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El otro día estaba escribiendo mi tesis cuando sentí un poco de cansancio y me detuve un momento. No quería dejar de escribir, pero tampoco quería seguir escribiendo las mismas barbaridades así que decidí escribir un cuento. No los voy a aturdir con alguna prosa aburrida que sólo sirvió para desahogarme en lo que me daba un respiro, creo que eso lo mantendré en el fondo sólo para mí. Eso no quita que me contenga de comentar lo que estaba pensando mientras escribía.

Verán, esta reflexión me hace pensar la manera en que nosotros como escritores, con o sin abolengo, somos capaces de ocupar nuestros propios pensamientos en diferentes niveles. No, no está mal escrito, he dicho “pensar nuestros pensamientos” a propósito. Ustedes dirán que ya de por sí la palabra “pensamiento” es algo abstracto ¿Por qué abstraerlo todavía más? ¿Cómo es eso posible?

Algunos filósofos dirán que nos adentramos en terrenos metalingüísticos en los que el mismo lenguaje funge como mediador entre nuestro razonamiento y la manera en la que damos cuenta de él. Otros dirán que más bien sería terreno de la psicología. Pero, mientras escribía, yo pensaba más bien en la creación literaria. Me han de disculpar los verdaderos literatos que me adentre a terrenos profanos, pero a nadie se le habría de negar algunas palabras (aunque sean breves) al respecto.

He escuchado en algunas publicaciones de crítica literaria y cinematográfica un término que califica a muchas de las obras malas, y en particular los personajes “cliché”, de ser “unidimensionales”. Es de llamar la atención el término pues se refiere a un tipo de personaje u  obra que recurre a una fórmula repetida un centenar de veces para expresar cierta idea en el argumento dramático. Por ejemplo cuando se quiere figurar que un personaje es el “héroe” se recurre a lugares comunes para que su papel quede lo bastante claro, como por ejemplo lo que escribe Joseph Campbell en su conocido libro “El héroe de las mil caras”. Campbell habla acerca de una especie de patrón narrativo que las leyendas populares gustan mucho de repetir en torno a la figura idealizada del “héroe”, no me malinterpreten.

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Por su parte el término cliché, tomado del francés, señala un tipo de expresión que una comunidad tiene de otra; llevado al punto de la exageración por medio de sus características más llamativas, por ejemplo el tono de la piel, las facciones del rostro, el lenguaje, etc. A este tipo de personajes es a lo que algunos críticos gustan de llamar “unidimensionales”, es decir que sólo representan la exageración de una característica ideal en la mentalidad del escritor. Algo así como la típica rubia tonta, o el judío codicioso.

La psicología de los personajes unidimensionales no va más allá de expresar las ideas fundamentales en la trama, necesarias para que la misma continúe o se extienda un poco más de lo que el autor quiere extender. Por ello es que ese tipo de recursos se utilizan también en las historias que repiten una misma fórmula, como por ejemplo los episodios de Scooby Doo where are you? (1970) En el que vemos repetirse la misma historia una y otra vez capítulo tras capítulo con una o dos variaciones argumentales, pero esencialmente la misma. Los personajes se adentran en un misterio, son atrapados por un misterio, intentan resolverlo y fracasan, pero por alguna peripecia terminan por capturar al que provoca los estragos y lo desenmascaran. Por último se cierra con briche de oro repitiendo una frase: “Lo habría conseguido de no ser por esos chicos entrometidos” misma que toma un colorido muy típico en la cultura pop de nuestros tiempos.Imagen

Ambos personajes e historia se pueden volver unidimensionales si se ocupa la misma fórmula una y otra vez. Cuando los Personajes y la historia se vuelven unidimensionales creo que estamos hablando de algo reciclado, un fusil le llaman a veces, clones, copias de copias, etc. lo que termina por hastiar y aburrir inclusive a las audiencias más perseverantes.

Piensen ustedes ¿Cuánta veces han visto retratarse la historia de la Cenicienta una y otra vez a través de las telenovelas o “culebrones”? ¿Cuántas veces la protagonista, pobre y desgraciada, ambiciona tener una vida mejor y termina siendo frustrada por los malvados? ¿Y cuántas veces esos malvados son vencidos por un repentino giro que hace triunfar al bien y al amor verdadero?

Obviamente este tipo de historia y personajes tienen su utilidad en algunas ocasiones. Tampoco estoy diciendo que habrían de evitarlos a como de lugar. Si lo que se quiere es expresar una idea fuerte y claro no hay como la unidimensionalidad para hacerlo ver. Pero nunca está de más que el narrador pueda hacernos saber que la psicología de las personas no se rige en un mundo unidimensional.

Por ejemplo, justo en el momento en el que yo describía un personaje para mi cuento, pensaba en lo difícil que es lograr esto sin recurrir a paráfrasis cansadas, pretensiosas y en mucha ocasiones molestas. A veces es mejor dejar en claro que los actos de un personaje no tienen otro trasfondo que hacer infeliz a otro, sin que eso tanga que ser justificado o puesto bajo sospecha.

Pero tampoco es una apología de la unidimensionalidad. La vida real se mueve en diferentes niveles. Uno piensa una cosa y unos momentos después, ya se está pensando en retractarse. No toda historia sigue una línea recta de su inicio al nudo y desenlace. Muchas veces será necesario volver al inicio para reflexionar y criticar lo que se ha recorrido.

Y hablando de ello, creo que ya es momento de volver a mi chamba. Basta ya de reflexión por hoy. Un saludo.

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