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Entre más escribo más me doy cuenta de que muchas de mis reflexiones giran en torno al final de la Guerra fría. Quizá porque siendo muy joven pertenezco a una generación en la que se depositó la esperanza de un mundo unificado. Personalmente diría que la gran mayoría que nacimos a finales de los años 80 participamos de esa ilusión, la ilusión del cambiEnfrentamiento_Av._Jua769rez-1o político, del fin de las hostilidades, de la reestructuración de los regímenes políticos y las dictaduras. Es nuestro compromiso no olvidar lo que nos antecede, reflexionarlo y actuar conforme nos lo dicte la historia. Pero pese a todo, nuestra agencia individual en los cambios políticos se va diluyendo conforme la agencia de las grandes trasnacionales va en aumento.

Por un lado se encuentra nuestra situación como seres humanos, por el otro nuestra situación como seres políticos ¿Pero por qué habrían de estar separadas? ¿Es que a caso el ser humano no es al mismo tiempo un ser político? El problema es pensar que la política se reduce única y exclusivamente a la “política partidista”, esgrimida en los últimos tiempos como la única y más legítima forma de ejercer política. Eso no es verdad, sencillamente por el hecho que la política partidista tiene su historicidad. No obstante, es eso precisam247380_106175626222424_2078086937_nente lo que se está atacando, la historicidad de la política.

En Hegel la historia se estudia como el desarrollo del espíritu, a través de sus distintas manifestaciones. La política se relaciona con la historia bajo las condiciones del tiempo, un tiempo homogéneo que trasciende las mismas manifestaciones individuales de la misma historia o la política. Las manifestaciones se refieren a un tiempo percibido por la individualidad subjetiva en contraposición al tiempo homogéneo del desarrollo total del espíritu, el primero se refiere al tiempo mediatizado ideológicamente el segundo al tiempo como totalidad, en sentido hegeliano.CARLOS-MARX

La novedad de Marx consiste en utilizar la noción de historia en Hegel y, en cierto sentido, invertirla dándole prioridad al factor económico sobre el ideológico y no lo ideológico sobre lo económico, como sucede con Hegel. La superestructura de la ideología política no sería mas que una manifestación de las condiciones estructurales de la economía y el modo de producción.

El modo de producción capitalista, visto desde esta perspectiva, violenta la propia estructura ideológica que hace ver a la historia como el despliegue de diferentes modos de producción estructurales, haciéndonos creer que la suya es la única forma de producción y sustento. Esto, según la postura Marxista, a la que nos hemos apegado, no termina de ser superestructuralmente un modo de concebir la propia historicidad como si fubm09181d_1501x2000era la totalidad manifiesta de la historia sin ver que es sostenida por los hilos del modo de producción. No obstante, objetaré, brindarle cierta consciencia al “capital” como una entidad maléfica que maneja los hilos de la historia a su antojo,  no deja en mí más una amarga sensación de sospecha y escepticismo.

Para mayor información lea usted el artículo sobre las “teorías de la conspiración”. En este artículo concluyo que este tipo de “teorías” no representan mas que una especie de paliativo que estimula nuestra afán ilusorio de apoyar nuestro pensamiento fuera de la desconsoladora realidad azarosa en la que vivimos. El Capital malicioso  vendría a ser una de esas “teorías” que nos invita a mantener un espíritu combativo y disidente, en contra de toda posición que no beneficie directamente nuestra propia concepción del mundo. El capital no es malicioso ni beneficioso, lo que sí son maliciosos o beneficiosos son los actos del hombre para obtenerlo y eso ya es cuestión de otras disciplinas: la economía o la ética por ejemplo.

Viéndolo desde ese sentido la economía y la ética se vuelven fundamentales respecto a la pertinencia social del individuo en su historia, pero también en el modo en que éste se configura a tr1206 Percy-Bysshe-Shelley-001avés de sus modos de manifestarse ideológica y políticamente, para perpetuarse. Cuando la ideología deje de tener pertinencia en el quehacer histórico del hombre y clame su legitimidad universal siempre recuerden este poema de Percy Bysshe Shelley, escrito en 1818 y titulado Ozymandias.

I met a traveller from an antique land

Who said: Two vast and trunkless legs of stone

Stand in the desert. Near them, on the sand,

Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,

And wrinkled lip, and sneer of cold command,

Tell that its sculptor well those passions read

Which yet survive, stamped on these lifeless things,

The hand that mocked them and the heart that fed.

And on the pedestal these words appear:

“My name is Ozymandias, king of kings:

Look on my works, ye Mighty, and despair!”

Nothing beside remains. Round the decay

Of that colossal wreck, boundless and bare

The lone and level sands stretch far away[1]

 

Aquí el poema leído por Walter White (Bryan Cranston), protagonista de la serie Breaking Bad:

 

Recomiendo ampliamente la lectura de las siguientes entradas del blog:

 

 

[1] Recomiendo la traducción de un buen amigo mío en su artículo de Terrario: ¿Te gusta Breaking Bad? Escucha a Walter White leer Ozymandias

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