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El nacionalismo mexicano en el arte fue un movimiento que data desde un siglo antes por lo que los antecedentes del muralismo ya se encontraban bastante sólidos. En un texto titulado El proceso de la artes[1] (1901-1970), Jorge Alberto Manrique señala la manera en que la cultura en México parece estar compuesta por sucesivos momentos en que se alternan épocas de apertura y épocas de cerrazón. Si el periodo porfirista simboliza un periodo de apertura, el sucesivo viene a representar un repliegue sobre sí mismo.

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Como precursores del arte muralista destacan grabadores como José Guadalupe Posada y Manuel Manilla, y del mismo modo pintores como Roberto Montenegro y Saturnino Herrán. Los aportes de Posada están en su caricatura popular y picaresca, así como la disposición de acercar el arte al grueso del pueblo mediante la caricatura como arma política[2]. Los aportes de Saturnino Herrán están en los motivos costumbristas de sus cuadros, anticipados al muralismo, aunque desde una perspectiva estilística e iconográficamente académica. En principio a la sombra de Antonio Fabrés y Germán Gedovius, Herrán se hace de saturnino_4su propio estilo, influido visualmente por el art nouveau y Joaquín Sorolla como literariamente por los poetas modernistas de la revista Savia Moderna.[3]

La influencia de Gerardo Murillo (Dr. Atl) al muralismo mexicano es un punto de quiebre entre el arte de corte academicista y el proselitista. Su agencia en la Academia de San Carlos como en las escuelas al aire libre representaron un vuelco entre el equilibrio academicista del costumbrismo en Herrán y la caricatura popular de Posada.20

En suma, podemos afirmar, junto con Luz Elena Mainero « el muralismo mexicano se caracterizó por tres valores fundamentales: lo nacional, lo popular y lo revolucionario, y en la conjunción de esos tres valores el movimiento logró una fructífera cohesión.»[4]  Según esto lo nacional es dado por su contexto intelectual de corte nacionalista, lo popular por su contexto político de corte sindicalista y lo revolucionario por su contexto histórico.

 

[1] En la obra Historia General de México (2000) editado por el Colegio de México. pp. 945-956

[2] Meyer Walerstein, Eugenia (1967): La caricatura como arma política. El Heraldo de México. México. y Pruneda, Salvador (2003): La caricatura como arma política. INERHM. México.

[3] Testigo de ello es el mismo José Clemente Orozco en su Autobiografía (1970). Ediciones Era. México. pp. 14-16. Así como los ensayos recopilados en Saturnino Herrán, Jornadas de Homenaje (1989). UNAM, IIE. México.

[4] En: http://www.inehrm.gob.mx/Portal/PtMain.php?pagina=exp-muralismo-en-la-revolucion-articulo consultado el 4 de Junio de 2014.

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