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Dios creo el hombre, luego…   Kaboom! El hombre creó la historieta, ambos vieron que era buena y se sentaron a leer.

Nunca faltará el que considera al comic como un medio para un fin, es decir una especie de lectura ideada para llevar al infante hacia lecturas más profundas. Son el mismo tipo de personas que consideran al comic como un modo de entretener, mas no cultivar, el intelecto; ya no agreguemos exclusivo de la infancia, porque resultaría obvio e incluso ofensivo considerar su lectura a una edad madura. Yo estoy en desacuerdo con esto, pero si de inmediato cuestionara esta posición llenaría de comillas el párrafo.

Considerar al comic, o a los tebeos, o historietas, o las novelas gráficas, como una manera de producir, no digamos exclusivamente literatura sino arte, ya no es más un tabú entre los conocedores del tema. De hecho es algo ampliamente aceptado, aunque muy discutido. El arte hoy en día ha dejado de ser una cuestión tan simple como pintar o bailar, de hecho ya en la arquitectura se veían integradas las disciplinas escultóricas; pero no es sino hasta el cine cuando la frontera entre una disciplina y otra se vuelve algo mucho más versátil y, a la vez, más vago.

Las llamadas bellas artes, popularizadas a mediados del siglo XVIII, fueron ideadas para formalizar la belleza estética a partir de un uso efectivo de la técnica. Pensadas como un proyecto moderno, el principio de las bellas artes fue el de generar estándares de gusto, lo suficientemente precisos como para compaginar con los estándares de producción occidental (por no pecar de eurocentrista al decir universal).

Aunque difícilmente podríamos considerar a la elocuencia como una de las bellas artes de hoy en día, muchos de los rubros a considerar en el siglo XVIII siguen siendo los principales pilares de las academias: danza, escultura, música, pintura, literatura, arquitectura, etc. El llamado arte académico parece ser el paradigma que todo artista debe quebrar para poder eclosionar de su propio cascarón.

El comic por ejemplo ha pasado de ser una publicación gráfica, destinada al entretenimiento y la publicidad, a generar redes profundamente intrincadas de expresión artística y profundidad psicológica.

Resulta innegable la fraternidad que ha surgido entre las vertientes artísticas más complejas como son el cine y la historieta. De hecho, el tema está más que discutido y rebasado por directores de cine, que en su momento también llegaron a disfrutar de las páginas escritas por mentes tan brillantes como Stan Leey Alan Moore e ilustradas por autores como Dave Gibbons, Jack Kirby o Bob Kane. Hoy en día, esta alianza entre cine e historieta sufre de un proceso deconstructivo, comenzado principalmente a partir de la película Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia, de Alejandro González Iñárritu; aunque eso es harina de otro costal.

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