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Creo que Aquileana explica bien en su artículo la cualidad mítica detrás de la historia de Orfeo y Eurídice, lo que se deja de lado es su cualidad religiosa. El mito de Orfeo y Eurídice sólo es la punta de lanza para un culto mistérico de fuerte arraigo en la antigua Grecia y que se remonta al siglo VI aC.  el culto griego órfico. Dicho mito se relaciona de la siguiente manera:

¿Qué es la muerte? Ningún mortal, aunque su naturaleza sea el morir, sabrá lo que eso significa hasta que muera, pero cuando muera ¿De qué le servirá saberlo? En palabras de Epicuro: La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.caronte3

¿Cuántos han muerto y después vivido para contarlo? Ni siquiera los dioses, divinos inmortales, saben a ciencia cierta lo que la muerte es; pues se cuentan con los dedos de la mano aquellos que han muerto y retornado a la vida para contar lo que hay del otro lado.

La muerte es un misterio insondable. Poco o nada se sabe de lo que nos sucede después de que todos nuestros signos vitales han cesado de dar señal. Los intentos del ser humano para desentrañar el misterio de la muerte han traspasado los límites de la ciencia, la religión, la historia y la filosofía. Quizá por su mismo carácter, las respuestas que se le han dado son crípticas, herméticas, de muy difícil acceso.

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Hablar de lo “misterioso” en términos generales, es difícil; pero hablar del “misterio” en términos particulares se vuelve un asunto de mera especulación y conjetura. Por lo que, en no menos de una ocasión, el misterio se ha vuelto un objeto de morbo, farsa, fuente de desfalco comercial, etc. Eso no ha impedido que a lo largo del tiempo muchos de los misterios precedidos por los fenómenos naturales más inmediatos, como la muerte, se vuelvan un fetiche muy difícil de tratar para las civilizaciones históricas; llegando al grado de calificarlo como tabú.[1]

La muerte se ve como la disolución entre el cuerpo y el alma, quizá también como la (re)incorporación de la misma a un constante ciclo o su descanso y espera por final de los tiempos. Plantear, tentativamente, la capacidad de escapar de esta inercia tan natural es una constante en muchas civilizaciones. La muerte es también un misterio permeado por la magia, el mito y la religión. Hubo misterios, en la antigua Grecia, que se festejaban en santuarios especiales. El que osaba revelar el misterio era penado con la muerte. Ejemplo de ellos fueron los misterios de Eleusis o los misterios órficos; de los que la obra platónica se vuelve una fuente invaluable.

Nosotros heredamos el término misterio del latín, que a su vez lo heredó del griego (μυστήριον). Se refiere a lo “secreto”, “lo que no se debe decir”; una ceremonia para iniciados que deriva del verbo “cerrar” en griego.[2] Algunas veces se hacen acompañar de un aparato filosófico que les brinda un soporte crítico a una especie de rito religioso. Ejemplo de este tipo de misterios se encuentra el Imagenpitagorismo, el platonismo ecléctico, el gnosticismo y ciertas clases de ritos sincréticos.

Vencer a la muerte, o simplemente vencer el miedo que nos causa morir sin duda alguna requiere de algo más que fe para afrontarlo ¿Pero cómo será posible trazar una práctica de la muerte sin antes morir y perder el sentido de ello? ¿Cómo enfrentar este misterioso Minotauro que se alimenta de nosotros y al que todos estamos condenados?[3]

 

[1] Y no me refiero a las llamadas “sociedades primitivas”; vean cualquier capítulo de la serie Six Feet Under. La manera en que los personajes reflejan cómo la sociedad americana trata el asunto con tanta delicadeza hace pensar en cómo es que la civilización va acabando poco a poco con el patetismo de verse como un ente finito. También recomiendo mucho la película Despedidas o Violines en el cielo; los dos títulos son para el público hispanohablante, en inglés es Departures y en japonés (que es de donde viene la película)おくりびと Okuribito. Dirigida por Yojiro Takita en el 2008. Ganadora del Óscar por película de habla no inglesa.

[2] Diccionario Etimológico Joan Corominas. Entrada para Misterio.

[3] Consulte usted el artículo Sócrates y el minotauro

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