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Me van a disculpar que, de nueva cuenta, cite un artículo anterior de esta mismo blog; pero es que en algunas ocasiones lo amerita. A veces me da mucho gusto pensar que mi opinión no es algo que se pueda conformar de manera definitiva, simpatizo con algunas cosas y con otras en definitiva no. Soy consciente de que en algunas ocasiones puedo cambiar de opinión, bajo una labor  de convencimiento, intento respetar a mi interlocutor tanto como él me respete a mí; el problema es cuando no estoy seguro qué puedo opinar al respecto de otras cos998444as.

Un caso parecido me ocurre con el tan comentado albergue de “la nueva familia”. La responsable de dicho desbarajuste: Mamá Rosa, a quien se le han dedicado extensas notas y que desde los años 70 se ha encargado de recibir en su albergue de Zamora (Michoacán) a niños en situación de calle, huérfanos y abandonados.

El 15 de junio la policía federal realizó un operativo en el albergue, donde se encontró casi 500 menores en condiciones deplorables de miseria. En dicho operativo se detuvieron ocho personas, entre ellas a Rosa María Verduzco, mamá Rosa como se dio a conocer entre los medios; quien tiempo después fue hospitalizada, al verse comprometida su salud por la diabetes. En los medios se dieron a conocer las condiciones de mMamá-Rosaaltrato físico,  psicológico e inclusive sexual por parte de algunos empleados del albergue a los menores. Tiempo después, algunos políticos e intelectuales, entre los que figura Vicente Fox, Enrique Krauze y Jean Meyer levantaron la voz a favor de mamá ROsa; pero eso no es nada que no puedan leer en el artículo de Námaste Heptákis: Que el escándalo no sea fatuo.

En dicho artículo Námaste defiende que «Hemos perdido tanto el sentido del escándalo […] como la del servicio» en relación al linchamiento mediático que ha ocurrido en perjuicio de mamá Rosa, una mujer de 66 años. «El gobierno mexicano inició un linchamiento público contra una mujer que por 66 años intentó compensar la negligencia y la desidia de una sociCasa_Hogar-111edad y un gobierno que no tuvieron la menor idea de qué hacer con sus miserables, con sus desarrapados, con quienes cayeron en la desgracia de no tener a nadie.» Námaste concluye «Mamá Rosa debería ser el escándalo que nos enseñe a pensar la pobreza.» albergue-la-familia-zamora_afp

En un artículo que lleva por título Pobreza y Cultura personalmente polemizo con la posibilidad de que exista eso que se le denomina “Cultura de la pobreza”. Partiendo del estudio realizado por Oscar Lewis donde se establecen sus características:

  • Odio a la policía y gobierno
  • Desconfianza del gobierno
  • Cinismo frente a la iglesia
  • Fuerte orientación hacia vivir el presente
  • Escasa o nula planificación del futuro

Si lo pensamos en ese sentido pareciera que la pobreza no es tanto un asunto de clases sociales sino que se extiende a los medios de comunicación. Porque en efecto eso es justo lo que, en mi limitada opinión, puedo ofrecer: Vivimos en una sociedad mediáticamente empobrecida.

Es paradigmático el linchamiento mediático al que fue sometido Cuauhtémoc Cárdenas tras el asesinato del “comediante” Paco Stanley, por parte de la televisora TV Azteca. Personalidades como Jorge Garraldt.common.streams.StreamServerda amenazaron al jefe capitalino, exigiéndole la renuncia y calificándolo de “incompetente”. Tras una pronta averiguación salieron a flote los vínculos del “comediante” con el narcotraficante Amado Carillo, según el informe de la DEA, además de su adicción a la cocaína. Dicha información obligó a la televisora a replegar su posición a una mucho más moderada.

Si ese ejemplo no demuestra cómo es que los medios desconfían tanto de la policía como del gobierno, para ejercer eficazmente sus funciones; entonces el caso de mamá Rosa no nos hará reflexionar sobre el predicamento en el que los mismos medios nos han metido. Cada que sucede un acontecimiento como el de mamá Rosa los medios sobreestimulan la atención de los ciudadanos al ofrecerle un títere sobre el que desatar sus juicios condenatorios sin anmanipulacion-prensates saber lo que subyace a ello. Todo lo que tengo que decir es que los medios están empobrecidos y nos empobrecen a todos nosotros al generar esa sensación de desconfianza y miedo, a partir de los constantes linchamientos mediáticos que se promueven indiscriminadamente. Desconfianza de nuestros gobernantes, miedo de ser nosotros los próximos títeres a ser enjuiciados por “la opinión pública”. Lamentablemente no sé qué esperar de una sociedad cuyos medios de comunicación se encuentran, de igual o de mayor manera, empobrecidos.

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