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Cierta parte del saludo semi-formal ya se ha visto en parte en el informal, especialmente con el saludo a corta distancia. En muchos aspectos cuando el saludo comienza a depender mucho más del contexto en donde nos encontramos y menos en las personas que se saludan el grado de formalidad comienza a incrementarse. No es lo mismo saludar a tu mejor amigo en el colegio a hacerlo en la casa de sus padres, ni citar a un socio en el mercado que hacerlo en un despacho. Entre medio de la formalidad que exige un ambiente solemne y la desfachatez de una cantina se encuentra el saludo semi-formal.

Cuando se llega a una casa lo más indicado es saludar primero al anfitrión y no esperar que él lo haga por uno, manifestándole el agradecimiento de haber sido invitado. No debe ser admisible saludar a una persona sólo por el interés que proporciona sus servicios (como con un médico o un abogado), asuntos de esa índole pueden ser discutidos en su despacho privado con una cita ocasional. No se debe ser inoportuno, aunque si ha de serlo es de muy mal gusto apartar al anfitrión de sus invitados por capricho personal.

Es prudente esperar a que el anfitrión nos tienda la mano antes de extender nosotros la nuestra y nunca dejarle con la mano extendida. En una reunión es de buen ver que las personas menos soeces sean aquellas que primero se acerquen a saludar por sobre los que fingen no haber notado arribo alguno. Los invitados del anfitrión no guardan la misma jerarquía en las normas del saludo, pero también son importantes a la hora de ofrecerles la mano, después de todo tú también eres uno de ellos y te tratarán de la misma manera que tú los trates. Pocas veces es bueno anticiparse a saludar antes de ser presentado, pero cuando la ocasión lo requiera (como cuando el anfitrión se encuentra demasiado ocupado) es conveniente sentirse un poco en confianza para conocer nuevas personas mediante un elegante apretón de mano. Si no hay alguien que te presente, preséntate tú mismo si es lícito.

Es fácil notar cuando una mujer quiere ser saludada y cuándo no. Nunca, bajo ninguna circunstancia se debe ser un acosador por más que se sienta atraído por ella. La presentación y el decoro ante todo. Es por ello que ver a los ojos es un punto clave en el arte de saludar. Los ojos de las mujeres suelen ser muy expresivos, el agrado o desagrado se nota por lo que si se tiene una oportunidad lo mejor es acercarse y presentarse cortésmente.

Ya no está en uso el saludar con un beso en la mano, ni retirar sus guantes, el sombrero o los anteojos para el sol; pero en caso de que esto sea así, no se olviden evitar traer, sobre sí, algún accesorio que impida el verdadero contacto humano entre saludantes. Eso incluye gadgets tecnológicos como los smartphones, reproductores de música o cámaras de video (aunque el Smartphone abarque eso también). Pasemos a los asuntos formales.

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