Etiquetas

, , , , ,

El 4 de noviembre del 2015, me levanté temprano para salir en bicicleta con algunos compañeros, cuando llegué a encontrarme con ellos me preguntan si he visto el mensaje de alerta de la universidad donde avisan que ha habido un incidente dentro del campus con instrucciones de lo que se debe y de lo que no se debe hacer; permanecer en un sitio seguro, lejos del edificio dónde todo ocurrió o si se encontraba uno fuera del campus deberíamos permanecer fuera. Entonces permanecimos fuera, conforme va pasando el día va saliendo a la luz más información sobre lo ocurrido.

Me sorprendió darme cuenta de que se ha matado al sospechoso dentro del campus, pues no es la primera ni la última vez que pasa algo similar en las universidades de Estados Unidos. Cuando los casos no tienen relación con algún ataque religioso o político, cuando en cambio, el ataque es llevado acabo por venganza, rencor, parece ser que los sospechosos tienen características similares: personas solitarias, de pocas palabras, pocos amigos. Hay algo que claramente no está bien en esas personas, pero matarlas no ayudará a entender qué es lo que pasa.

Este es un problema que no tiene una sola raíz sino muchas, la facilidad con que una persona puede hacerse de un arma de fuego, comportamientos violentos dentro del círculo familiar, la presión y el estrés que se vive dentro de los campus universitarios, se dice que la gran mayoría son de clase media baja, podríamos hablar de muchas otras causas o cosas que hayan hecho posible para los perpetradores llevar a cabo sus actos.

Lo preocupante del asunto es que nadie quiere hablar de ello, como estudiantes o profesores se prefiere callar la mayoría de veces, si te sientes triste, con miedo, estresado o preocupado por lo ocurrido lo correcto es  hablar con los “councelors” del campus. Te recomiendan que hables de cómo te sientes con tus amigos o familiares pero nadie quiere hablar de ello, todos prefieren callar. No es políticamente correcto hablar de ello en el campus, al menos eso me tocó vivir. Los estudiantes no se preguntan por qué, ellos sólo buscan sentirse seguros dentro de su universidad y si la policía ha actuado y se ha dado una versión oficial de los hechos, en su mayoría, acepta la versión y calla.

De esto no se hablará, no se preguntará dentro de la universidad, seguramente sólo se hará un acto simbólico cada 4 de noviembre en memoria del estudiante fallecido: el sospechoso. ¿Por qué los estudiantes buscan remediar sus conflictos de esa manera?, ¿por qué es tan fácil apuñalar o dispararle a alguien? ¿Por qué es más fácil matar a la persona que detenerla y buscar un por qué de sus actos? Se señalan algunas veces, problemas mentales y si así fuera ¿por qué no se quiere buscar la causa de esos problemas mentales? Los estudiantes creen que no es asunto suyo, no se debe hablar de ello, ¿por qué? Tampoco saben dar una respuesta. Pero se entiende que es porque no quieren ofender a nadie con sus comentarios pero ¿qué le esperará a esta generación que no quiere hablar, ni preguntar?

Se decía días después que se debe seguir viviendo, que ese suceso no define a la universidad ni a sus estudiantes ni a todo aquel que trabaja ahí, que eso sólo los ha hecho más fuertes, ¿qué me hizo a mí? No me hizo más fuerte, es más me hizo darme cuenta de lo contrario, ¿me definió? No estoy ni segura de lo que quieren decir con eso, pero sí es algo que ha cambiado mi manera de ver al mundo, ¿puedo seguir viviendo como si eso no hubiese ocurrido o ya se ha quedado en el pasado? ¿Cómo fue tan fácil para ellos callarlo y seguir con sus vidas? Seguramente no soy la única que ha vivido algo así y ha querido hablar de ello pero imposible hacerlo con personas que sólo quieren callar. El estudiante calla porque piensa que no es su papel, o porque piensa que nadie lo escucha pero si no empieza a hablar tendrá por seguro que nunca se le escuchará.

Más información al respecto:

Tiroteos masivos en EEUU: El debate que se avecina entre la “liberación” del mercado de armas o su regulación

Anuncios