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Hace algunos ayeres elaboré una reseña acerca de la película Billy Elliot (2000), dirigida por Stephen Daldry y protagonizada por Jamie Bell. Contextualizada en las protestas inglesas de los años 80’s, la película nos narra la historia de un joven entusiasta dispuesto a lo que sea por alcanzar su sueño de bailar profesionalmente, en una de las épocas más brutales y represivas de la Inglaterra.

20130129_ladri_di_biciclette-En esta reseña hice constatar mi mayor interés, que no era el personaje principal sino el contexto dramático del padre. Jackie Elliot, el líder del sindicato de carboneros (el más fuerte de Inglaterra, entonces), padre de dos hijos, recientemente viudo, yerno de una anciana enferma a su cuidado y desempleado; se ve obligado a conformarse con ser un testigo mudo del desmoronamiento de sus ideales tras el ascenso de régimen neoliberal en el auge de la guerra fría.

He querido recordarles lo anterior debido a la serie de ensayos y reseñas que planeo en conmemoración al día del padre y que dí comienzo con la reseña a Luís Sepúlveda y al Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar.

En la misma línea, me gustaría recomendarles una nueva película: El ladrón de bicicletas.

No quisiera arruinarles por completo la película, aunque el título de la misma ya les habrá contado al menos la mitad de su trama y más de sesenta años es tiempo suficiente para haberla visto. Cabe mencionar que la traducción del título italiano al español de la península ibérica como “Ladrón”, y no “Ladrones” como sucede en hispanoamérica, esconde un poco la intencionalidad del director; casi pasas toda la película esperando ese plural y nomás parece no llegar. Ladri de biciclette es una película, dirigida por Vittorio de Sica el año de 1948, sólo tres años después de que la segunda gran guerra hubiera terminado. Representa uno de los máximos expositores del neorealismo italiano.ladri-di-biciclette

La película nos presenta a un joven padre de familia, Antonio Ricci (interpretado por Lamberto Maggiorani), que tras haber obtenido un trabajo de manera excepcional, le roban la única condición para conservarlo: su bicicleta. Denuncia el agravio y tras infructuosas pesquisas en la Piazza Vittorio y Porta Portese (donde van a parar todos los objetos robados), y por pura casualidad, vislumbra al ladrón hablando con un viejo vagabundo. Lo pierde, pero consigue su identidad y dirección.

Ricci y su hijo Bruno acuden a una vidente sin un resultado productivo cuando, de nuevo, por pura casualidad, se topan de frente con el ladrón. Desafortunadamente Ricci y su hijo pasan por impostores cuando ya no es posible dar con la bicicleta robada, ni respaldar de algún modo la acusación. Ello aunado al apoyo que el ladrón recibe de parte de sus vecinos.

wEKJkLKSJMoAMA06qb3fz8uG0zWFinalmente, al ver una bicicleta descuidada, Ricci intenta robarla, pero es detenido por la muchedumbre frente a los consternados ojos de su hijo. Humillado, pobre y con la vergüenza de haber sido rebajado a la calidad de ladrón, él y su hijo se desvanecen entre la multitud.

La complejidad de la historia sólo es comparable a la catarsis producida por su final. De hecho, podría aventurarme a afirmar que toda la película es un preámbulo de su final, sólo levemente vislumbrado en la escena del caos producido en el mercado tras la lluvia. Esa escena es peculiar ya que sólo hace falta ver el rostro de Antonio, tras reprimir sus impulsos por volverse un ladrón; algo que al final ya no es posible.

El trasfondo de “Los ladrones…” cuestiona la posibilidad del hombre moral en situación de crisis. Pero muchos podrán decir que esa es la premisa principal de muchas de las sensiblerías en el cine de oro mexicano, con justa razón. Hablaremos de ello en el siguiente post…

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