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¿Se acuerdan de la ley SOPA (Stop Online Piracy Act)? ¿Se acuerdan como la revista Vice puso las manos a la obra al rastrear los derechos de autor de cada una de las fotografías empleadas por el sitio oficial del congresista Lamar Smith, quien impulsaba esta ley? ¿Recuerdan qué pasó? Pues simplemente que encontraron una fotografía de atribuida a DJ Schulte que ni se le había solicitado el permiso de usarla, ni se le atribuía crédito alguno. De acuerdo con la ley que Lamar Smith impulsaba el fotógrafo podía proceder de forma legal y demandar al sitio por el plagio de su obra gráfica. Ironías de la vida, que suceden cuando se habla a la ligera en cuestiones de plagio y derechos de autor.

Otro caso de plagio lo protagonizó la colombiana Shakira cuando fue demandada por su canción “Loca” que según los acusadores, plagia  el trabajo de Ramón Arias Vásquez “Tribi Mambo” a finales de 1996 y que lleva por título “Loca por el Tigere” ¿Recuerdan que precisamente fue ella la que se negaba a tararear una parte de esa despreciable canción “Waka Waka, en el marco del mundial en Sudáfrica? ¿Recuerdan sus razones? ”No”  –Porque cobro royalties– Finalmente, dirá Vivián Abenshusahn en la revista Letra Libres, era ella quien se plagiaba a Wilfrido Vargas en el estribillo de “El negro no puede”.
La temática del “Palgio” no puede otra cosa sino despertar los más interesantes debates al respecto de los modos de concebir y difundir el producto creativo de artistas, diseñadores pero ¿Por qué no Académicos?

Recién ayer se ha publicado en varios sitios de internet un cierto suceso que vincula al abogado general de la Universidad Nacional Autónoma de México, Raúl González Pérez, con el plagio de un trabajo. La denuncia se ha realizado ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. Actualmente el abogado Raúl González se encuentra cursando el doctorado en Derecho en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en España. En una entrevista, publicada por Proceso, el agraviado Enrique Carpizo Aguilar, solicita a la CNDH «medidas cautelares y una investigación exhaustiva, pero también demanda la intervención del rector de la UNAM, José Narro, para que cese la persecución en su contra y que aclare el supuesto plagio de González Pérez.»

Según la entrevista, durante ocho meses, Carpizo realizó una investigación sobre libertad de expresión entre 2011 y 2012, obteniendo como resultado un documento de 600 páginas que entregó, por encargo al abogado González Pérez. Acto seguido, el funcionario solicitó al académico renunciara a sus derechos de autor, lo que le hizo sospechar al respecto de la autenticidad en su investigación doctoral. Ante la negativa, comenzó a sufrir de acoso por parte del funcionario, dificultándole los trámites laborales que le acreditan como profesor titular tipo “A” a titular “C”. Esta denuncia delató la “red mafiosa” con la que González opera institucionalmente, dentro de la Máxima Casa de Estudios en México.

No me confundan, no quiero justificar a González Pérez, su caso es un caso de hipocresía y deshonestidad, pero también de profunda y evidente corrupción; garantizada por las redes amafiadas dentro de la misma universidad.

Esta clase de sucesos recuerdan lo que en su tiempo fue la denuncia anónima por parte de los estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras en la misma el año pasado. Estas denuncias se hicieron conocer por el periódico Universal en el marco de la denuncia hecha por el Investigador Juan Manuel Aurrecoechea en contra de Berenzon, tras el plagio de dieciocho párrafos sin citar del libro Puros Cuentos. La historia de la historieta en México 1874-1934. Cabe decir que no fue el único en levantar la voz. Muchos de estos reclamos fueron publicados por el blog: Yo (también) quiero un trabajo  como el de Boris Berenzon.

