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Comencé a leer este texto anecdótico de Carlos Fraenkel: Enseñar Platón en Palestina y mientras los hacía iba pensando: -No debería ser difícil, eso de enseñar a Platón en Palestina, después de todo la filosofía es uno de esos saberes universales; invariables en tiempo y espacio, sin importar procedencia geográfica, lenguaje o nivel socioeconómico ¿No es cierto? –

Cualquiera que estudie un poco de filosofía te diría que no es del todo cierto. Una cosa es retransmitir la doctrina oficial -tal cual haya sido transmitida- esperando que -a su vez- sea repetida invariablemente y otra, muy diferente, es aquella de enseñar a pensar. La primera refiere a un adoctrinamiento mecánico, la segunda a un proceso complejo de enseñanza.

Por supuesto, ello implica tomar en cuenta el contexto en el que será recibido. No es lo mismo enseñar en Montreal que en Palestina, o para variar un poquito, un colegio privado capitalino o la selva chiapaneca; cada uno tiene sus propias prioridades y urgencias desde donde debe surgir la reflexión que propicie la enseñanza filosófica. Con ello ya tenemos un primer indicio: La filosofía surge de una reflexión contextualizada en las más profundas crisis, urgencias y necesidades. La filosofía es una necesidad universal, aquí y en Palestina, pero una necesidad universal que surge de un contexto que no lo es.

Cabe pensar que Platón, siendo como es, un pensador griego, escribió en griego. Por ello será necesario aprender algo de griego básico, que permita acercarnos a su pensamiento. Pero en caso de no tener ni tiempo ni disposición para aprender esta bella lengua, lo segundo será acercarnos a Platón mediante las traducciones que disponemos.

El problema de las traducciones es que requieren de una constante actualización, puesto que no es lo mismo leer a un Sócrates castellanizado que argentino. El español, como todas las lenguas vivas, es una lengua que varía desde la península ibérica hasta la Patagonia.

Es por ello que, para un estudiante latinoamericano promedio de filosofía, se vuelve extraño y un tanto alienante escuchar a un Sócrates que utiliza expresiones como “escuchad con cuidado”, “volvéis sobre tus palabras”, “vosotros estaréis satisfechos”, etc. No obstante, se podría objetar, la filosofía representa un lenguaje universal, el vehículo a través del cual se transmite es algo intrascendente. ¿Qué importa si Platón se escribió en griego y llega a nosotros mediante el castellano? ¿Qué importa, si lo que obtenemos a cambio es un conocimiento invaluable de la auténtica filosofía? Fuente invaluable de conocimiento, de la que abrevaron las más antiguas tradiciones helenísticas, cristianas, musulmanas y judías.

Toma ejemplo de Maimones, quien fue judío y escribió en árabe; recomendando ampliamente la lectura de los comentaristas musulmanes. Desde esa postura, cabe preguntarse: ¿Podemos evaluar un argumento, prescindiendo el tono dramático, la procedencia o creencia religiosa del autor? Pensemos en Palestina ¿Es posible hablar de filosofía en el contexto político palestino sin que cualquier reputación internacional se vea comprometida? Ese es el problema principal: todo discurso filosófico, entiéndase toda filosofía universal, que no pretenda volverse doctrinaria y que aspire a aterrizar su discurso en un contexto particular, debe considerar su propia parcialidad; debe tomar partido. Es a partir de esa parcialidad desde donde podemos apreciar el auténtico valor de Platón.

Platón, o como quien dice “el Sócrates platónico”, siempre será el primero en denunciar las injurias, las bajezas y las asimetrías políticas de las polis griegas, la religión o la guerra. Platón sería el primero en contraargumentar a los platónicos más acérrimos, y por supuesto, Platón sería el primero en caer en esta tragicomedia totalitaria que puede llegar a ser la institución universitaria; en estos lugares, el pensamiento crítico, es un pensamiento mal recibido si es que no tiene el respaldo de una autoridad.

¿Cómo conciliar la “vida contemplativa” que expone Platón en la Apología, junto a la “vida cotidiana” de Palestina, Canadá o México? Resulta tan extraño para el estudiante promedio, tanto si es canadiense, palestino o mexicano; lo mismo que si es cristiano, judío o musulmán. Hay que permitirse disentir de Platón de vez en cuando y para ello no hace falta saber griego clásico.

Por ejemplo, cuando Sócrates interroga al artista por la belleza, cobra consciencia que el artista poco sabe de lo que formalmente pueda significar; en cambio, él está lo suficientemente capacitado como para producirla en la práctica. El primer conocimiento es un de tipo práctico, el segundo es de tipo formal. Platón aspira a la formalización del conocimiento, un conocimiento propiamente científico, apartado de la contingencia material.

No obstante, cuando se refiere a las acciones morales y justas, acciones que vincularían de inmediato al estudiante de filosofía ¿Es posible generar una formalización de ello sin perder el ámbito práctico del cual se deriva? Basándonos en el ejemplo, parecería requerir previamente un conocimiento de lo justo para practicar la justicia, cuando la justicia no pareciera ser un “conocimiento” como tal.

Pero ¿No son las religiones (principalmente las tres que hemos mencionado) una especie de conocimiento de la justicia, a través de los cuales se basan un sinnúmero de hombres para ejercer los juicios en contra o en pro de sus compatriotas? Eso fue justamente lo que llevó a Sócrates a ser condenado, primero al ostracismo y luego a la cicuta, y también representa el corazón de la discusión actual en Palestina. ¿Valdrá la pena utilizar a la filosofía como mediadora del conflicto, del que probablemente ninguno salga con vida?

Según un famoso Hadiz, pasaje que representa las conversaciones del profeta Mahoma, el islam se dividirá en setenta y tres secta, de las cuáles solo una será salvada. Considerando que, al menos existen dos veritentes significativas del islam (los sunníes y los chiíes) ¿Cuál de esas dos es la que se ha de salvar? Más del 80% de los musulmanes son Suníes ¿Pero es que acaso una gran mayoría garantiza mayor certeza o, por el contrario, acentúa los fundamentalismos? ¿Existen mayores razones para elegir hacer lo injusto por encima de lo justo?

Es complejo enseñar Platón en Palestina, México, Canadá o cualquier otro lado. Cualquiera que diga lo contrario se equivoca, o quizá deba reevaluar sus propias fuentes, porque aquello ha dejado de ser una labor crítica y ha pasado a ser un asunto más doctrinario.

 

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