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Originalmente, Etiopía es una palabra de origen griego. Así como los hablantes de lenguas romances utilizamos al griego y el latín como lenguas de aproximación de nuestros orígenes lingüísticos, los antiguos etíopes también tienen el ghezo. El ghezo pertenece al tronco semita y deriva del sabana o sabeo, árabe del sur.

El término «etíope» literalmente significa «cara quemada», Αἰθίοψ, (οπος, ὁ (αἴθω, quemar, y ὤψ (ὄψ), la cara; moreno), Etíope (Hebreo כּוּשִׁי, Kushi): Hechos 8:27, en referencia al alta Etiopía, también conocida como Hanesh o Abisinia, una ciudad de África adjudicada a Egipto, lo que incluye las islas Meroe; ello según el diccionario griego Thayer. Se contrapone al término «líbio», o los de cara pálida, en referencia al pueblo bereber, también del territorio africano.

La biblia habla del pueblo etíope (Números, 12) cuando Miriam y Aarón reprenden a su hermano Moisés por haber tomado a una mujer cusita, etíope, según la tradición judeocristiana. Por su parte, el profeta Felipe, mientras camina de Jerusalén a Gaza, escucha a un esclavo etíope que leía al profeta Isaías. El etíope es bautizado por el profera, quien es arrebatado posteriormente por el Espíritu de Dios y trasladado a Cesárea.

Poseen una geografía privilegiada, que les permite guardar cierta autonomía y defensa de sus pueblos vecinos. Posee una proximidad al mar rojo.

Conocemos al rey Salomón como uno de los más relevantes monarcas de la tradición judeocristiana. Figura en la biblia como hijo del rey David y como autor de los libros: Eclesiastés, Proverbios y Cantar de los cantares. Su historia es narrada en el primer libro de los Reyes y en el segundo libro de las Crónicas. Durante su vida fue considerado como un hombre sabio y de muchos recursos, fama que llegó a oídos de la reina de Sabá, conocida por la tradición etíope como Makeda, quien quedó impresionada por la riqueza y sabiduría de Salomón. Desde entonces se consolida una alianza entre los pueblos semitas y el reino de Sabá.  La tradición etíope dice que el rey Menelik fue concebido tras este encuentro.

Son pocas cosas las que se pueden saber con certeza al respecto del reino de Sabá, su ubicación es indeterminada y ha sido discutida por distintos arqueólogos e historiadores, razón por la que ha cobrado un carácter más mítico que histórico. De lo que podemos tener certeza es de los intercambios comerciales entre los mercaderes árabes y el pueblo israelí, a través del mar Rojo, razón por la que es posible encontrar ciertas especies de monos y colmillos de marfil entre los tesoros del rey Salomón (Reyes 1, 22). Se sabe de los intercambios de las flotas del mar rojo, con un flujo mercantil equiparable el mediterráneo.

Abisinia, el otro nombre que se le da a las tierras de Etiopía, proviene de Halaschat, nombre de una tribu semita del suroeste de Arabia, que emigró a África a través del Mar Rojo durante el segundo milenio a.C.

La dinastía etíope, del antiguo pueblo de Axum, se consideran descendientes del rey Menelik, cuya ascendencia es semita. El mito constituye parte de su identidad nacional, por decirlo de algún modo, más allá de dos milenios. Se dice que en la ciudad de Axum, son conservadas las tablas de la ley mosaica, robadas de Jerusalén.

Axum, la ciudad etíope, permaneció como un portentoso imperio hasta ser sucedida por una dinastía cristiana: los Zagué, o Zaué, hasta 1270, cuando se abre una nueva fase en la historia etíope. Este periodo es conocido como el periodo de la restauración salomónica, encabezada por el monje Tekla Haimanot, venerado posteriormente como santo de la iglesia etíope. En Etiopía subsisteron pequeñas comunidades musulmanas, animistas y judías (también llamadas falashes).[1]

Hoy en día, todavía existen pueblos judíos de ascendencia etíope, descendientes de las primeras conversiones de aborígenes etíopes al judaísmo. Para 1975, el gobierno de Israel reconoció a los «Beta Israel» como descendientes de la tribu de Dan, una de las tribus perdidas del pueblo de Israel. Su población actual en Etiopía se estima entre los 3,000 y 8,000 individuos.

Según la Biblia, la tribu de Dan fue culpable de idolatría al hurtar los ídolos y secuestrar al sacerdote de Micaía (Jueces 18: 14-31) por cerca de 500 años, por lo que fueron expulsados del pueblo judío ortodoxo.[2] Por siglos, la percepción que ha tenido el pueblo semita del pueblo etíope suele estar sesgada por las escrituras. De hecho, su origen mítico, según la Biblia, proviene del mito camítico que posteriormente me encargaré de explicar.

El actual pueblo etíope es muy variado, su idioma oficial es el Amhárico, pero existen otras más como el el ge’ez, el tigriña, el oromo, el gurage, el somalí y el árabe y su capital es Adís Abeba. La religión de mayor alcance es el cristianismo, seguido por el islam y las creencias tradicionales, como el rastafarismo.

 

 

[1] BERTAUX, Pierre (1981): África. Desde la prehistoria hasta los Estados actuales. Siglo XXI, México. p 88

[2] Hasta El cautiverio de la tierra, lo que se refiere al cautiverio del arca y la sumisión de los filisteos en tiempos de Elí.

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