Para el 16 de agosto del año pasado, Berenzon había sido destituido del cargo por el Consejo Técnico de la Facultad al publicar:
Tras la amplia y exhaustiva deliberación que se llevó a cabo, el pleno del Consejo Técnico acordó, por unanimidad, aplicar al Dr. Boris Berenzon Gorn la sanción prevista en el artículo 109, inciso c) del Estatuto del Personal Académico: DESTITUCIÓN, en virtud de que se acredita fehacientemente que ha incurrido en “La deficiencia en las labores … de investigación, objetivamente comprobada. (ACUERDO 269/2013)

AL respecto del aniversario de la destitución de Berenzón, Bárbara Bautista Gómez publica:
«Boris Berenzon fue antes que nada un gran simulador. Fingió que elaboraba tesis, que impartía clases, que escribía libros y que redactaba ponencias. Aprendió a reproducir toda la gestualidad propia de quien efectivamente produce y difunde conocimiento histórico: entregó escritos con su nombre a tutores, dictaminadores y editores, presentó ponencias a un público especializado, elaboró solicitudes de estímulos, sabáticos y cambios de categoría, firmó puntualmente el registro de asistencia docente de la Facultad, se postuló para plazas en instituciones académicas, antepuso “Doctor” a su nombre, actualizó cotidianamente un largo currículo y concedió entrevistas a La Jornada. Y a cambio de sostener este complejísimo sistema de simulación obtuvo las remuneraciones de rigor y hasta recompensas verdaderamente extraordinarias, como la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en Docencia en Humanidades de manos del Rector o un nombramiento nivel 2 en el Sistema Nacional de Investigadores

Hasta ahora el blog, que entonces denunción a Berenzón, no se ha pronunciado al respecto del caso Gozález Pérez. Sólo esperamos que ante todo se haga justicia, pero sobre todo se reflexione a respecto de las  regulaciones que se deben eercer sobre el aparato académico a nivel institucional, eso incluye las facultades del estado México, el interior y el exterior de la República. Si un plagiario puede obtener el grado de doctor en la UNAM no se debe al descuido de parte de sus dictaminadores, todo ello delata un complejo aparato de corrupción. Los que quedamos mal somos nosotros, como universitarios, egresados de la Máxima Casa de Estudios.

Personalmente recuerdo una pequeña anécdota que le sucedió a una profesora de lógica en la Facultad. Lógica, déjenme decirles, es una de las asignaturas más difíciles en la Licenciatura en Filosofía para algunos de los estudiantes, por lo que es de esperar que exista una cierta demanda en los exámenes extraordinarios. La profesora Esperancita se disponía a aplicar el examen pero, mientras ella repartía las copias de ejercicios, de súbito un sujeto tomo una hoja y salió disparado del salón de clases y de la facultad; quizá creyendo que ese sería el examen definitivo. Lo que no sabía dicho sujeto es que la profesora cambia el orden sintáctico de las variables cada que tiene que aplicar extraordinarios, por lo que cada periodo es un examen diferente, con procedimientos y resultados diferentes.

Hasta allí quedó el suceso. Interesante hubiese sido detectar los tramposos que, en el próximo periodo, habrían de delatarse con un simple cambio de variable. Por suerte para ellos, la profesora tiene buen corazón y sólo mantuvo la costumbre de cambiar los ejercicios. Con un poco de mala saña se hubiera detectado con facilidad todas aquellas personas que compraron el examen de manera deshonesta. Cosas de este tipo se repiten ad nauseam, hasta que se llega a doctor. Pero como también decía un maestro mío “Lo doctor no quita lo pendejo” y, para mí, al menos en términos académicos, no existe mejor verdad.

Sólo nos resta aguardar que se haga justicia en el caso González Pérez, para que se pueda tomar en serio este asunto tan peliagudo. Es importante que se hagan explícitos estos casos particulares que sacan a la luz las degradadas redes que solapan los actos de  corrupción, no sólo en la UNAM sino en todas las demás universidades del país. Estos casos quizá se vean nimios cuando se habla de las redes de compra-venta y falsificación de títulos académicos, distribución de drogas en los pasillos de las facultades, amafiamiento de los puestos de trabajo en los sindicatos “charros”, pero lo que parece insignificante bien podría representar una pequeña “pestaña” levantada. Bastaría eso para descubrir la cantidad de porquerías que se esconden “debajo del tapete”. Finalmente los beneficiados o perjudicados seremos nosotros, los académicos, los egresados, los trabajadores y estudiantes.

Seré el primero en defender la libre expresión de las mentalidades creativas a través de sus obras. Pero cuando se trata de lucro de particulares a costillas de la degradación de mi universidad, no puedo adoptar otra postura sino la de rechazo y condena.

Fotografía tomada directamente del artículo en VICE,  del fotógrafo DJ Shulte. Si vivieron debajo de una piedra durante los últimos meses (como su servidor hace seis) infórmense al respecto tanto de la Ley SOPA como de lo acontecido en la UNAM:

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