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Desde inicios del Siglo XX el gobierno mexicano se caracterizó por un constante centralismo y una institución presidencial paternalista fundamentada en un partido hegemónico (PRI). Como habíamos mencionado, la influencia que el colonialismo había tenido en la administración estatal mexicana no es un factor despreciable cuando se habla de conflictos migratorios.

El racismo implícito en la estructura de castas configuró las concepciones axiológicas del grueso de la población mexicana, si no es que todavía las llegue a configurar hoy en día. Dicha estructura postra cierta clase privilegiada a través de factores supuestamente biológicos y hereditarios que legitiman su dirección política, a diferencia otras democracias latinoamericanas, con excepción de Argentina, Uruguay y Chile.

El primer reto de las sociedades democráticas, en torno a las políticas migratorias tiene relación con el factor étnico de la población migrante. Nada hace más patente esta clase de segregación que las políticas públicas en torno del indígena, a quien se le aprecia sólo a través del Mexican Curious; es decir lo meramente folclórico y extravagante.

El segundo reto se establece a través del desvanecimiento de las fronteras políticas cuyo carácter fáctico es rebasado por carácter cultural o ‘simbólico’, por decirlo de alguna manera. Esto se debe al avance que han tenido las nuevas ‘Tecnologías de la Información y la Comunicación’ (TIC), además del libre acceso que la población tiene de ellas. En consecuencia, es posible hablar de nuevos escenarios para la convivencia humana.[i]

La idea de que «existe una búsqueda de invisibilidad de los migrantes indocumentados, como una forma de escapar al control de su movilidad» debe ser acotada por ser, en cierto sentido, una condicionante para el Estado y no para los individuos; especialmente cuando se trata de la defensa de sus Derechos Humanos, lo que hace intrascendente la nacionalidad que le respalde.

Autores como Néstor García Canclini ya hablaban de la clase de fenómenos culturales de hibridación producidos por los fenómenos migratorios.[ii] Para Canclini el migrante tiene que atravesar una transición peculiar, de lo tradicional a lo moderno. Para ellos lo culto, lo popular y lo masivo son categorías que se entrelazan para producir medios de subsistencia.

La migración ha dejado de ser un evento singular, se ha reconfigurado a sí misma, del mismo modo que ha reconfigurado nuestra forma de vivir y sobrevivir en las sociedades plurales; interpelando nuestros prejuicios de antaño y generando nuevas maneras de interpretar nuestra realidad.[iii]

Los fenómenos migratorios nos orillan a reconsiderar nuestras concepciones de la diversidad, tanto en asuntos factuales como en asuntos cognitivos, éticos y estéticos. Es necesario un constante diálogo intercultural en el que el significado de los conceptos y valores sean redefinidos a la luz de los fenómenos migratorios.

[i] Comento esto a colación de un extracto de Fátima Mernissi, seleccionado como epígrafe por Miguel Alberto Bartolomé en su ensayo: “Fronteras Estatales y fronteras étnicas en América Latina. Notas sobre el espacio, la temporalidad y el pensamiento de la diferencia” contenido en Vel08 que transcribo  Sobre este planteamiento Javier Echeverría tiene mucho que aportar a la discusión en: [Echeverría, (2005)] y [Echeverría, (2000) disponible en: http://www.rieoei.org/rie24a01.htm (última consulta el 31/08/15)]

[ii] García Canclini, Néstor (1989)

[iii] Pries, (2002)

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