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La unidad en el mundo es inconcebible para nosotros los seres humanos porque la unidad, por definición, es partícipe de la más amarga de las soledades; la simple, desierta, llana y absoluta soledad. Como la rosa en el asteroide B612, bajo su cúpula de cristal.

Habría que mencionar que la cúpula como elemento arquitectónico, se refiere a una estructura en forma circular, semicircular u ovoide que encabeza el techo de una construcción de carácter monumental, como la iglesia de San Pedro en Roma, o las cúpulas acebolladas de la Catedral de San Basilio en Moscú, o la cúpula de la Roca en Jerusalén. Símbolo por excelencia de la bóveda celeste. Nos obliga a retornar sobre nuestros pasos, pues tras la equiparación de la bóveda celeste al domo o cúpula, hacemos del edificio que le sostiene, pero también lo que contiene, una equiparación del mundo como arquitectura divina, como la unión entre el cielo y la tierra (Chevalier 1986, 196).

Por su parte, dirá Eliade «la vida humana tiene que consumirse totalmente para agotar todas sus posibilidades de creación o de manifestación; si se ve bruscamente interrumpida por una muerte violenta, intenta prolongarse bajo una forma distinta: planta, fruto o flor.» (Eliade 1974, 77) La rosa, en ese sentido, representa el triunfo de la vida sobre la muerte, es trascendencia por amor a la vida terrenal. Vanidad de vanidades dirá la Biblia en el Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol.

La desgracia que experimenta el principito tras conocer a las rosas del jardín se equipara a la desgracia del sabio sacerdote en el Eclesiastés quien, al cultivarse en la más alta de las sabidurías, se da cuenta que «quien añade ciencia, añade dolor» […] «Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio. –Nuestro sabio dirá -Aborrecí, por tanto, la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu. (Ecl. 1:18, 2:16 y ss.) Habrá quien vea en la rosa un reflejo de la propia consorte de Saint-Exupéry , Consuelo Suncín pero la rosa, en cierto sentido, también refleja la soledad del género humano.

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