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Compartir valores no siempre es un asunto de consenso político explícito. Nadie firma explícitamente un contrato que te sujete a permanecer conforme con las costumbres de la sociedad que nos acoge y las cuales nos transmite su modo de pensar y actuar mediante la tradición. No obstante eso no significa que, pese a todo, debamos seguir ciertas medidas de conducta para permanecer en buenos términos con las personas que nos rodean al menos en lo que respecta a nuestra vida “pública”. Pareciera que, por un lado, existe una moral que toda persona física debe llevar públicamente; pese a que, en lo privado, se piense otra cosa.

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Quizá deba retractar algunas palabras de mi entrada anterior donde menciono:

Nada tiene que ver la moral en un contexto político, por lo que está de más rasgarse las vestiduras por las palabras proferidas por el consejero, más aun si no se es el agravado de esas mismas palabras.”

Por el contrario, ahora que lo pienso mejor todo tiene que ver la moral en un contexto político, especialmente cuando se trata de un servidor público que sirve a ciertos intereses partidistas (aunque se vea mal aceptarlo públicamente). La moral pública permea todos los actos políticos ya que, en cierta medida, sirve para moldear la opinión de las mayorías a través del morbo que este despierta en ellas. El morbo es una de las sensaciones más rentables para la opinión pública, es el resorte que mueve las masas y lo que alimenta su insaciable hambre de intriga. Es por ello que producir un escándalo resulta más eficaz que transmitir un debate entre candidatos políticos donde se exponga a la opinión pública la calidad de persona que el contrincante puede llegar a ser.

lorenzo-cordova-memeDesde una perspectiva pragmática podemos afirmar que el escándalo ocasionado tras la revelación del audio, donde Lorenzo Córdova se mofa de los pueblos indígenas con quien tuvo una reunión el pasado 23 de abril, representa un golpe bajo dirigido personalmente a Córdova como servidor público en el INE. En consecuencia ¿Qué se ha de denunciar? ¿La violación de la privacidad de Lorenzo Córdova como individuo o el hecho que se ha vulnerado la privacidad de una institución pública?

Lo primero es comprensible la Declaración Universal de los Derechos Humanos lo respaldan en su artículo 12, así como también el artículo 16 de nuestro Constitución Política. No obstante, se podría objetar, las declaraciones que ha generado el señor Córdova insisten en señalar el agravio no a su persona sino a su puesto público, es decir a la consejería que preside. La pregunta que inmediatamente me salta es la siguiente: ¿Qué clase de “institución pública” tiene el privilegio de resguardar en privado las declaraciones de sus funcionarios? Lo comprendería en una contexto totalitario, durante la guerra fría, donde cualquier información debe ser clasificada, comprometiendo de inmediato a quien haya osado posar sus ojos sobre la información allí plasmada pero ¿En una democracia constitucional?c050140ebb402742d3-ogp141127-segob6-F-440x293

Por más que le cueste admitir al señor Córdova, esta filtración no debe ser absorbida por el INE sino por su persona. Es necesario reiterar, esto es personal, el hombre se metió en un barril de mierda por su misma actitud déspota y clasista, rasgo típico de la clase política en nuestro país, y ahora quiere embarrar a quien se deje; aunque ello implique hacer de esa despreciable actitud algo “cultural” como alguna vez lo dijo un insensato.

Propongo algo, si de verdad le importa a la “opinión pública” lo que tengan que decir las comunidades indígenas respecto a lo que Lorenza Córdova haya dicho de ellas ¿Por qué no dejan que sean las mismas comunidades indígenas las que lo juzguen como un acusado más? Después de todo fueron ellas las agraviadas, no hay necesidad de paladines justicieros moralinos.

¿De verdad le interesará a Córdova mantener una imagen pública limpia? Pues recomiendo primero limpiar el cagadero, acto seguido enmendar su errores al reconocerlos, pero no frente a la opinión pública mestiza-liberal-demócrata-moralina sino frente a las comunidades que agravió su actitud, si es que las agravió. Recordemos que por siglos estas comunidades han sido constantemente humilladas de las maneras más viles, un par de palabras necias que agregar a la lista de agravios no representa gran cosa a comparación de siglos de opresión y miseria proporcionada por los “jocosos” gobiernos en turno. Sólo así, pienso, el susodicho consejero habría de limpiar lo que ha ensuciado.

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