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Considerando la saliva como el núcleo de la presentación, primero deberíamos definir nuestro objeto de estudio: La saliva, un líquido secretado por una multitud de animales que en muchos aspectos se suele su importancia para la vida diaria como un líquido asqueroso y desagradable, con el que podría insultar a mi peor enemigo.

De una composición es viscosa que puede variar según el nivel de hidratación y pH, que oscila entre los 6.5 y 7.4, la saliva es secretada por las tres glándulas pares (parótida, submaxilar, sublingual), localizadas en la cavidad bucal. Su función principal es la de reblandecer los alimentos, facilitar su deglución e iniciar la digestión. Se compone principalmente de agua, el solvente universal.  Pero también cuenta con Iones de cloruro, bicarbonato y fosfato, moco, además de una serie de enzimas cuya función es sumamente variada; van desde la combatir los microbios de los alimentos, proteger los dientes de la caries, comenzar la degradación de los alimentos al contribuir con la digestión, inhibir la formación de hongos e inclusive puede llegar a ser un analgésico natural.[1]

Plinio el viejo recomendaba la saliva «para el tratamiento de la lepra ulcerosa, los dolores de cuello, las enfermedades de los ojos y la epilepsia[2], entre otras dolencias.»[3]

Teodoro de Almeida, en su Recreación filosófica ó Diálogo sobre la Filosofía natural: para instrucción de personas curiosas que no frequentáron las aulas, dirá: «No penséis, Eugenio, que la saliva es un humor inútil y superfluo; que antes es muy necesario para que empiece la digestión de la comida y se perciba bien su sabor».

Aprovecharé esta cita para preguntar ¿Alguien sabe qué sabor tiene su saliva? ¿Podríamos afirmar con certeza la insipidez de la saliva? ¡Tan noble vehículo es la saliva que cortésmente desplaza su protagonismo en la bella función del gusto y la deglución a otro!

O quizá sea que la saliva sólo se encuentre en una etapa temprana de nuestra deglución, aquella donde la degradación bucal pasa por una degradación básica o simple. Esta fase es conocida como «fase oral», nombre que casualmente coincide con la primera fase de la evolución libidinosa; en donde el placer sexual está ligado entonces predominantemente a la excitación de la cavidad bucal y de los labios, que acompaña a la alimentación.

[1] Lisozima, ptialina, estaterina. Investigadores del Instituto Pasteur de París han descubierto un analgésico natural en la saliva humana que es hasta seis veces más potente que la morfina para calmar el dolor, según un artículo publicado en noviembre de 2006 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. La saliva es viscosa debido al ácido ciálico contenido en ella.

[2] Plinio el Viejo (1962): Historia Natural. lib. XXVIII, cap VII, estr. 35-39, ps. 31-32 y cap. XXII, estr. 76, p. 46.

[3] Tomado de: Cabanes Jiménez, Pilar: La Medicina en la Historia Medieval Cristiana. Universidad de Cádiz. Disponible en red: https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero32/medicime.html

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