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Me han de disculpar estimados lectores que con precipitación transcriba descaradamente el primer párrafo de “Apuntes del subsuelo”, pero creo que he encontrado un precioso epígrafe a partir del cual podemos comenzar a discutir el asunto de la misantropía en el terreno literario. No puedo agregar más al respecto. Léanlo y ustedes dirán:


Soy un hombre enfermo… Soy un hombre enfermo despechado. Soy un hombre antipático. Creo que padezco del hígado. Sin embargo, no sé nada de mi dolencia ni sé a ciencia cierta de qué padezco. No estoy en tratamiento y nunca lo he estado, aunque siento respeto por la medicina y los médicos. Por añadidura, soy sumamente supersticioso, al menos lo suficiente para respetar la medicina. (Soy lo bastante culto para no ser supersticioso, pero soy supersticioso.). No señor, me niego a ponerme en tratamiento por puro despecho. He ahí algo que ustedes probablemente no comprenden. Ahora bien, yo sí lo comprendo. Yo, por supuesto, no sabría explicarles contra quién precisamente va dirigido mi despecho en este caso; sé perfectamente que no puedo «jorobar»  a los médicos por el hecho de no consultar con ellos; sé mejor que nadie que el único perjudicado en esto soy yo y sólo yo. En todo caso, si no me pongo en tratamiento es por despecho. ¿Que mi hígado está mal? ¡Bueno, pues que se ponga peor!

Primer párrafo de: Dostoyevski, F.M. (1991); Apuntes del subsuelo. Alianza Editorial. Madrid. Trad. Juan López-Morillas.

Recomiendo:
http://contemporarymisanthrope.wordpress.com/

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