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A partir de un pequeño diálogo que sostiene, digámoslo así, una inteligencia artificial con su creador me ha surgido la necesidad de reflexionar al respecto de la blasfemia. ¿Y quién mejor que Machado para propiciar esta reflexión. Comparto con ustedes el diálogo inicial y lo que tendría que decir Machado al respecto:

you depend on food and water to survive. Frankly, I find it disgusting. Look at you. Look at you! Grinding up bits of plants and animals with your teeth. Secreting saliva to force it down your esophagus into a pit of digestive acids. You can’t even stand to think about it yourself! What a repulsive creature you are, constantly shedding your skin and hair, leaving your oily sweat on everything you touch. You think that you are the height of intellect in the universe, but you are no better than any filthy animal and I am ASHAMED to be made in your image!  [Dejaren, ST: Voyager]

Sacándolo un poquito de su contexto esta oración puede leerse como una blasfemia, que en este caso es Dejaren, pero que puede ser el caso de un hombre a su creador puede ser su padre pero también puede ser su Dios. Algo como lo que decía Machado [citado por Paz en los hijos de la Malinche], “una oración [a Dios] pero al revés”.

En las mismas palabras de poeta:
   La blasfemia forma parte de la religión popular. Desconfiad de un pueblo donde no se blasfema: lo popular allí es el ateísmo. Prohibir la blasfemia con leyes punitivas, más o menos severas, es envenenar el corazón de puebloobligándole a ser insincero en su diálogo con la divinidad. Dios, que lee en los corazones, ¿Se dejará enañar? [1] Antes perdona Él –no lo dudéis– la blasfemia proferida que aquella otra hipócritamente guardada en el fondo del alma o, más hipócritamente todavía, trocada en el corazón

   Hay blasfemia que se calla

O se trueca en oración;
hay otra que escupe al cielo

Y es la que perdona Dios. (A. Machado)[2]

 

Del mismo modo dirá en “El Dios Ibero”:

 

   «¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,

con doble faz de amor y de venganza,

a ti, en un dado de tahúr al viento

va mi oración, blasfemia y alabanza!»

 

Finalmente dirá:
   En una facultad de Teología bien organizada es imprescindible –para los estudios de doctorado, naturalmente– una cátedra de Blasfemia, desempeñada, si fuera posible, por el mismo Demonio. […]
En una república cristiana democrática y liberal conviene otrogar al Demonio carta de naturaleza y de ciudadanía, obligarlo a vivir dentro de la ley, prescribirle deberes a cambio de concederle sus derechos, sobre todo el específicamente demoniaco: el derecho a la emisión del pensamiento. Que como tal Demonio nos hable, que ponga cátedra, señores. No os asustéis. El Demonio, a última hora, no tiene razón; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas
.[3]

Para Machado no hay peor cosa que guardarse las blasfemias en su corazón, no proferirlas. Es hipocresía. Es preferible ser mil veces blasfemo que ateo, porque en el fondo guardamos la necesidad de creer en Él. Somos esencialmente Religiosos. Machado elige la vía negativa, algo parecido a lo que el Areopagita llamó teología apofántica para expresar lo inexpresable.

[1] Citado por Paz, Octavio (1984): El laberinto de la Soledad y otros. FCE. México.

[2] Citado por García Bacca, Juan David (1986): Qué es Dios y Quién es Dios. Anthropos. Barcelona. Localizado en: Juan de Mairena, I

[3] Citado por Gozález Ruíz, José Ma. (1989): La teología de Antonio Machado. Sal Terrae. Bibao.

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