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James describe a Paraday como un personaje fracasado y de salud muy deteriorada, que a lo largo del tiempo no había cosechado éxito alguno después de cuatro libros publicados, cuando un joven entusiasta se acerca para entrevistarlo. Mucho tiempo no pasa para que un célebre periódico The Empire, publique un artículo de fondo sobre él. Nuestro autor había saltado a la fama de un día para otro, al grado que no era uno sino nada más y nada menos que treinta y siente diarios los que se mostraban hambrientos de titulares. Es cuando entra en escena personajes como el señor Morrow.

E03-05s así como nuestro narrador cumple el sueño de todo hipster: Volverse autoridad sobre un tema al que nadie le importaba hasta que él llegó. Nadie podía haberle proporcionado esa autoridad de no ser por la personalidad de Paraday, quien veía en él algo peculiar; algo que bien podría ser una reminiscencia de aquella oscuridad al que estaba tan acostumbrado. Yo le llamaría a eso hacer un “Homero Simpson”, que como su definición nos lo dicta (en el capítulo Homero al diccionario, emitido originalmente el 17 de octubre de 1991 Temp. 03 Ep.40) significa “hacer algo bueno de una manera estúpida” aunque bien se podría agregar “fortuita”.

Por otro lado, existe una palabra en inglés que describe con precisión lo que el Sr. Morrow interpreta: name-dropping, o su equivalente en español un “tiranombres”. Se refiere al hábito que algunas personas tienen por arrojar nombres de personas famosas que conoce o, al menos dice conocer, con el único objetivo de impresionar a su público o clientela. Creo que después de todo -y ahora que lo pienso bien- sí existe un equivalente aproximado en el caló chilango, y ustedes no me dejarán mentir si son de por mis rumbos. El término Charolear se refiere al hábito que algunos políticos mexicanos, o al menos wanna-be políticos, de querer impresionar con sus credenciales de filiación partidista, también conocido como “Tráfico de Influencias”. Algo así como el Gentleman del PRI, Juan Carlos Camarillo Galván, que quiso amedrentar a unos policías de tránsito mediante una llamada a su cuate Ernesto Núñez, todo ante video y subido a las redes sociales.

Y como le habrá sucedido al filósofo Emilio Lledó, tras recibir el premio Princesa de Asturias en Humanidades y Comunicación; menos de la mitad del público que se habrá dado cita para otorgar o recibir tan aclamado premio, siquiera habrá leído tres páginas de lo que él ha escrito. Francamente sólo podría figurar como un monigote al que se le debe cierto grado de cortesía, algo que por su mero uso es un sinsentido pero que se ha vuelto un hábito común de estatus de uno que otro advenedizo. En palabras de nuestro narrador “Dos tercios de los que lo abordan lo hacen sólo para promocionarse a sí mismos”

Se esgrimen varios nombres: la señora Wimbush, una sobreprotectora nueva rica; el señor Rumble, un joven pintor en busca de fama; Lady Augusta, quien pierde uno de los manuscritos más importantes de Paraday; la señora Milsom, quien vive en París y es hermana de la señorita Hurter, una turista americana, fanática de Paraday, quien busca celosamente obtener su autógrafo para su colección, y con quien el narrador guarda uno de los diálogos más desconcertantes de la obra -durante el cuál no pude dejar de pensar en Gabriel Zaid mientras lo leíay como si se estuviera dirigiendo a todos los lectores, fanboys, groupies, seguidores y fanáticos de la humanidad enuncia:A38

Cuando conozcan a un genio tan brillante como este ídolo nuestro, evítenle también el terrible deber de ser también una personalidad [..]

…si no tiene cuidado la gente lo devorará, abriendo un gran agujero en su vida […]

Lo asedian, lo acosan, lo molestan: lo despedazan con el pretexto de aplaudirle. La gente que espera que les dé su tiempo, su dorado tiempo, no daría ni cinco chelines por un libro suyo.

lentes-failNo estoy seguro si el narrador también se dé cuenta de ello, pero del mismo modo, él se vuelve parte del juego que repudia; el juego de monopolizar al genio para ennoblecerse a sí mismo a través de una creación de la que no se tiene mérito alguno (y que en muchas ocasiones no resulta otra cosa sino una invención de la mass media, un cúmulo de lugares comunes y tipos gastados hasta el hartazgo pero que se conservan como fórmulas exitosas de consumo. Como ese constante “baby, oh baby… You drive me crazy” de las canciones Pop). Después de todo y como textualmente lo tomo de las palabras de Paraday: “la primera lección de su grandeza ha sido precisamente que no puede hacer lo que él quisiera.”

En conclusión ¿Cuál es la recomendación que da James a través de las palabras del mismo narrador?

“-No lo obligue a saber de su existencia; admírelo en silencio; ríndale culto desde la distancia y aprópiese de su mensaje en secreto. ¿Quiere saber cómo realizar un acto de homenaje realmente sublime? ¡Logre con éxito no verle jamás! […]

No tengo nada más que agregar, los que conozcan bien a Gabriel Zaid, no por la única imagen que corre de él por internet, sino conocerlo de verdad, a través de su obra literaria, sabrán la razón por la que no pude dejar de pensar en él mientras leía este extracto que he compartido con ustedes. Personalmente me quedo con estas últimas palabras que les transcribo:

-Cuanto más se sumerja en sus escritos, menos querrá verlo y la reconfortará sumamente el pensar en el bien que le está haciendo.”

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