Etiquetas

, , , , , ,

Muchas cosas tuvieron que suceder para que el Ras Tafari Makonen llegara tomar el trono de Etiopía. No podemos abordar a detalle todas y cada una de ellas, la historia de Etiopía es una historia de guerras, traiciones, intrigas e invasiones; un príncipe exiliado, una nación beligerante, una invasión fascista. Un asunto apasionante.

Haile Selassie I, nombre que adoptó el Ras Tafari Makonen después de subir al trono y permanecer seis años en el exilio (de 1935-1941), es descendiente del rey Menelik I, legendario hijo del rey Salomón y la reina Makeda, y pariente inmediato del rey Menelik II aquel que expulsó en primera instancia a los italianos.

Etiopía era una nación joven, en términos diplomáticos, pero bastante antigua en términos tradicionales. Fueron muy pocos años de reconocimiento, los que pudo disfrutar, pues Italia no olvidaría la batalla de Adua.

El duce, Benito Mussolini, encabezó una nueva invasión en 1936, reclamando el territorio etíope y exiliando a Selassie hacia Inglaterra. Selassie denunció ante la Liga de Naciones, un organismo Internacional creado por el Tratado de Versalles, la utilización de Armas Químicas en contra de la población civil etíope, algo proscrito por la Convención de Ginebra, convenio internacional que busca regular el derecho internacional humanitario, con el propósito de proteger a las víctimas de conflictos armados.

Fue entonces cuando el jurista, Narciso Bassols, entonces Embajador de México ante la liga de naciones, levantó la voz, proclamando “El no reconocimiento de las soluciones que no se obtengan por medios pacíficos y de la no validez de las adquisiciones territoriales alcanzadas por la ocupación o la conquista por la fuerza de las armas”. Este gesto de simpatía por parte de la diplomacia mexicana no fue olvidado por el príncipe.

 

Después de la guerra

Posteriormente, tras la expulsión de los italianos de terreno etíope y la normalización de las relaciones internacionales, “El león de Judá” viajó a México para agradecer al embajador. En su estadía develó una placa conmemorativa en la glorieta de Etiopía, ahora plaza de la trasparencia. Por su parte el gobierno mexicano le otorgó el Collar de la Orden del Águila Azteca (1954), la más alta distinción que se le otorga a los extranjeros en México.

Dejo en el tintero, por falta de tiempo, lo que le ocurrió después a Selassie como titular de la nación etíope. Simplemente diré que Selassie siempre tuvo el respeto internacional, siendo invitado honorario en más de una ocasión. Asistió a los funerales de Estado de John F. Kennedy y Charles de Gaulle, las cumbres del Movimiento de Países No Alineados, y en 1971 a la celebración de los 2500 años del Imperio persa. Inclusive en 1970 visitó Italia, invitado por el presidente Giuseppe Saragat.

Por desgracia no todo fue miel sobre hojuelas. En 1974 dimitió al trono frente a Junta Militar de la revolución marxista etíope, también conocida como Derg, para desaparecer un año después en circunstancias misteriosas.  El Derg gobernó el país hasta 1987, año en el que se proclamó la República Democrática Popular de Etiopía.

La causa de Selassie simpatizó particularmente con los movimientos políticos decoloniales negros, diseminados principalmente por el comercio de esclavos, en distintas partes del mundo. Es de suma relevancia el caso de Jamaica, en donde se le rindió culto a través del movimiento rastafari, quien, a través de su ideólogo Marcus Garvey, proclamaba un retorno de los negros a la tierra prometida o Monte de Sión, nombre con el que también se le conoce a Etiopía. Selassie siempre fue precavido al advertirles de no emigrar a Etiopía hasta no haber liberado antes al pueblo de Jamaica. Sin duda un consejo sabio que busca perpetuar darle su respectiva importancia a los movimientos políticos locales, por sobre los movimientos utópicos y mesiánicos.

Anuncios