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Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas: – Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres pendientes. Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto: – ¿Cuáles son esos “Cafés pendientes”? Me dicen: – Espera y verás. Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés y pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés: – Tres son para nosotros, y cuatro pendientes. Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja: – ¿Tienen algún “café pendiente”?[1]

Tonino Guerra ha sido reconocido internacionalmente por su intervención como guionista al lado de directores de la talla de Federico Fellini, Francesco Rosi, Vittorio De Sica, Michelangelo Antonini y Andrei Tarkovski. Pero en los últimos días ha sido reconocido por un breve cuento, que se ha transformado en una práctica ciudadana altruista llamada, por su origen italiano, caffè sospeso o café pendiente.el-cafe-pendiente

La tradición comenzó en Nápoles y consiste en que un comensal ordene una taza de café adicional a la suya y la deje en “suspenso”. Este café pendiente será consumido no por la persona que haya cubierto su precio sino por alguna otra persona, totalmente desconocida, que carezca de los medios para pagar.

Tonino Benacquista en su novela Malavita[2] comenta: «De vacaciones en Nápoles, oí hablar de una costumbre antigua, que es honrada aún por algunos de los propietarios de bistro. Dado el precio del café express en el bar (unos centavos o menos), los clientes suelen coger suelto de su bolsillo y compran dos cafés, pero sólo beben uno. El camarero escribe en una pizarra, para sí mismo, los cafés gratis para los mendigos visitantes que llegan por casualidad.» cafe-pendiente-chilangas_hambrientas

Riccardo Pazzaglia piensa que existe un tercer origen alternativo. Esta tradición es posible que se originara con las disputas surgidas a momento de pagar el café entre grupos, amigos y conocidos que se reúnen en un bar. Era posible que tras la incertidumbre de los cafés consumidos, se terminara pagando por cafés que no se habían consumido. En ese caso ya no se podía devolver el crédito de los cafés pagados, pero se podía mantener abierta la oferta del café no consumido en beneficio de una persona desconocida.[3]

Hablando de su libro Il caffè sospeso, el ensayista Luciano De Crescenso cuenta que esta costumbre se puede remontar hacia el siglo XVII cuando “una persona era feliz y en vez de un café pagaba dos,  para que un tiempo después un cliente lo solicitara como café pendiente. Un café ofrecido a la humanidad”[4]plato-pendiente-300x295

Cuales quiera que hayan sido las razones para que esta costumbre haya surgido, la misma se ha ido expandiendo en todo el mundo. En paises como Irlanda, el Reino Unido, España, Canadá, Francia[5] y Bélgica; así como también  Argentina, Chile y México, poco a poco se han apreciado con mayor frecuencia el logo distintivo de este movimiento altruista.

[1] Fuente: http://cafependiente.org.mx/cuento-de-tonino-guerra/ [2] Benacquista, Tonino (2011): Malavita. Lengua de trapo. Madrid. [3] Pazzagia, Riccardo (1999): Odore di caffè. A. Guida editore. It. [4] Luciano De Crescenzo (2008): Il caffè sospeso. Collana Collezione I libri di Luciano De Crescenzo, It. [5] Donde también se ha implementado un programa similar, inspirado en el café pendiente, pero que lleva el nombre de “pan pendiente”.  Lo mismo que en A1002580_313925605410669_1940987527_nrgentina donde se maneja la “Empanada pendiente” y en Italia donde ya no sólo es importante alimentar el cuerpo tanto como lo es alimentar el alma mediante “El libro pendiente”. También se encuentran las variantes del  “Juguete pendiente” y el “platillo pendiente”.

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