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Maus es un método de autoexploración espiritual para los Spiegelman. El padre profundiza en los terrenos de su vida a través de su propia narración, lo que le ayuda a establecer jerarquías de importancia entre lo que debe ser apreciado de lo que no. Por supuesto, el primero en disentir en esta jerarquía es su propio hijo, quien inclusive se dibuja a sí mismo prometiendo no dibujar lo que su padre desprecia de sí, e inclusive considera un acto de traición que él desprecie lo que él considere invaluable, como fue con los diarios de su madre. No hay personajes más disímiles  en la historia de Maus que Art y su padre.

Vladek vive con Mala, la eventual madrastra de Art, quien parece reflejar sus mismos problemas al ver en Anja, su difunta rival un obstáculo infranqueable, de cuyo recuerdo se siente profana, a pesar de que Mala también fue una superviviente de la guerra. Análogo a ella está Art, quien ve en Richeau, su finado hermano, un rival sin parangón. La muerte ha petrificado su recuerdo y es Vladek quien vive en ese limbo de estatuas etéreas sin encontrar en el mundo real un referente digno.Maus3

Art expresa la frustración que le produce convivir con esta clase de remordimientos en su psique, sentimientos que le deprimen conforme avanza la historia.

“Pensaba en mi libro… -le habla Art a su novia, aunque más bien parece un monólogo- es muy pretencioso por mi parte. Es decir, que soy incapaz de darle un sentido a mi relación con mi padre… ¿Cómo voy a dárselo a Auschwitz, al holocausto. Cuando era pequeño, solía pensar a cuál de mis padres dejaría que se llevaran los nazis a los hornos si pudiera salvar sólo a uno de ellos… Normalmente salvaba a mi madre ¿Crees que es normal?”

“Me pregunto si Richeau y yo nos llevaríamos bien si estuviera vivo. Mi hermano fantasma, dado que murió antes de nacer yo, tenía sólo 5 o 6 años.”

“Tras la guerra, mis padres le siguieron la pista hasta el rumor más vago y fueron a orfanatos de toda Europa. No podían creer que estuviera muerto. No pensé mucho en e´l mientra crecía… era fundamentalmente una fotografía grande y borrosa colgada en la habitación de mis padres.[…] no necesitaban fotos mías en su habitación… ¡Yo estaba vivo! La foto nunca tenía rabietas o se metía en problemas… él era un niño ideal y yo un incordio. No podía competir.”

Art se culpa a sí mismo por algo que no está en sus manos, lo que lo frustra todavía más al no sentirse ni lo más mínimamente cercano a su padre, por haber tenido una vida más fácil que la suya y aun así caer en la crápula de su generación. De allí lo indigno des sus esfuerzos por ofrecer un tributo a su padre mediante lo único que él puede ofrecer: su talento para las historietas.

En cambio, Vladek se muestra incapaz de abrirse con Artie. Retiene la copia de su llave en su escritorio porque no lo considera lo suficientemente apto como para guardarla, le regaña por su ineptitud en las cuentas del fisco o su incapacidad de negociación para devolver un producto a la tienda de insumos, le tira su abrigo sustituyéndolo por otro nuevo sin considerar el apego que le tiene Art, le reprocha el precio que tuvo que pagar por la mercancía que compra, destroza y reduca a cenizas los diarios de Anja, un documento invaluable para la documentación del holocausto y el único recuerdo que quedó de ella etc. Y a pesar de todo el éxito que tiene el primer tomo publicado, el mismo Art confiesa sentirse sumamente deprimido. En una charla con su psiquiatra él habla:

“…Recuerdo las discusiones con él… y que me decía que yo no podía hacer nada tan bien como él.”

Su doctor lo complementa: “y ahora que tienes éxito, te sientes mal por demostrar que tu padre se equivocaba.” A lo que Art responde un tanto molesto: “haga lo que haga, no parece ser mucho comparado con sobrevivir a Auschwitz”

El psicólogo pregunta “¿Admiras a tu padre por haber sobrevivido?” y Art responde “Bueno… claro, se que tuvo mucha suerte. Pero tuvo una impresionante presencia de ánimo y muchos recursos…” A lo que su loquero increpa “Entonces crees que es admirable sobrevivir. ¿Quiere eso decir que no es digno de admiración el no sobrevivir? […] Sí la vida siempre está del lado de lavida, y de alguna manera se culpa las victimas pero no fueron los mejores los que sobrevivieron, ni murieron lo smejores tampoco. ¡Fue aleatorio!”

Es quizá este proceso aleatorio el que le cuesta tanto trabajo de superar a Art. El psicólogo habla desde la voz de la experiencia puesto que también se incluye en la lista de supervivientes de Auschwitz. Quizá él también se levante a altas horas de la madrugada gritando y gimiendo como Vladek. Al final Vladek se acuesta a dormir, despidiéndose de su único hijo, al que inconscientemente le llama Richieu, sobrevivió a ser prisionero de guerra en los capos nazis, sobrevivió a los campos de concentración y al desprecio de los polacos, sobrevivió al suicidio de su esposa y al asesinato de su primer hijo, sobrevivió a la migración, y aunque muy mal para aprendió un nuevo idioma lo que le ayudó a sobrevivir a los tiempos modernos y empezar desde cero.

Art…   Art sobrevivió a su propio padre, gracias a su propio padre, eso ya es decir algo. Y aunque ya no esté Vladek junto a él, supo en vida que su hijo fue bueno en los que más, algo en lo que él mismo fue un elemento fundamental. Maus es la redención de Art Spiegelman, la toma de posición frente a la autoridad de su padre y el comienzo de su madurez como artista.

Sin duda Maus es una obra maestra que vale la pena leer, tanto chicos como grandes. Más vale que nuestra generación madure y comience a apreciar las historietas como lo que son: recursos invaluables de narratividad artística.

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