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La pregunta fundamental de la filosofía siempre ha ido en relación directa o indirecta acerca del sentido de la vida. El hombre de hoy en día ha perdido la voluntad de ejercer dicha pregunta pues abarca tantas temáticas que es mucho más prudente, para él, posponerla. Pero cuando el hombre en cuestión por fin cuenta con el tiempo y los medios necesarios para detenerse,  es la vida la que se le ha ido. Por ello he de instarlo querido lector a que pregunta por él en tanto tenga oportunidad.

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¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Tiene sentido que me lo pregunte o sólo pierdo el tiempo en preguntar algo de lo que ya tengo respuesta? Esto siempre pone en cuestión tanto mi modo de comportarme espiritualmente como la manera en la que día a día trabajo  para sostener el modo de vida que requiero, pero al mismo tiempo la libertad que yo poseo para influir en el cambio de mi propia vida. ¿Mis actos son libres o se encuentran determinados por los acuerdos sociales a los que me he comprometido? Bajo ninguna circunstancia podría considerar a este escrito algo filosófico si no intento, de alguna manera, darle respuesta a esta pregunta. Para alcanzar este fin podría dilucidar al menos dos tipos de respuestas.

La primera respuesta atiende a una necesidad formal. ¿Existe alguna teoría filosófica que explique la manera en que los usos y costumbres influyen en el comportamiento y modo de ser de los hombres particulares y viceversa? La respuesta es Sí, bajo ciertas aclaraciones. La Ética se ha caracterizado por ser la disciplina filosófica, por excelencia, en estudiar los usos y costumbres de las sociedades independientemente si éstas se localicen en la antigua Grecia o en el imperio Austrohúngaro. Lo que nos lleva a la segunda respuesta cuyo carácter es más histórico.

La manera en la que podemos contrastar las teorías éticas es a través de la historia  y la etnología. El punto es no utilizar la historia y la etnología como un relato alejado de nuestra situación temporal, es importante que participemos de esa historia, comprender su relación con nosotros y nuestros modos de ser ¿Pero es que el género humano dio respuesta, aunque sea por una vez en su historia, a la pregunta fundamental de la filosofía? ¿Qué es lo que los llevó ello? ¿Qué vestigios tenemos para comprobarlo?

Será necesario en todo caso delinear, a través de los vestigios, la relación que nos conecta a ellos. ¿Pero es que la relación histórica no es suficiente? ¿No son ellos el antecedente directo de nosotros? Me atrevería a decir que no, mientras el sentido que les guió a ser lo que fueron no sea el mismo sentido que nos guía ahora. Siempre hay una tención interna entre el sentido y el Ser que le configura. Nuestro sentido siempre es intencional al “modo de ser” por medio del cual comprendemos nuestro mundo.

¿Qué vestigios hay para comprender este modo de ser histórico? Sin duda alguna los vestigios que el lenguaje nos otorga ¿Pero Imagenqué es el lenguaje? El lenguaje es aquella institución que posee el hombre para distinguirse de las otras especies animales, dirán los filósofos antiguos. El lenguaje nos sirve para argumentar, esto es articular un discurso que nos permita comprender un sentido racional. ¿Pero es que bajo toda circunstancia el sentido debe ser racional? ¿No podemos comprender un sentido sin que el lenguaje se encuentre de por medio? Existen sentidos que no necesariamente son captados por la razón tanto como lo son por la emociones. Las emociones dirán algunos, son irracionales, el lenguaje del corazón, dirá Pascal ¿Hay alguna especie de lenguaje que logre mediar entre la razón y las emociones? Mi hipótesis diría que sí: el lenguaje simbólico. Pero ¿Qué es el lenguaje simbólico? Esto lo abordaré con más detalle en futuras ocasiones. Por ahora me he de volver a lo que me truje.

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