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Aquí es donde surge uno de los principales problemas interfronterizos, entre nación y nación: ¿Qué tipo de población-migrante representa esta clase de categoría adoptada por los nacidos tras la anexión estadounidense del territorio mexicano?

Ciertos autores[i] distinguen tres tipos específicos de poblaciones fronterizas de acuerdo a su adscripción étnica:

  • Los que comparten vínculos étnicos a través de la frontera (como es el caso de los mexicanos en la frontera México-Estados Unidos o los mayas entre México-Guatemala)
  • Los que difieren en términos étnicos de los residentes en el propio Estado (como los hmong en Estados Unidos o los chinos en México)
  • Los que son miembros de la mayoría nacional en su Estado sin guardar vínculos étnicos en la frontera estatal (como los Swaps en Estados Unidos).

No es casual que México resulte paradigmático en cuestión de conflictos interculturales fronterizos por su carácter poroso. Vayamos todavía más lejos.

Desde las distintas clasificaciones migratorias, empleadas por el Estado americano, durante las primeras décadas del siglo XX, la migración masculina fue mucho más significativa, dado que la principal razón de migración era de orden laboral; esto nos llevaría a un indiscutible carácter de género en los fenómenos migratorios.

Es preferible cuestionar el carácter singularmente migratorio del mexicano y sustituirlo por un carácter de orden migratorio-laboral. No es lo mismo un trabajado que sólo busca los medios de subsistencia y envía remesas a su familia (quienes permanecen en territorio nacional) al que en definitiva lleva consigo todas las pertenencias que puede cargar para establecer un nuevo espacio de residencia.

Para entonces, y en términos generales, el mexicano promedio no se autoadscribía  como residente definitivo sino como trabajador eventual, ya que el objetivo directo siempre fueron las ganancias económicas a corto plazo, seguido de una reintegración al territorio mexicano. En ese sentido no es lo mismo el migrante que es atraído por la bonanza económica del Estado vecino al refugiado político que huye del conflicto  revolucionario.

La migración era vista como un fenómeno singular, es decir que se experimentaba cuando mucho una vez en la vida. Tras haber adquirido los recursos económicos necesarios, el migrante retornaba a su lugar de origen. Hoy en día, el constante flujo migratorio nos hace pensar en la vigencia de dicha clase de migración singular, especialmente a la luz del tráfico indocumentado y la reincidencia migratoria ante el aumento de la pobreza nacional.[ii]

La migración mexicana como un fenómeno singular, a principios del siglo XX, incrementó durante el par de décadas subsiguientes; hasta desplomarse después de 1929, tras ser deportados por el propio Estado. Los trabajos académicos, que registran formalmente este periodo, del otro lado del río, son escasos. No obstante, destacan los esfuerzos de tres de los principales pioneros en los estudios migratorios actuales: Manuel Gamio y Robert Redfield[iii].

[i] Wilson & Hasting, (2000): p.17

[ii] Para cuando escribo estas palabra el diario economista publica: « El número de personas en pobreza subió a 46.2% de la población el año pasado desde el 45.5% registrado en el 2012. La cifra equivale a unos 55.3 millones de personas en 2014, frente a las 53.3 millones en el informe del 2012, según cifras del Coneval.» Fuente: http://eleconomista.com.mx/sociedad/2015/07/23/dos-anos-se-sumaron-dos-millones-personas-las-filas-pobreza-mexico (última consulta: 13/09/15)

[iii] Arias, (2011)

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