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a225bEl indigenismo de Villoro de cierto modo comparte raíces comunes con el muralismo. Esta relación estriba en el papel que el mestizo adopta históricamente,  en específico tras los movimientos populares de mediados de siglo.En lo que respecta al ambiente intelectual a mediados de siglo, continuaba oscilando entre un positivismo insipiente y un marxismo de corte popular. La prueba de ello es el contexto que da origen a la redacción y publicación del “Manifiesto del Sindicato de Obrero, Técnicos, Pintores y Escultores” el 9 de diciembre de 1923.

Bajo el auspicio del ministro de Educación Pública, José Vasconcelos, muchos de los firmantes del manifiesto ya se mural-diego-rivera-3encontraban trabajando en los muros de la Escuela Nacional Preparatoria desde 1922. No hace falta más que una breve lectura del manifiesto para notar que el documento entero no se trata de otra cosa sino de un deslinde ideológico; de las ideas del propio sindicato, por un lado, (representando los intereses populares del proletariado) y las ideas de la burguesía.

El periodo presidencial de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles se caracteriza por tener un clima de constante inestabilidad social y, al mismo tiempo, una búsqueda de reconocimiento; tanto nacional como internacional. Del mismo modo se busca establecer orden e institucionalizar las jerarquías de poder, reminiscente desde la ObregonGabineterevolución de 1910. Este pasado no deja de recordarles a los jerarcas en turno que, para un país con instituciones tan jóvenes como México y por más que se aplique mano dura, los levantamientos armados no son algo que se haya quedado atrás con la depuración de sus caudillos.

El contexto que le da sentido al “Manifiesto” es la “rebelión De la Huertista”; llamada así por Adolfo de la Huerta, presidente interino tras el magnicidio de Tlaxcalantongo, antecesor de Álvaro Obregóntumblr_mxgic86Qnp1r6d6jqo1_500. Pasando casi toda su vida de civil, había fungido como secretario de Hacienda hasta la sucesión presidencial. Adolfo de la Huerta junto con Enrique Estrada y Guadalupe Sánchez se manifestaron en contra de la imposición de Plutarco Elías Calles por  parte de Álvaro Obregón; y aunque la asonada militar no duró más allá de marzo de 1924 –sólo cuatro meses después de la publicación del Manifiesto donde se mencionan Alvaro_Obregónsus nombres- su derrota fortaleció la imagen del gobierno federal, estabilizando el clima “democrático” e “institucional”; pero en lo absoluto sofocando los bríos de violencia que se avecinaban con el estallido de la guerra cristera (1926-1929) como respuesta a la llamada “Ley Calles”.

El surgimiento del muralismo mexicano como un movimiento organizado, data desde la publicación del Manifiesto hasta su madurez con Siqueiros, Orozco y Rivera. Llegando a trascender sus propios orígenes al establecer una tradición en el arte mexicano,  alcanzando ya dos generaciones de muralistas como Jorge González Camarena, Raúl Anguiano, Juan Plutarco_Elias_CallesO’Gorman, Miguel Covarrubias, Carlos Mérida y Fermín Revueltas.

Fuentes:

Cimet, Esther (1992): Movimiento muralista mexicano. Ideología y Producción. UAM. Libros de la Telaraña I. México.

Meyer, Lorenzo: La institucionalización del nuevo régimen. La consolidación de las instituciones en Historia General de México (2000). El Colegio de México. México pp. 827-834

Primera parte de la guerra cristera desatada por la llamada “Ley Calles”

 


 

Ahora que lo recuerdo, este también es el contexto que le da origen a la obra de Martín Luis Guzmán: La sombra del Caudillo. Si recuerdan, mencionamos esta obra en el ensayo:

https://mariocornejocuevas.wordpress.com/2014/05/07/mi-pasado-inmediato-despues-de-un-par-de-anos-yofui132-la-sombra-del-caudillismo-o-lo-que-fue-del-pri/

 


 

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