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Decir que no existe una distinción clara entre lo público y lo privado es, en cierto modo, confundir de manera deliberada lo frío con lo caliente. Ciertamente existen fronteras entre uno y otro; si no bien marcadas, al menos levemente vislumbradas por los casos límite en los que un individuo puede levantar la voz y vilipendiar la invasión de su espacio personal del mismo modo en que cualquiera retiraría su mano del fuego al sentir el ardor que consume su piel.

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Vulnerado por la policía del pensamiento, Winston Smith se sujeta al escrutinio del que puede ser el más infalible cuerpo de seguridad proporcionado por el estado. Por obvias razones se encuentra temeroso, ya que el crimen del pensamiento o crimental es uno de los más sancionados por el partido. “Pensar mal” es penado con la tortura en la habitación 101, donde el acusado se le confronta a su más fiero temor con tal de que reconozca la superioridad del partido sobre cualquier cosa.

Por su parte, una sociedad donde la mayor preocupación del estado para con sus ciudadanos es la de satisfacer sus necesidades fisiológicas mediante la deshinibición del libido, además de proporcionar ciertas dosis de psicotrópicos que sirvan de paliativos para disolver todo deseo de intimidad, sumado a un constante acoso de los medios de comunicación sobre lo que es considerado anómalo, en cierto sentido puede resultar visiones inversamente proporcionales. No obstante, y hasta cierto punto, no lo son.

Mientras que, por un lado, se reprime la intimidad con violencia, por el otro, se le reprime con desenfreno. Ambas son medidas radicales para un estado totalitario. Por fortuna ambos ejemplos son meramente literarios y no reflejan sino extrapolaciones de dos tipos de sociedades-estado capaces de infundir temor en sus lectores sobre los modos de ejercer política en un futuro no muy lejano.

lorenzo-cordova-burlaEl caso de nuestro querido consejero presidente del INE Lorenzo Córdova tiene un poco de ambos y aunque sea en pequeñas dosis y con una clara intencionalidad política de desprestigiar no sólo a él sino a la institución que representa. Quiero ser claro, no lo estoy defendiendo, sólo opino que en cierta medida tiene cierto grado de razón: su privacidad se vio burlada de manera ilegal; pese a que sus comentarios hayan sido desafortunados y al mismo tiempo vergonzosos especialmente para un servidor público, de quien se espera una consciencia límpia. Para los que no estén enterados aquí les va el recuento.

El pasado 23 de abril Lorenzo Córdova se presentó a una guía electoral llamada “Elecciones sin discriminación” donde se dieron cita él y representantes de algunas comunidades indígenas. Tras salir de dicha reunión Córdova hizo uso de una línea oficial para exprarse de la siguiente manera:

“Hay que escribir unas Crónicas marcianas […] Es que desde las dramáticas reuniones con los padres de Ayotzinapa hasta esto que, a ver, no voy a mentir. Te voy a decir cómo hablaba ese cabrón. Me decía ‘yo jefe gran nación chichimeca, vengo Guanajuato. Yo decir aquí, diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones

Acto seguido, y tras tener conocimiento de la infiltración, en una entrevista concedida a Joaquín López Dóriga en su programa de radio menciona:

Propiedades de otros

Propiedades de otros

“Los comentarios en grabación son jocosos y desafortunados pero están dentro de una conversación personal. No creo que haya una intencionalidad personal sino una intencionalidad política de desgastar al instituto que está ejerciendo autoridad en el proceso electoral”.

En consecuencia el consejero ofreció disculpas a los que se hayan sentido agredidos, mientras que simultáneamente era quemado en efigie en las redes sociales. Por lo mientras circula por internet una petición para que Córdova renuncie. Aquí el link.

“Es un acto ilegal porque implicó una violación a un conversación privada y que además ilegalmente fue difundida. Que aunque soy servidor público, esto no impide o inhibe que tenga un espacio privado que fue el contexto en el que se dio esta conversación” mencionó Córdova en una entrevista con Carmen Aristegui para CNN. Mientras tanto, en las redes sociales exigen su renuncia por distintas razones “morales”.

Lorenzo Córdova

Lorenzo Córdova

Primero que nada hay que rebobinar como decía mi abuelo ¿Quienes resultaron agraviados de dichos comentarios y quiénes están exigiendo la renuncia del consejero? ¿A caso alguien se ha percatado que no existe declaración alguna de los supuestos agraviados, esa “gran nación chichimeca” de la cuál se burla el consejero? ¿Por qué razón sobra quien se presente como vocero defensor de los pueblos indígenas cuando nadie les ha preguntado lo que opinan; tanto si se refiere al respecto de las “jocosas” declaraciones del consejero como si se refiere a la violación de la intimidad? En mi opinión, si alguien se encuentra en posición de juzgar al consejero son los pueblos indígenas que él insultó. No fueron ellos los que infiltraron dicho audio ni tampoco tienen la culpa que sus llamados “representantes” sean tan ineptos como para no hacerse de intérpretes que hablen la misma lengua (bien que pagan intérpretes cuando se trata de políticos gringos).

Durante siglos los pueblos indígenas han sido sobajados por las peores condiciones de miseria y despotismo, obligados a vivir en un sistema al que sus llamados “representantes” llaman democracia. Estamos muy lejos de pensar que lo que ellos entienden por privacidad sea lo mismo que el consejero entiende y desde ese instante ya comenzamos mal. La dicotomía público/privado son categorías que van cayendo en desuso pero que se remiendan inmediatamente un “servidor público” siente que su privacidad ha sido violada. De algún modo, esos servidores sienten que la llamada “esfera pública” posee leyes que no aplican dentro de su “esfera privada” y ese es un segundo error.

Por un lado, la intimidad no es lo mismo que la privacidad, dice Garzón Valdez en un texto publicado por el IFAI. Privacidad no es lo mismo que inmunidad. Aunque, por otro lado, como derecho humano fundamental, el derecho a la privacidad se va diluyendo conforme avanza la sociedad de la información y la comunicación. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 12 dice:

“Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.”

Por su parte, el artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos estipula:

“Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o poseciones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”.

Todos tenemos derecho a que se nos respete nuestra privacidad, pero a pesar de ello, como ya había mencionado privacidad no es lo mismo que inmunidad. Las elecciones que están por llevarse a cabo no han sido más que un largo desfile circense (ver Link) que va desde los peores spots de televisión trnasmitidos en tiempo oficial, hasta exfutbolistas, payasos y actrices en el puesto de candidatos a gobernadores, así como grandes fraudes y multas que van por encima del presupuesto otorgado a cada partido político (véase el caso del PVEM).lorenzo-cordova-hs-6

Viviendo en una sociedad supuestamente liberal, aunque no sea necesario reconocerse como tal para ver que existen límites entre lo público y lo privado, y que estos dependen exclusivamente del contexto cultural. El problema estriba en el momento en que se quiere imponer los mismos estándares de valoración de occidente a los pueblos indígenas. Sumado a ello ¿No es un elemento fundamental del llamado “Estado de derecho” la publicidad de los actos de todo servidor público?

Nada tiene que ver la moral en un contexto político, por lo que está de más rasgarse las vestiduras por las palabras proferidas por el consejero, más aun si no se es el agravado de esas mismas palabras. La cuestión tiene un carácter jurídico ¿Pero quien habría de juzgar a este servidor público? ¿Las instituciones políticas de las cuáles él se desprende o las instituciones políticas que él ha agravado (por que créanlo o no, los indígenas también tienen instituciones jurídicas normativas)? Pese a ello ¿Por qué asume el señor Córdova que la moral privada se encuentra escindida de la moral pública?

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