinación es el ocultista Jacques Albin Simon Collin de Plancy, en su Diccionario Infernal, hoy en día editado en Barcelona por la Editorial Maxtor y bellamente ilustrado por Louis Le Breton, con 69 ilustraciones de los demonios. Una pieza invaluable para el coleccionista de las artes ocultas o el que busque iniciarse en el arte de la lectura del café.

[i] Impide y causa dormires,

y de cabeza dolores

Sabe el café quitar,

Y del estómago vapores [Debo agradecer a Gerardo Alcalá y a Rubén Rossano por el apoyo en la traducción del latín]

El café impide conciliar el sueño, aparta los dolores de cabeza y los vapores del estómago; provoca la orina y acelera los menstruos; ha de ser selecto, sano y buenamente tostado

[ii] El Café debe ser caliente como el infierno, negro como el diablo, puro como un ángel y dulce como el amor. Proverbio veneciano.

[iii] Esta bebida del diablo es tan buena que vale la pena tratar de engañarlo y bautizarla.

 

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