Etiquetas

, , , ,

Daniel Lezama es un artista innovador en la escena artística de las últimas décadas, pese a que mucho de su obra represente una reinterpretación de los símbolos fraguados al casueno-juan-diegolor de la causa revolucionaria y el nacionalismo mexicano de principios de siglo.

Nacido en un ambiente artístico, toma de su padre el (contra) ejemplo de su pintura. En cierto sentido, el academicismo del que se sirve para reinterpretar los arquetipos del imaginario nacional es producto de ese antecedente, aunque él mismo le reconozca sólo como un medio para lograr un fin.

En una entrevista él considera que «la dinámica de la alegoría es representar cosas a través de otras, y que si bien una acción de los personajes puede ser interpretada como una anécdota perversa o intensa, a la vez contiene la representación metafórica de energías o fuerzas emocionales o arquetípicas. (…) si lo relaciono con México, es por ser el lugar donde suceden las cosas que a mí me interesan y que yo conozco»[1]

juangaEl panorama artístico en el que Daniel Lezama se desenvuelve no es diferente al panorama en el que se desenvolvería cualquier otro artista de hoy en día. El artista funge como un “pararrayos” del inconsciente colectivo; algo que inclusive llega a trascender el nivel de lo “moral”, visto simplemente como el sentido del decoro, al transgredir esos estándares desde dentro de las consciencias. Tal como mucho de la gráfica hoy en día, la pintura ha sido relegada de su legitimidad como herramienta de representación simbólica hacia una especie de conceptualismo eximio pero no por ello relevante en la tarea cultural, como lo fue en su momento el muralismo mexicano.

Lezama, dirá Monsiváis, se encuentra determinado por su formación como pintor pero el oficio de narrador se vuelve la continuación de su propia forma. La pintura de Lezama se bifurca en distintos senderos narrativos que estimulan la imaginación del lector/espectador, ofreciéndole la posibilidad de introducirse en la pintura a partir de los símbolos arquetípicos. Los arquetipos gráficos que utiliza Lezama no son, ni por descontado, arquetipos legítimos ni oficialistas. Desnudan la consciencia a partir de los vericuetos del inconsciente. El reto es incorporar tvenus (1)odas las tradiciones narrativas que le dan forma.«los relatos son el método para volver a la pintura, para captar a melancolía, la tristeza, el ila pasando que es el irse muriendo» (Monsiváis, et al., 2000)

Lezama hace uso de los símbolos más sagrados de la imaginería nacionalista y engendra alegorías heterodoxas de la identidad mexicana. Pero esta labor no representa una novedad para la escena artística, lo que sí representa una novedad es la transvaloración que se ejecuta en cada uno de sus cuadros; no sólo para la escena pública sino para la historia del arte mismo. Lezama llega de manera oportuna a la escena artística nacional, donde paradójicamente es el arte académico el tipo de arte que desestabiliza la percepción “

Las crisis por las que la pintura ha atravesado son varias, particularmente se encuentra el arrebato de la fotografía como arte mimético bidimensional por excelencia, además de las vanvincent-paul-americaguardias del siglo XX que mutuamente establecieron una relación de continuidad y ruptura, pero la más profunda de las crisis se encuentra en el periodo contemporáneo tras el auge de la economía global y el capitalismo; cuando el aspecto mercantil de la pintura y la “belleza” ha superado con creces  su valoración artística per se.

Que la pintura refleje la identidad nacional es un discurso rechazado por las corrientes actuales del arte. Esto se debe a que el valor de un juicio estético ya no encuentra respaldo en la soberanía nacional. La pintura en un contexto poscolonial se encuentra sometido a los movimientos migratorios que requieren de un arraigo indentitario mucho más complejo del que jamás fue necesario.

La identidad se construye dentro de un discurso histórico específico que se considera a sí misma en relación a otros discursos identitarios de mayor o menor potencial. Según esto toda identidad se concibe a sí misma en relación a un “otro”. La obra de Daniel Lezama representa un acercamiento reinterpretativo de la cultura mexicana en un contexto que ha trascendido a su misma tradición: el muralismo.

[1] Entrevista realizada por Jesús Iglesias el marzo de 2011 ara Bolten Ing Magazine, http://www.bolteninc.mx/destacados/entrevista-a-daniel-lezama/ tal como fue consultado el 31 de Julio de 2014.

Monsiváis, C., Driben, L. & Castillo, E., 2000. Daniel Lezama. Obra seleccionada 1997-2000. Querétaro: FONCA.

http://www.daniellezama.net/

Anuncios