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Con una economía devastada, Estados Unidos buscó establecer una industria que aprovechara los acontecimientos bélicos de la Segunda Guerra Mundial. Es por ello que requería de mayor fuerza de trabajo, a condición de una inversión mínima. Ello implicaría sostener el flujo migratorio anterior sin la ampliación de nuevos centros urbanos para su residencia. Es aquí donde el migrante mexicano cobra suma importancia para la economía americana, puesto que su cercanía geográfica permitiría una repatriación sencilla.

El acuerdo pactado entre los gobiernos mexicano y estadounidense denominado Programa Bracero establece la contratación legal de trabajadores mexicanos, sin precedentes en ambos Estados. De esa manera se solventaba la escasez de mano de obra, al nutrir de soldados el frente europeo. Según García y Griego[i] el Programa Bracero se caracteriza, entre otras cosas, por ser la primera vez que mexicanos fueron reclutados por el Estado, para laborar legalmente en territorio estadounidense, tanto en actividades agrícolas como no agrícolas. Además de ser un periodo de extraordinario crecimiento económico y gran demanda laboral en los EEUU. Aunado a ello, también representó el único periodo en el que el gobierno mexicano parece haber llevado la batuta en las negociaciones.

Este Programa no finalizó sino después de ciertos problemas diplomáticos entre los gobiernos de EEUU y México; sumando al fin de la guerra y el comienzo de acciones policiales, como Operación Espaldamojada. De ese modo se da por terminado el programa en 1964 con una duración aproximada de 22 años.[ii]

[i] García Griego, Manuel, Op. Cit.: pp. 13 y ss.

[ii] García y Griego, op. Cit.

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