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Si volvemos sobre nuestros pasos, a lo que había dicho el filósofo, podemos decir que existen dos clases de experiencia de lo Uno. La primera es lo Uno como simple y lo Uno como compuesto.

Lo simple es aquello que, al no tener las suficientes palabras para definirlo, nos acercamos a él por vía negativa, es decir aquello que no posee división, que no está compuesto, que no tiene partes. En cambio lo  Uno compuesto sí las tiene, es compuesto precisamente porque la relación de sus partes le conforma como lo que esa cosa es. No obstante lo Uno compuesto tampoco es divisible; pues si de algún modo lo fuera dejaría  de ser lo que esa cosa es (por composición de sus partes). Como la amante que por capricho de su amado se muestra dubitativa al tomar una rosa íntegra y lentamente desgarrarle, pétalo a pétalo, preguntando ¿Me quiere? O ¿No me quiere? Así, hasta llegar al último de los pétalos, muriendo la rosa y dejando un tallo desierto, maltrecho y cadavérico, de lo que en un momento fue la hermosa flor.

En cambio Yo ¿Cómo puedo decir si es que soy una unidad simple o compuesta? Por ejemplo en la película de Alejandro Jodorowsky, Fando y Lis (1968) donde el padre de Fando es víctima de las inquisiciones de un niño, incapaz de concebir los límites entre la crueldad y su natural curiosidad innata.

Padre de Fando (PF): Juguemos.
Fando de niño (FN): Si eres un gran pianista y te corto un brazo, ¿qué haces?
PF: Me dedico a pintar.
FN: Si eres un gran pintor y te corto el otro brazo, ¿qué haces?
PF: Me dedico a bailar.
FN: Si eres un gran bailarín y te cortan las piernas, ¿qué haces?
PF: Me dedico a cantar.
FN: Si eres un cantante y te corto la garganta, ¿qué haces?
PF: Como estoy muerto, pido que con mi cuerpo se fabrique un hermoso tambor.
FN: Y si quemo el tambor, ¿qué haces?
PF: Me convierto en una nube que tome todas las formas.
FN: Si la nube se disuelve, ¿qué haces?
PF: Me convierto en lluvia, y hago que nazcan las hierbas.
FN: Ganaste. Me sentiré muy solo el día que no estés.

Por fortuna el padre no ha rechazado las inquisiciones de su hijo que por curiosidad, aunque sea hipotética,  le ha desmembrado cruelmente, como un moderno Edipo desmembraría simbólicamente a un moderno Layo. Pero no contento con ello le busca aniquilar por completo, aniquilarlo en el sentido prístino de la palabra aniquilar, es decir reducirlo a la nada.

El padre ama a su hijo y se aleja de su egoísmo, de su Yo como Unidad compleja. Jugando con el niño; volviéndose uno con aquello que, por definición, es otro; es decir la naturaleza, la physis, lo que para el filósofo fue «el elemento primero del que se compone o a partir del cual se genera cualquier ser no natural» (Aristóteles, BK 1014b [25]) como el hombre, en tanto entidad particularmente cultural desarraigada de lo natural. Es por ello que el padre, sutilmente, le devuelve el golpe,  haciéndole vislumbrar el límite de su propia crueldad: la soledad.

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