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Crecí en un pueblo donde un sinónimo de madurez era el de poder carraspear la garganta, casi al grado de rasgarla, y lanzar un escupitajo a un lado del camino. Por supuesto no me enorgullezco al decir que llegué a admirar a los viejos borrachos que podían lanzar un gargajo con tal precisión que empaparían una liebre. Es por ello que en mi primera infancia, jugaba con la saliva dentro de mi boca hasta acumular la suficiente para lanzar un chorro decente. Hasta que me sorprendió mi madre.

De un golpe en la nuca me hizo reaccionar de mi estupor, puesto se requería mucha concentración para juntar tanta saliva, y me tragué el líquido acuoso de golpe sin chistar no sin ver la cara de asco de mi madre. Desde entonces me fue proscrito hacer lo mismo que hacían los viejos teporochos del pueblo y de no ser por una invitación de Alberto Torrentera para presentar su libro “escupideras” no hubiera podido recuperar esta anécdota del baúl de mis recuerdos reprimidos.

Si usted lector, me imagino, también arrugó la cara de asco cuando pensó en mi reacción quizá debería pensarlo dos veces. Después de todo ¿Está prohibido gozar de su propia saliva? Naturalmente la producimos ¿Por qué ser tan recatados? ¿Por qué sentir vergüenza de algo que nosotros producimos? La importancia de la saliva para la vida diaria está infravalorada. Y si existen blogs dedicados única y exclusivamente al ciclo menstrual, que no es por ser reiterativo ni discriminar a las féminas pero, sucede una breve temporada al mes ¿Por qué no dedicarle un par de entradas a la saliva que usamos desde que nacemos y usaremos hasta el fin de nuestros días?

Antes que nada me gustaría agradecer a Alberto Torrentera por haberme solicitado presentar su libro de poesía, ha sido toda una sorpresa poder conocer este aspecto de él; aunque mentiría si dijera que me encontró desprevenido: pareciera como si cada poema tuviera su sello personal, una especie de marca de agua, o mejor dicho de “saliva”. Es por ello que, como una muestra de correspondiente cortesía, comencé a redactar este breve texto titulado: Apología de la saliva: Preludio al escupitajo.

Como el título anticipa, es una apología pero al mismo tiempo un preludio. Apología porque busca reivindicar el papel de la saliva para la vida rutinaria, pero también es un preludio algo que, como su nombre lo indica, es un paso previo del juego de la saliva. En verdad me he divertido mucho redactando esta serie de artículos y espero que también ustedes se diviertan leyéndolo. Ahora, a desarrugar las narices y a reflexionar: ¿Por qué es importante la saliva? ¿Alguna pista?

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