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Sándor Károly Henrik Grosschmid de Máram, mejor conocido en el mundo de la literatura como Sándor Márai es un escritor y destacado analista literario, nacido Eslovaquia a principios del siglo XX. De entre sus obras más importantes destacan El último Encuentro, La herencia de Eszter, Divorcio en Buda, La mujer justa y Confesiones de un burgués. Traducido a varios idiomas, cabe mencionar el esfuerzo que ha hecho editorial Salamandra para traernos, directamente del húngaro, sus obras más importantes al español. «Periodista, novelista y dramaturgo, y opositor al régimen hitleriano, vivió el mundo europeo de los años de entreguerras y fue ciudadano de Budapest, Leipzig, Weimar, Múnich y Berlín. Tolerado por los soviéticos durante la ocupación de Hungría y, calificado de “escritor decadente y burgués”, Márai se dio un tiro en San Diego, California, en 1989.»

El último encuentro es una novela narra las últimas etapas de la burguesía húngara a través de una portentosa reflexión psicológica y descriptiva. Su personaje principal, el general Henrick, también referido en el libro bajo otros apelativos –como “el hijo del guardia imperial, mientras es joven– se encuentra lejos de manifestar su propia personalidad; a no ser mediante sus recuerdos y amargura de anciano octogenario; recuerdos que él mismo se ha ocupado en amainar a lo largo de la última mitad de su vida, a través de interminables y solitarias cavilaciones.

Lo del general Henrick es un guisado, muy condimentado y marinado, de cerca de cuarentaiún años; desde la desaparición/huida de su mejor amigo Konrád y la consecuente muerte de su esposa Kriztina hasta el momento en el que ambos se vuelven a encontrar –seguramente, como lo sentencia el título de la obra, por última vez-

El contexto es bastante complejo porque no sólo estamos hablando de la historia de una vida -casualmente vinculada a la aristocracia húngara- hablamos de la historia y decadencia de una dinastía (los Habsburgo tras la fallida revolución húngara de 1848, y desestimación del Imperio austrohúngaro; venido a menos después de la primera guerra, donde el joven Henrick alcanza el nivel de General). Además de ello, su propia historia se entrelaza en el cauce irreconciliable de los «usos y costumbres» tradicionales europeos, en abierto duelo con lo que se encuentran muy lejos de comprender -y que, por falta de otro apelativo útil, le llaman de manera homogénea «modernidad».

La novela se divide en dos partes; la primera habla sobre las memorias del General Henrick, la segunda sobre el enfrentamiento entre el General y el retorno de su mejor y único amigo de toda la vida Konrád; quien, tras haber intercambiaado un par de datos sobre su vida, el general increpa para ofrecerle dos cuestiones –para nada cruciales, una de las cuales se queda sin responder- con el único objetivo de que sus almas puedan tomar distancia una de otra y desaparecer en el olvido.

Una novela para olvidar, su cuerpo está planteado como un preámbulo al fin de un último encuentro anticipado; con un desenlace no menos que previsible, atento a un amargo fatalismo de mortalidad, olvido e intrascendencia. Al leer la novela tienes la sensación de atravesar un destello idílico de amistad, pero en cuanto comienzas a envidiar ese pasado idílico, comienzas a adivinar su debacle, pues como bien lo llega a anticipar el autor ese tipo de cosas no están hechas para durar.

Márai proporciona cierta dosis controlada de intriga, misma que guía al lector por una sutil corriente de emociones producidas bajo la condición endeble de los personajes; quienes se dejan llevar por ellas como marionetas de sus propias culpas. Así, uno por no ceder ante su propio impulso homicida, otro por prolongar el letargo del compromiso y otro más por permitirse avasallar por las nuevas costumbres; cada personaje establece un entramado un tanto cómico, como cómica es la vida vista a través de los lentes de un desadaptado social como el General.

Cada persona que llegó a vinculársele, permanece en su casa como si fuese un fantasma, inclusive las personas que siguen vivas y que se encuentran frente a él; como la nana que lo crio a lo largo de toda su vida o el amigo que pasa junto él hasta despedirse para siembre cobijado por la oscuridad de la madrugada. El general prolonga esta despedida, puesto que no necesita saber lo que ha llegado a asumir a lo largo de los años, pero se obstina en confirmar sus sospechas mediante el lenguaje mudo de las expresiones corporales, algo que Konrád parece interesado en dejar saldado para morir tranquilamente. Por supuesto, este lenguaje es terreno vetado para nosotros como lectores, a pesar de que podemos imaginarlo mediante la pormenorizada descripción de los detalles cuasi teatralizados.

De hecho, pareciera que la novela fuese pensada para ser teatralizada y, en efecto, así es. A partir de diciembre, la Compañía Nacional de Teatro, está representando El último encuentro cuenta con la participación de Marta Verduzco, Mariana Giménez, Luis Rábago, Juan Carlos Remolina, David Calderón, Ricardo Leal y Rodrigo Alonso; bajo la dirección de Salvador Flores.

La temporada de la puesta en escena será del 3 al 13 de diciembre de 2015 y del 17 al 31 de enero de 2016 en la Sala Héctor Mendoza, ubicada en Francisco Sosa 159, entre Melchor Ocampo y Encantada, colonia Barrio de Santa Catarina, Coyoacán. Entrada libre, cupo limitado. Informes y reservaciones: publicos.cnteatro@inba.gob.mx

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