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Es necesario ofrecer primero una perspectiva histórica del fenómeno migratorio; pues si por migración comprendemos el simple desplazamiento geográfico de individuos o grupos, podríamos asumir que todas las consecuencias de este ‘desplazamiento’ siempre han existido desde que las primeras Ciudades-Estado ofrecieron su dominio y protección[i]. No obstante, es más complejo que eso. Los fenómenos migratorios, a partir de la génesis de los Estados-nación, poco o nada se asemejan a lo que fueron durante el establecimiento de las civilizaciones occidentales.

No es posible hablar del establecimiento institucional del Estado-nación mexicano sino hasta mediados del siglo veinte. El nacionalismo mexicano fue un proceso que llevó siglos preparar. Autores como Brading[ii] son capaces de rastrear los primeros indicios desde el siglo XVI. No obstante, la manifestación ideológica  del nacionalismo mexicano, institucionalmente hablando, sólo cobra importancia en el periodo posrevolucionario con la fundación del PNR, antecedente del actual Partido de la Revolución Institucional.

Por supuesto la influencia de las instituciones coloniales tuvieron, y quizá todavía tienen, un papel determinante en la configuración del concepto de migración en México. La división de castas establece un modo particular de concebir la propia pluralidad étnica de la colonia. Por supuesto esto no beneficiaba al proyecto liberal, predominantemente criollo, que buscaba la unificación nacional mediante la asimilación de la “minoría” étnica[iii]

Para 1910, todavía es bastante complejo elaborar una cifra precisa de cuánta era la población migrante mexicana de este lado de la frontera, ya no digamos la población indígena. El destino de mayor relevancia, por supuesto, siempre fue Estados Unidos; es por eso que los censos efectuados a partir de la fundación del US Federal Census Bureau (1903) son una valiosa fuente de información para conocernos a nosotros mismos.

A eso último se podría objetar: debido a que la estancia laboral mexicana era muy poco estable, no era posible generar un censo detallado al respecto del total de la población mexicana residente en Estados Unidos. Para entonces la economía mexicana estaba devastada y la estabilidad política del régimen porfirista pendía de un hilo lo que no explica la razón por la cual la población mexicana acostumbraba regresar, toda vez que las condiciones laborales eran superiores del otro lado de la frontera.

Para 1910 el régimen porfirista encarcelaba o ejecutaba a sus oponentes políticos, obligándolos indirectamente a defenderse.[iv] Tras las fallidas elecciones federales en 1910, Francisco I. Madero convenció a las élites políticas de levantarse en armas ese mismo año. No hace falta decir que, en lo que resta de la década, deviene una hostil oposición insurgente; sofocada de momento en momento con el asesinato de un caudillo por otro, hasta recuperar cierta estabilidad política y social ya montados en los 20’s.

Mucho de lo que se puede decir al respecto de la primera década del siglo XX se trata en suma, como una retrospectiva de los supervivientes. Aunque bien podríamos servirnos de los testimonios populares dejados por los corridos revolucionarios, como un documento etnográfico invaluable, estos no hablan demasiado de los fenómenos migratorios del México postrevolucionario. Verbigracia:

Adiós mi patria querida:

Yo ya me voy a ausentar,

Me voy para Estados Unidos,

Donde pienso trabajar,

[…]

Pues yo no tengo la culpa

Que abandone así mi tierra

La culpa es de la pobreza

Que nos tiene en la miseria.[v]

[i] Toda especulación sobre la fundación del Estado primitivo, esconde meras especulaciones míticas. No podemos afirmar ni negar nada sin suficiente evidencia al respecto de las primeras migraciones humanas, ni cuando el hombre primitivo concibió la compleja idea de propiedad. De lo que podemos estar seguros es que los fenómenos migratorios actuales deben comenzar específicamente a finales del siglo XVIII con la fundación de los Estados-nación modernos. Siguiendo esta hipótesis, podríamos afirmar que los principales rasgos que caracterizan la migración en la actualidad, no tendrían más de trescientos años de existencia.

[ii] Brading, (1988)

[iii] Decir minoría es relativo. El papel del indígena en las políticas públicas del siglo XVIII y gran parte del XIX es casi nimio; se puede resumir en una serie rebeliones campesinas y por supuesto las pétreas figuras de don Benito Juárez e Ignacio Manuel Altamirano. Para principio del siglo XX su figura cobra mayor importancia, no obstante el indígena se sigue viendo tras el cristal del paternalismo criollo para quien el indígena no representa otra cosa sino un relativo “menor de edad” que debe ser guiado por sus congéneres mestizos y de raza blanca.

[iv] Womack, 1991: The Mexican Revolution 1910-1920 en Bethel, (1991)

[v] Corrido rescatado del libro: Herrera (1993). Lo tomo prestado del artículo: Los efectos demográficos de la revolución mexicana en Estados Unidos. Myron P. Gutmann, Robert McCaa, Rodolfo Gutiérrez-Montes, Brian Gratton y Lucrecia Orensanz. (2000)

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