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Educados en EEUU, cada quien contribuye a establecer las claves metodológicas para los estudios migratorios subsecuentes. Para Redfield, por ejemplo, su objetivo se encontraba en describir pormenorizadamente las relaciones interétnicas de los migrantes en los espacios de vivienda y trabajo.[i] Se las ingenia para registrar en su diario de campo inconcluso la manera en que los trabajadores mexicanos consideraban casi una ofensa ser naturalizado estadounidense.[ii]

El nacionalismo mexicano se encontraba arraigado desde los estratos económicos más bajos, desde el más pelado hasta el más catrín. Gamio no es la excepción de la regla, de hecho es uno de sus mayores representantes.[iii]

Volvamos sobre nuestros pasos, somos testigos mudos de los primeros retoños de la estructuración del Estado-nación mexicano. Según la perspectiva de Benedict Anderson «…el Estado-nación en Occidente fue conceptualizado como una agrupación de individuos y pueblos asociados por contrato, que acordaron someterse a un poder soberano y asumir una voluntad general entendida como conjunto de leyes que en teoría debería regir a todos por igual.»[iv]. En ese sentido una nación se define de este modo: «una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana[v]

En otras palabras, y siguiendo el pensamiento de Anderson, una Nación es imaginada porque, en la comunión de los distintos miembros, nunca habrá un contacto directo; es limitada por sus fronteras territoriales, más allá de las cuales hay otras naciones; es soberana ante la necesidad de un orden legítimamente jerárquico y, por último, se concibe como una comunidad porque sin importar la desigualdad natural, la nación es una especie de fraternidad horizontal. El principal objetivo es homogeneizar la diferencia con el objetivo de consolidar un proyecto unitario, mucho más sencillo de administrar.

Dentro de este esquema, Manuel Gamio, uno de los padres fundadores de la escuela antropológica mexicana, opina que «la migración era un flujo predominantemente temporal, pautado por los ciclos de ciertas actividades económicas, en especial la agricultura y la industria, en Estado Unidos, así como por las crisis y conflictos por los que había atravesado México.»[vi] Ello implicaba costos y beneficios por parte de los dos países.

Gamio calculaba que, de un total de 583, 957 migrantes –de 1920 a 1928-, 697, 257 habían regresado a territorio mexicano, por lo que veía con bueno ojos la repatriación del migrante tras el enriquecimiento económico[vii]. Su mayor opositor fue la iglesia católica, quien veía con malos ojos la migración, debido a la influencia protestante que esta acarrearía; promoviendo una constante propaganda antimigrante en todo el país.

Por su parte, Gamio desestimaba la influencia de la cultura americana en los mexicanos. Para él, como para muchos otros más, la migración representaba un acontecimiento temporal, organizado a través de ciertos ciclos de actividades económicas –agriculturales e industriales, propias del país vecino- así como los conflictos armados.

Tras el implemento de una nueva legislación, para 1921 la migración europea fue restringida a ciertas cuotas nacionales, lo que favoreció al uso de la mano de obra mexicana por su cercanía geográfica y facilidad de repatriación. Los mexicanos habían sido considerados como una migración laboral, cuyas características más importantes fueron su temporalidad y estacionalidad. Esto convenía a la nueva legislación pues no tenía que lidiar con la migración europea estacionaria. Sumado a que, tras la gran depresión, 345, 000 mexicanos fueron repatriados entre 1929-1930. El perfil que antecedía al migrante mexicano como temporal e itinerante, permitió la implementación de las relaciones bilaterales establecidas en el llamado Programa Bracero a partir de los años 40’s[viii]

[i] Arias & Durand (2008)

[ii] Arias & Durand, Op Cit..

[iii]Gamio, (1916)

[iv] Anderson, (1993)

[v] Anderson, Op.Cit.: p.23 las cursivas son mías.

[vi] Gamio en: Durand, (1991)

[vii] Durand, 1991: Op.Cit.

[viii] García y Griego, (1981)

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