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I

Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros.

“Rebelión en la Granja”, Geroges Orwell

Ésta frase que se encuentra en el capítulo final de la novela Rebelión en la Granja (1945) de Georges Orwell, expone uno de los principios, no aceptados abiertamente, por el capitalismo actual: los seres humanos no son iguales aunque se promulgue que todos tienen los mismos derechos.

La desigualdad no es única del capitalismo: en el feudalismo, socialismo, liberalismo existe, pero el capitalismo o neoliberalismo actual, que es el sistema global, promulga que todos tienen y comparten los mismos derechos, derechos que en los demás sistemas no son para todos. Se dice que todos son iguales ante la ley, que tienen derecho la educación, a no ser discriminados, que la mujer y el hombre son iguales etc. La teoría, el derecho y la ética, promueve la igualdad, pero en la práctica el sistema económico no permite una aplicación correcta. El capitalismo coloca por encima  de la cultura y la vida la riqueza. Vale más un millón de dólares que una vida humana. Pero también hay contradicciones: la vida de algunos seres humanos es invaluable, y vale más que la vida de otros. La vida de un presidente como Putin u Obama vale más que la de cualquier niño. Sus guardaespaldas, militares, policías y elementos de seguridad, darían su vida por salvar la del presidente antes que la de cualquier ciudadano, aunque en la práctica puede que uno de éstos prefiera salvar al ciudadano.

Yendo a un caso cercano, el 29 de diciembre nos enteramos que el joven Ethan Couch, prófugo de la cárcel, había infringido su condena condicional de diez años por haber salido del estado de Texas. Se encontraba en Puerto Vallara. Su condena que fue reducida de veinte a diez años, fue impuesta en 2013 por haber matado a cuatro personas y herido otras nueve al manejar de estado de alcoholismo. Su sentencia fue reducida porque estaba intóxicado y sufría de affluenza. Neologismo que junta affluence & influenza o en español afluencia e influenza,  y refiere a una enfermedad que se propaga y  les da a los niños ricos, por suponer que con su riqueza están sobre todos y sobre todo. No miden sus consecuencias, su condición psicológica no les permite reconocer que sus actos son erróneos, ya que al tener todo y poder conseguir todo, piensan que no hay límites para sus acciones.

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Así como en Norteamérica en México también hay casos de affluenza. Adriana Geraldine Aquino Justo o #ladyTuleña el 26 de diciembre de 2015 a las 00:30 horas, atropelló a un motociclista. Iba en estado de ebriedad y nunca quiso reconocer su culpa. Su argumento para salir del apuro era que ella lo pagaba todo. La vida del motociclista le daba igual, ella podía pagar su funeral o el hospital. Hasta ahora no se ha hecho cargo del hombre, que está vivo.

 II

Todos cometemos errores y podemos cometer barbaridades, pero estas personas no reconocen su culpa. El poder sea económico o político, disloca a las personas de su realidad, creen que pueden hacer lo que quieran y que nada les va a afectar. La affluenza o enfermedad de los niños ricos, no es nueva porque la desigualdad siempre ha existido, pero el sistema actual la destaca al mostrar la contradicción de ensalzar por un lado los derechos y, por otro lado, negar esa igualdad al aceptar que el dinero tiene más valor que los mismos derechos. Decimos que todos somos iguales pero no es cierto, no se da la misma importancia a las personas. Además, se puede obtener riqueza sin tener estudios, cultura o dignidad. Cuántos políticos corruptos, narcos y traficantes de armas, drogas y mujeres, van a comer a restaurantes de lujos en París o New York. Se sienten diferentes y especiales, pero no lo son. Un hombre millonario no vale más que un vagabundo, su riqueza no muestra nada, si se la quitamos serían iguales, si se la damos al vagabundo y lo vestimos como rico pasara por ser un hombre de éxito. Si decimos que la actitud, trabajo e inteligencia llevan a la cumbre del éxito y riqueza, podríamos admitir que hay ciertas habilidades que nos distinguen, pero tampoco el éxito tiene que ver con la habilidad de obtener riquezas. Las revistas les fascinan pintarnos imágenes de hombres sonrientes y adinerados, pero no hay tal identidad entre el éxito y la riqueza.

El éxito se define en la RAE como

  1. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.,
  2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.,
  3. m. p.us. Fin o terminación de un negocio o asunto.

Una persona puede conseguir éxito al terminar de escribir un libro o una tesis, pues lleva a buen resultado su objetivo. Pero la visión enferma del éxito de estar sobre todo y sobre todos es existimo. Los argentinos, chilenos y uruguayos han llamado exitismo el afán desmedido de éxito que impregna a la sociedad actual.

No me sorprende la estupidez de las personas, sino que vean en la estupidez la meta del éxito.

Muchos quieren tener éxito y lograr sus metas, pero son metas erróneas; el exitismo así como la affluenza son síntomas de un sistema económico enfermo. Un sistema sano optaría por mejorar al ser humano en sus aspectos epistémicos, espirituales, artísticos y científicos, mientras que en el capitalismo, todo esto lo ve como un agregado del sistema, y lo que vale mejorar es el comercio. Así mismo, todo proyecto cultural debe ser rentable.

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En este sistema predomina lo monetario a la vida, tanto así que famosos y artistas aunque sean ignorantes, vulgares y de condición abyecta, son vistos como ejemplos de éxito en la vida. No importa su calidad de vida o grandeza de espíritu, lo que vale es que tienen dinero. El éxito no tiene nada que ver con esa condición vulgar y tonta de la actualidad. Pero como vemos ésta es una visión falsa del éxito, y esta visión nos ha llevado a pensar que con dinero todo es posible. Ethan Couch y Adriana Geraldine son culpables de sus actos aunque no logren ver la magnitud de sus acciones. El sistema no los justifica y tampoco los exime. La affluenza es un síntoma que nos indica que nosotros hemos dejado que la vida sea medida y cuantificada, y además empobrecida. El dinero es un medio no un fin. Necesitamos del dinero para vivir, pero no lo es todo. Tampoco aquí hablamos de que el dinero sea lo malo y la pobreza lo bueno. El asunto es mostrar que la enfermedad que sufren los “niños ricos” es un efecto del capitalismo. Y lo peor de todo es que la enfermedad persiste hasta la adultez, sólo hay que observar cuantos políticos y empresarios se creen intocables e invaluables en el mundo, sólo porque tienen riquezas. Además de que hacen lo que se les dé la gana.

Cuando un sicario cumple su trabajo o un hombre vende a su hija, no puede ver a esa persona más que como mercancía. He ahí la pobreza a la que hemos llegado: a la negación del otro como ser humano. No sé para qué exigir derechos e igualdad cuando el mismo sistema nos niega cuidar esa igualdad.

 

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